Tra­ba­jar cuan­do el cuer­po pi­de ca­ma

La Vanguardia - ES - - ES FUTURO -

Un 22% de los tra­ba­ja­do­res es­pa­ño­les tra­ba­ja a tur­nos y un 8,9% tie­ne un ho­ra­rio noc­turno, ya sea un turno fi­jo de no­che o al­ter­nan­do ma­ña­na, tar­de y no­che. Al­ter­nar jor­na­das de ma­ña­na y de tar­de di­fi­cul­ta con­ci­liar vi­da per­so­nal y laboral y al­te­ra los ho­ra­rios de las co­mi­das y del des­can­so. Y quie­nes tra­ba­jan de no­che de­ben rea­li­zar un es­fuer­zo fí­si­co o in­te­lec­tual a unas ho­ras en las que el cuer­po ne­ce­si­ta­ría es­tar des­can­san­do. Lo más ade­cua­do pa­ra res­pe­tar nues­tros rit­mos bio­ló­gi­cos es tra­ba­jar de día

y dor­mir de no­che. Tra­ba­jar de no­che di­fi­cul­ta con­ci­liar el sue­ño al lle­gar a casa, por lo que se es­tá me­nos des­can­sa­do du­ran­te la jor­na­da laboral. En un turno de no­che, el ren­di­mien­to es me­nor, ya que es más di­fí­cil con­cen­trar­se. Y se ha com­pro­ba­do que el ren- di­mien­to cae en pi­ca­do en­tre las tres y las seis de la ma­ña­na, la fran­ja en la que más cues­ta man­te­ner­se des­pier­to. Ade­más, el tra­ba­jo noc­turno es más es­tre­san­te, por­que a la ten­sión pro­pia del tra­ba­jo se su­ma la de for­zar los rit­mos bio­ló­gi­cos na­tu­ra­les.

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