SE BUS­CA REY

La Vanguardia - ES - - EN JUEGO -

No sé si lo sa­ben, el rey ha de­ci­di­do ab­di­car y de­di­car­se a ta­reas más pro­pias de un ju­bi­la­do. Y pa­ra ele­gir su­ce­sor ha bus­ca­do una fór­mu­la muy ori­gi­nal: el pue­blo pro­po­ne can­di­da­tos, se vo­tan, pe­ro só­lo se­rá co­ro­na­do quien ha­ya si­do ele­gi­do por una­ni­mi­dad, así que si una per­so­na no lo quie­re ha­rá que sea eli­mi­na­do cruel­men­te. No, es­té tran­qui­lo. No es que se ha­ya co­la­do un tex­to de la sec­ción de Po­lí­ti­ca, ni hoy es el día de los Inocen­tes, sim­ple­men­te que es­te es el te­ma de ¡Vi­va el Rey!, un jue­go fa­mi­liar pa­ra 3-6 ju­ga­do­res crea­do por Step­hano Lu­per­to en 1998 y que Ed­ge (Ed­geent.com) pu­bli­có en nues­tro país en el 2010. Hay tre­ce fi­chas re­don­das con per­so­na­jes, los can­di­da­tos, y ca­da ju­ga­dor tie­ne una lista se­cre­ta con sus pre­fe­ri­dos. Tam­bién hay cartas de vo­to con un sí o con un no (3 ju­ga­do­res tie­nen 4 cartas ne­ga­ti­vas, 4 ju­ga­do­res tie­nen 3, y 5 o 6 só­lo tie­nen 2). Y, por úl­ti­mo, hay un ta­ble­ro con las sie­te plan­tas del castillo real. La su­pe­rior es la del trono, la si­guien­te es la de los no­bles y lue­go vie­nen las plan­tas de los dig­na­ta­rios, los ofi­cia­les, los co­mer­cian­tes, los ar­te­sa­nos y, por úl­ti­mo, los sir­vien­tes. El ta­ble­ro se co­lo­ca en el cen­tro de la me­sa. Por tur­nos los ju­ga­do­res co­lo­can una de las fi­chas de per­so­na­je en un pi­so. Los can­di­da­tos só­lo se pue­den po­ner has­ta la cuar­ta plan­ta, de for­ma que en ca­da una ha­ya co­mo má­xi­mo cua­tro. Una vez el ta­ble­ro es­tá lleno los ju­ga­do­res mue­ven uno de los can­di­da­tos ha­cia un pi­so su­pe­rior. Cuan­do uno lle­ga a la sa­la del trono, se pro­ce­de a la vo­ta­ción. Ca­da ju­ga­dor mi­ra sus cartas de vo­to y eli­ge una en se­cre­to. To­dos mues­tran sus cartas a la vez y con tal de que ha­ya un só­lo vo­to ne­ga­ti­vo, el can­di­da­to que­da eli­mi­na­do y se ol­vi­da pa­ra siem­pre (bueno, has­ta la si­guien­te par­ti­da) de ser rey . Pe­ro hay que sa­ber ad­mi­nis­trar los vo­tos ya que las cartas ne­ga­ti­vas só­lo pue­den ti­rar­se una vez. Quien la ha­ya usa­do la per­de­rá y en las si­guien­tes vo­ta­cio­nes ten­drá me­nos nai­pes en la mano. Las cartas po­si­ti­vas, en cam­bio, re­tor­nan siem­pre a las ma­nos de los ju­ga­do­res. Si el vo­to po­si­ti­vo es uná­ni­me, el can­di­da­to se­rá co­ro­na­do rey, y to­dos los ju­ga­do­res mi­ran su lista de pre­fe­ren­cias. Quien lo ten­ga en la lista ga­na 10 pun­tos, y tam­bién se co­bra por los otros can­di­da­tos en fun­ción de la plan­ta que ocu­pan en ese mo­men­to (por ejem­plo, ca­da can­di­da­to que es­té en la plan­ta de los no­bles re­ci­bi­rá 10 pun­tos y los que se ha­llen en la de los ar­te­sa­nos só­lo re­ci­bi­rán 1) .

EN ¡VI­VA EL REY! SE PRO­PO­NEN CAN­DI­DA­TOS A LA CO­RO­NA PE­RO SÓ­LO LA OB­TIE­NE QUIEN ES ELE­GI­DO POR UNA­NI­MI­DAD

Se jue­gan tres ron­das. Al ini­cio de ca­da una se re­par­te una nue­va lista de pre­fe­ren­cias y todo el mun­do vuel­ve a te­ner el mis­mo nú­me­ro de cartas de vo­to. Des­pués de la ter­ce­ra ron­da, ga­na quien ten­ga más pun­tos. Es un pa­sa­tiem­po fá­cil de ex­pli­car y de ju­gar, y la suer­te y la es­tra­te­gia tie­nen un pa­pel li­mi­ta­do. Por eso es ideal pa­ra ha­cer par­ti­das mez­clan­do los pe­que­ños de la casa con los gran­des sin que su­pon­ga una des­ven­ta­ja pa­ra na­die. Y con un gru­po nu­me­ro­so se pue­de ju­gar con pe­que­ños equi­pos que de­ci­den to­dos co­mo una per­so­na. Las ri­sas y los co­men­ta­rios bur­lo­nes es­tán ase­gu­ra­dos. Y si quie­ren en­tre­nar­se o soy po­co so­cia­bles pue­den ju­gar a bus­car rey con­tra una má­qui­na (un te­lé­fono in­te­li­gen­te o una ta­ble­ta tác­til) o con­tra otros ju­ga­do­res a dis­tan­cia (a tra­vés de la pla­ta­for­ma You­play.it). El jue­go fun­cio­na pe­ro pier­de in­ten­si­dad. Qui­zá es que en es­to de ele­gir rey mi­rar­se a la ca­ra es muy im­por­tan­te.

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