APUES­TAS AL SON DE LOS DA­DOS

La Vanguardia - ES - - EN JUEGO - Ilus­tra­ción Lui­sa Ve­ra

Mi­quel Ri­bes, un ciu­da­dano de Gra­no­llers, vi­si­tó Bar­ce­lo­na en 1616 y des­cri­bió las fies­tas que se ce­le­bra­ban. “Jue­gan a po­lla, pe­lo­ta, ar­go­lla y pa­sa diez”, ex­pli­ca­ba Ri­bes so­bre los pasatiempos más co­mu­nes. Po­lla se re­fie­re a los que se par­ti­ci­pa con apues­tas (de he­cho, en mu­chos paí­ses la­ti­noa­me­ri­ca­nos lla­man po­lla a las apues­tas de­por­ti­vas); pe­lo­ta ha­ce re­fe­ren­cia a los que se gol­pea la pe­lo­ta con la mano; la ar­go­lla con­sis­tía en ha­cer pa­sar una bo­la de ma­de­ra por unas ar­go­llas cla­va­das en el sue­lo; pa­sa diez es un jue­go de da­dos que les con­ta­ré hoy y del que ve­rán que –aun te­nien­do lar­ga his­to­ria y ha­bien­do caí­do en desuso– lo po­drán in­cor­po­rar a su re­per­to­rio. El pa­sa diez se ha prac­ti­ca­do du­ran­te si­glos en di­fe­ren­tes lu­ga­res de Eu­ro­pa. The gam­bling ga­me, un tra­ta­do de dos vo­lú­me­nes es­cri­to en In­gla­te­rra du­ran­te la se­gun­da mi­tad del si­glo XIX, con­si­de­ra el pa­sa diez co­mo uno de los jue­gos de apues­tas más an­ti­guos, tan­to que la tra­di­ción di­ce que se ju­gó a los pies de la cruz du­ran­te la cru­ci­fi­xión de Je­sus­cris­to. Lo que es se­gu­ro es que apa­re­ce en la lis­ta de di­ver­ti­men­tos prac­ti­ca­dos por Gar­gan­túa en el si­glo XVI y que sue­le ser un ha­bi­tual en los tra­ta­dos de los si­glos XVIII y XIX. Co­mo pue­de ima­gi­nar, con tan­ta his­to­ria tie­ne mu­chas va­rian­tes. Le ex­pli­ca­ré tres. Al pa­sa diez se jue­ga con tres da­dos. Hay un ban­que­ro y un nú­me­ro indeterminado de par­ti­ci­pan­tes que tie­nen que apos­tar. El ban­que­ro ti­ra los tres da­dos y ga­na si la su­ma de los da­dos es su­pe­rior a diez o pier­de si la su­ma es in­fe­rior a es­te nú­me­ro. La se­gun­da va­rian­te tie­ne más gra­cia ya que se pro­du­cen tres si­tua­cio­nes. Si hay un nú­me­ro re­pe­ti­do, do­bles, ga­na la ban­ca si la su­ma es su­pe­rior a diez y pier­de si es in­fe­rior. Si no hay nin­gún do­ble, la ti­ra­da se de­cla­ra nu­la y la ban­ca pa­sa al si­guien­te ju­ga­dor. Pe­ro hay una ter­ce­ra op­ción aún más in­tere­san­te. Un ju­ga­dor ti­ra un da­do. A par­tir del re­sul­ta­do se for­man dos gru­pos: los que creen que la su­ma de los tres da­dos se­rá diez o un nú­me­ro in­fe­rior y los que creen que la su­ma se­rá on­ce o su­pe­rior. Ca­da par­ti­ci­pan­te bus­ca un ad­ver­sa­rio del otro ban­do y pac­tan la apues­ta co­rres­pon­dien­te. Si no hay dos gru­pos por­que el nú­me­ro que ha sa­li­do es muy al­to o muy bajo, se vuel­ve a em­pe­zar. Si hay al­gún ju­ga­dor que no tie­ne ad­ver­sa­rio, la par­ti­da con­ti­núa y és­te es­pe­ra a que se re­suel­va la ti­ra­da. Lue­go, se ti­ra el se­gun­do da­do. Los par­ti­ci­pan­tes mi­ran el re­sul­ta­do y suben o ba­jan la apues­ta. La par­ti­da tam­bién pue­de que­dar re­suel­ta por­que la su­ma ya da dos y tres, por lo que el re­sul­ta­do fi­nal se­rá in­fe­rior a diez, o diez, on­ce y do­ce, ya su­pe­rior a diez. Cuan­do se ti­ra el ter­cer da­do, se pa­gan o se co­bran las apues­tas. El pa­sa diez es uno de los pasatiempos que se pue­den pro­bar en el Tri­quet del Born, un en­cuen­tro men­sual pa­ra adul­tos en el Born Centro Cul­tu­ral de Bar­ce­lo­na don­de se apren­den va­rios jue­gos de me­sa y sus anéc­do­tas. De es­ta ma­ne­ra, los cu­rio­sos des­cu­bren nue­vas va­rian­tes de es­tos jue­gos tra­di­cio­na­les. Co­mo ven, el pa­sa diez es un buen re­pre­sen­tan­te.

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