QUE­RER A DOS MU­JE­RES A LA VEZ

La Vanguardia - ES - - SÍ PUEDES - RA­MI­RO CA­LLE es@lavan­guar­dia.es

PRE­GUN­TA

Me lla­mo Carlos. Es­toy fe­liz­men­te ca­sa­do, pe­ro ha­ce dos años co­no­cí a otra mu­jer e ini­cia­mos una re­la­ción que se­gui­mos man­te­nien­do. Quie­ro a mi esposa, y quie­ro a la otra mu­jer, y las dos me quie­ren a mí. Las ne­ce­si­to a las dos. Am­bas me pro­por­cio­nan el equi­li­brio per­so­nal y la es­ta­bi­li­dad emo­cio­nal que ne­ce­si­to y vi­ce­ver­sa. Soy cons­cien­te de que lo que ha­go a mi esposa es­tá mal, muy mal, pe­ro es que no pue­do sus­traer­me a los en­can­tos de la otra mu­jer, que tie­ne 33 años y a la que do­blo la edad. ¿Có­mo re­sol­ve­ría us­ted es­ta ecua­ción?

RES­PUES­TA

Es­ti­ma­do Carlos, ca­da re­la­ción es úni­ca y pue­de ad­qui­rir ma­ti­ces muy di­ver­sos. De­bo de­cir­te an­te todo que no soy yo el que de­be re­sol­ver esa ecua­ción, sino tú. Ca­da uno es res­pon­sa­ble de sus ac­tos y de sus con­se­cuen­cias. Si me lees, sa­brás que nun­ca pon­ti­fi­co. Sugiero, re­fle­xiono con el lec­tor, sir­vo un po­co de es­pe­jo y ha­ce­mos el tra­ba­jo de en­ten­di­mien­to jun­tos. Su­pon­go que la atrac­ción que ex­pe­ri­men­tas por esa mu­jer no es la mis­ma que por tu esposa. Es muy co­mún que tras una lar­ga re­la­ción de con­vi­ven­cia la pa­sión se ex­tin­ga y la atrac­ción se­xual de­cai­ga. Y ahí sue­le co­men­zar el pro­ble­ma. Aun­que los hi­pó­cri­tas en es­ta so­cie­dad, que son le­gión, se lle­ven las ma­nos a la ca­be­za, lo cier­to es que to­da per­so­na pue­de es­tar ten­ta­da y que la in­fi­de­li- dad es­tá a flor de piel. Hay per­so­nas que ce­den a la ten­ta­ción y otras no. Ya di­jo un es­cri­tor fran­cés que “el sue­ño de todo hom­bre se­ría vi­vir en paz con dos mu­je­res”. O la mu­jer con dos hom­bres. Pue­de en una re­la­ción ha­ber un amor ex­tra­or­di­na­rio y, em­pe­ro, ha­ber­se des­gas­ta­do la ca­ri­cia y la se­xua­li­dad. El pro­ble­ma es de pe­so. Si las dos per­so­nas lo asu­men y el amor ge­nuino pre­do­mi­na y les com­pen­sa, si­gue man­te­nién­do­se fe­liz­men­te la re­la­ción, aun­que ya no ha­ya la mis­ma in­ten­si­dad ni sa­tis­fac­ción se­xual; pe­ro cuan­do no es así, co­mien­za la di­vi­sión in­te­rior al apa­re­cer una ter­ce­ra per­so­na. Es cier­to que se pue­de ser muy bue­na per­so­na e infiel sen­ti­men­tal­men­te, o ser muy fiel sen­ti­men­tal­men­te y no ser bue­na per­so­na. Tú di­ces es­tar en equi­li­brio, pe­ro no ter­mino de creer­lo o no se te plan­tea­ría la cues­tión. Lo que su­ce­de es que re­ci­bes por una par­te lo que ne­ce­si­tas y por otra par­te tam­bién lo que ne­ce­si­tas. La cues­tión es: ¿lo re­ci­ben ellas? De las tres per­so­nas hay dos que es­tán cons­cien­tes de lo que su­ce­de, y ob­via­men­te una, tu esposa, no. ¿Has­ta cuán­do una si­tua­ción así es sos­te­ni­ble si las tres per­so­nas no es­tán al co­rrien­te y lo asu­men? Na­die te pue­de acon­se­jar. Si ade­más se en­te­ra tu esposa, pue­de co­men­zar un in­fierno pa­ra ella, sal­vo que op­tes por una u otra. A ve­ces op­tar es muy di­fí­cil, cla­ro que sí. Una mu­jer te es­tá dan­do al­go im­por­tan­te y otra, en otra di­men­sión, al­go im­por­tan­te. ¿Qué ha­cer? Tie­nes que re­fle­xio­nar.

ES CIER­TO QUE SE PUE­DE SER BUE­NA PER­SO­NA E INFIEL A LA PA­RE­JA O SER MUY FIEL A LA PA­RE­JA Y SER MA­LA PER­SO­NA

Ima­gi­ne­mos que nos hi­cie­ran op­tar en­tre un her­mano u otro. Se­ria muy in­jus­to, pe­ro el pa­ra­dig­ma de pa­re­ja exi­ge eso por lo ge­ne­ral, aun­que cam­bia con las cul­tu­ras y paí­ses. Exis­te la po­si­bi­li­dad de que lo ha­bles con tu mu­jer (igual ella pre­fe­ri­ría no sa­ber­lo), o la po­si­bi­li­dad de que to­mes par­ti­do por una, o la po­si­bi­li­dad de que tu mu­jer pue­da sa­tis­fa­cer sus an­he­los ro­mán­ti­cos y de pa­sión co­mo lo ha­ces tú. Es un te­ma que he abor­da­do en mis obras so­bre la pa­re­ja y el amor. A ve­ces no só­lo hay que sa­ber asir, sino tam­bién sol­tar. Y mu­chas ve­ces sol­tar es un signo de ge­ne­ro­si­dad y com­pa­sión.

Pablo Amargo

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