CA­DA EDAD, UNA FA­SE

La Vanguardia - ES - - EN FAMILIA -

Un 75% de ni­ños en edad prees­co­lar tie­ne amis­ta­des. En la ado­les­cen­cia, en­tre un 80% y un 90% afir­ma te­ner ami­gos, de los que uno o dos son los me­jo­res ami­gos y los de­más buenos ami­gos. Ani­ta Gu­rian ex­pli­ca que ni­ños y ado­les­cen­tes pien­san en la amis­tad en tér­mi­nos de re­ci­pro­ci­dad, lo que uno ha­ce por el otro, pe­ro las re­la­cio­nes de amis­tad cam­bian con la edad. El ni­ño pe­que­ño ayu­da­rá a un com­pa­ñe­ro a re­cons­truir una to­rre de blo­ques. El ni­ño en edad es­co­lar ayu­da­rá al ami­go a ha­cer los de­be­res. Y el ado­les­cen­te da­rá con­se­jo a un ami­go so­bre un te­ma que és­te no quie­re ha­blar con

los pa­dres. La re­ci­pro­ci­dad se man­tie­nen cons­tan­tes, pe­ro el con­cep­to de amis­tad y del com­por­ta­mien­to aso­cia­do a es­ta cam­bia a me­di­da que el ni­ño cre­ce.

En la edad prees­co­lar,

co­mien­zan a es­ta­ble­cer con­tac­to con los com­pa­ñe­ros, a desa­rro­llar los fun­da­men­tos de com­por­ta­mien­to del jue­go y a ha­cer vi­si­bles las pre­fe­ren­cias por cier­tos com­pa­ñe­ros. Iden­ti­fi­can ni­ños es­pe­cí­fi­cos co­mo ami­gos e in­ter­ac­túan de ma­ne­ra di­fe­ren­te con ellos.

En la eta­pa es­co­lar, eli­gen ami­gos que pre­sen­tan al­gu­na si­mi­li­tud con ellos y con los que com­par­ten in­tere­ses. Em­pie­zan a for­mar­se los gru­pos, que re­fle­jan mu­chos de los pro­ble­mas que exis­ten en to­da re­la­ción so­cial: in­clu­sión, ex­clu­sión, con­for­mi­dad, in­de­pen­den­cia, mie­do o re­cha­zo. Tam­bién re­fle­jan di­fe­ren­cias se­gún el se­xo.Las chi­cas sue­len ma­ni­fes­tar re­la­cio­nes más ín­ti­mas y de apo­yo con las ami­gas. Los chi­cos tien­den a for­mar gran­des gru­pos de ami­gos, cen­tra­dos so­bre to­do en el de­por­te. Los gru­pos de ni­ñas sue­len ser más pe­que­ños y ex­clu­si­vos que los de ni­ños du­ran­te la in­fan­cia, pe­ro en la ado­les­cen­cia la si­tua­ción se re­vier­te.

La for­ma­ción de gru­pos es un fe­nó­meno na­tu­ral

Per­te­ne­cer a un gru­po pro­por­cio­na un sen­ti­mien­to de per­te­nen­cia. En­tre los 10 y los 12 años se em­pie­zan a for­mar los gru­pos, y a me­di­da que los ni­ños cre­cen, se apo­yan más en los ami­gos, y los to­man co­mo guía a se­guir, en de­tri­men­to de los pa­dres. Los gru­pos se pue­den for­mar en ba­se a la apa­rien­cia, a las ha- bi­li­da­des atlé­ti­cas, a los re­sul­ta­dos aca­dé­mi­cos, al es­ta­tus eco­nó­mi­co o so­cial, al ta­len­to, a la ha­bi­li­dad pa­ra atraer al se­xo opues­to, y un lar­go et­cé­te­ra. Pa­ra al­gu­nos ni­ños, no per­te­ne­cer a nin­gún gru­po es un mo­ti­vo de preo­cu­pa­ción. Al­gu­nos de ellos pue­den su­frir sen­ti­mien­tos de re­cha­zo si no son in­clui­dos e, in­clu­so, pue­den ser mo­ti­vo de bur­las. Su au­to­es­ti­ma dis­mi­nu­ye.

En la preado­les­cen­cia, el com­pa­ñe­ris­mo, la ayu­da, el cui­da­do de los ami­gos y la con­fian­za son de­ter­mi­nan­tes.

Y en la ado­les­cen­cia, las amis­ta­des se vuel­ven, ade­más, sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te más ín­ti­mas. Los ado­les­cen­tes re­co­no­cen y va­lo­ran la com­ple­ji­dad de las re­la­cio­nes hu­ma­nas: con­si­de­ran la amis­tad un fuer­te víncu­lo per­du­ra­ble en el tiem­po.

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