La im­por­tan­cia del desafío

La Vanguardia - ES - - BOULEVARD -

Cuen­tan que en épo­ca le­ja­na, Dios so­lía pa­sear por la Tie­rra. Un buen día, un cam­pe­sino fue a vi­si­tar­le y le di­jo: -Tal vez tú ha­yas crea­do el mun­do, pe­ro ten­go que de­cir­te una co­sa: no co­no­ces na­da so­bre agri­cul­tu­ra. -Y ¿qué acon­se­jas?, di­jo Dios. -Da­me un año y el po­der de to­mar to­das las de­ci­sio­nes y te ase­gu­ro que la po­bre­za dejará de exis­tir. Dios acep­tó. El cam­pe­sino pi­dió lo me­jor. Ni tor­men­tas, ni vien­tos fuer­tes, ni en­fer­me­da­des que afec­ta­ran al grano. El cam­pe­sino se sen­tía fe­liz. El tri­go, aquel año, cre­ció muy al­to. Cuan­do que­ría sol, ha­bía sol, cuan­do ne­ce­si­ta­ba llu­via, caía sin cesar. Al aca­bar el pe­río­do de tiem­po acor­da­do, el cam­pe­sino fue a ver a Dios y se pa­vo­neó. -Mira el grano. ¡Te­ne­mos tan­ta can­ti­dad que nos du­ra­rá más de diez años! Sin em­bar­go, en el mo­men­to de la co­se­cha, el cam­pe­sino ob­ser­vó que los gra­nos… es­ta­ban va­cíos: -¿Qué ha pa­sa­do?¿Qué error he co­me­ti­do? -Co­mo no hu­bo desafío, ni con­flic­to, ni fric­ción, co­mo evi­tas­te to­do lo ma­lo, el tri­go se vol­vió es­té­ril. Un po­co de lu­cha re­sul­ta im­pres­cin­di­ble pa­ra crear al­go bueno. Las tor­men­tas, los true­nos y los re­lám­pa­gos son su­ce­sos ne­ce­sa­rios por­que sa­cu­den el al­ma den­tro del tri­go y lo ha­cen cre­cer fér­til y fuer­te.

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