Lin­coln y las ca­ras que ha­blan

La Vanguardia - ES - - ED - Álex Ro­drí­guez Di­rec­tor Es-

Ha­ce unos 2.500 años ya ha­bía en Chi­na pro­fe­sio­na­les es­pe­cia­li­za­dos en la lec­tu­ra del ros­tro. Pi­tá­go­ras, por su par­te, ini­cia­ba en la Gre­cia clá­si­ca el es­tu­dio de la fi­siog­no­mía. Se cree, in­clu­so, que ele­gía a sus dis­cí­pu­los ba­sán­do­se en sus ras­gos fa­cia­les, ha­cien­do un exa­men del ros­tro y del cuer­po en ge­ne­ral. La ca­ra, ade­más de ser el es­pe­jo del al­ma, es co­mo un cu­rri­cu­lum vi­tae pa­ra Ro­se Ro­se­tree, au­to­ra del li­bro Leer el ros­tro (Si­rio). Ro­se­tree cuen­ta que el pre­si­den­te es­ta­dou­ni­den­se Abraham Lin­coln una vez tu­vo que nom­brar a una per­so­na pa­ra su ga­bi­ne­te y la re­cha­zó con el si­guien­te ar­gu­men­to: “No me gus­ta su ca­ra”. Su con­se­je­ro de con­fian­za ob­je­tó, atur­di­do, que el po­bre hom­bre no era res­pon­sa­ble de su ca­ra, con lo que Lin­coln dis­cre­pó. Nin­guno de los ex­per­tos con­sul­ta­dos por Jon Fer­nán­dez pa­ra ela­bo­rar el reportaje de aper­tu­ra de es­te ejem­plar de ES dis­cre­pa: el ros­tro ha­bla, y di­ce mu­cho de quien lo pa­sea. La bo­ca, los ojos, la fren­te y la na­riz pue­den de­la­tar a cual­quie­ra, y sin de­cir ni pío. Hay vein­te múscu­los que con­tro­lan las ex­pre­sio­nes fa­cia­les y trai­cio­nan a su in­qui­lino. Pa­sen y lean por­que igual Lin­coln acer­tó. Ve­rán que, años des­pués, el FBI cuen­ta sus pro­pias historias de ca­ras que de­la­tan.

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