CÓ­MO CUL­TI­VAR ÁLOE EN CA­SA Y CÓ­MO SA­CAR­LE REN­DI­MIEN­TO

La Vanguardia - ES - - EN FORMA -

Ma­ría Jo­sé Alon­so Oso­ri, vo­cal de plan­tas me­di­ci­na­les Col·le­gi de Far­ma­cèu­tics de Bar­ce­lo­na, re­cuer­da que el uso del áloe es tan an­ti­guo que ya se ci­ta en la Bi­blia, tan­to en el An­ti­guo co­mo en el Nue­vo Tes­ta­men­to, y cons­ta en el Evangelio fue uti­li­za­do en los ri­tos de em­bal­sa­ma­mien­to de Je­sús: “Y vino tam­bién Ni­co­de­mo, el que an­tes ha­bía vi­si­ta­do a Je­sús de no­che, tra­yen­do un com­pues­to de mi­rra y de áloes, co­mo cien li­bras. To­ma­ron, pues, el cuer­po de Je­sús y lo en­vol­vie­ron en lien­zos con es­pe­cias, co­mo es cos­tum­bre se­pul­tar en­tre los ju­díos” (San Juan 19, 3940). En­ton­ces te­ner áloe en ca­sa era ha­bi­tual. ¿Có­mo? Los áloes vi­ven bien en un cli­ma tem­pla­do o cá­li­do. ¿La tem­pe­ra­tu­ra ideal? En­tre los 20 y los 25 gra­dos y so­bre to­do le­jos de los cam­bios brus­cos de tem­pe­ra­tu­ra. Pa­ra quie­nes quie­ran cul­ti­var­lo en ca­sa y vi­van en zo­nas don­de sí se pro­du­cen esos cam­bios es una bue­na idea te­ner­los en un in­te­rior con mu­cha luz. Pues­to que se tra­ta de una plan­ta gra­sa, el áloe pue­de so­bre­vi­vir a lar­gos pe­rio­dos sin re­ci­bir rie­go pe­ro sin de­jar de ase­gu­rar­se que las ho­jas son grue­sas y es­tán lle­nas de gel. Cuan­do la plan­ta es ma­du­ra (en­tre los dos y los cin­co años) se re­pro­du­ce. Los hi­jos que­dan muy cer­ca­nos a su ta­llo. Se acon­se­ja dar­les ties­to pro­pio.

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