LIE­BRES SIN TOR­TU­GAS

La Vanguardia - ES - - EN CASA - ORIOL RIPOLL es@la­van­guar­dia.es

Ha­ce unos días fui a Thurs­day Night Fe­ver, una de las se­sio­nes de jue­gos de me­sa que se ce­le­bran en la tien­da Ju­ga­rXJu­gar de Bar­ce­lo­na y pro­pu­sie­ron ju­gar a La lie­bre y la tor­tu­ga, pa­sa­tiem­po de Da­vid Par­lett que ga­nó el pre­mio Spiel des Jah­res en 1979 y que aca­ba de re­edi­tar De­vir. Yo te­nía una edi­ción an­ti­gua (ha­ce unos 20 años com­prá­ba­mos los jue­gos en Ale­ma­nia por ca­tá­lo­go), y en su mo­men­to no me pa­re­ció gran co­sa. El jue­go mues­tra una ca­rre­ra de lie­bres que de­ben lle­gar a la me­ta y la ver­dad es que ex­pli­ca­do así, pa­re­ce una ver­sión de la oca. Pe­ro el jue­go tie­ne una pe­que­ña di­fe­ren­cia: no hay da­dos, sino que el mo­vi­mien­to lo de­ci­de di­rec­ta­men­te el ju­ga­dor, y es­to trans­for­ma ra­di­cal­men­te la me­cá­ni­ca pues­to que le da una pro­fun­di­dad es­tra­té­gi­ca muy in­tere­san­te. Y no es de ex­tra­ñar, Da­vid Par­lett es un es­pe­cia­lis­ta en jue­gos en ma­yús­cu­la, de los que

LO ME­JOR QUE SE PUE­DE DE­CIR DE LA LIE­BRE Y LA TOR­TU­GA ES QUE, TRAS 40 AÑOS, SI­GUE EN PLE­NA FOR­MA

sa­ben mu­cho por­que los han prac­ti­ca­do y ana­li­za­do. Ade­más ha es­cri­to li­bros que son obras de re­fe­ren­cia pa­ra cual­quier es­tu­dio­so y, so­bre to­do , ha de­di­ca­do ho­ras a bus­car la com­ple­ji­dad es­tra­té­gi­ca en el me­ca­nis­mo y no en car­tas de even­to o re­glas com­pli­ca­das. Si quie­ren sa­ber más so­bre el jue­go, o el au­tor, pue­den con­sul­tar su web (Da­vid­par­lett. co.uk) y en­con­tra­rán in­for­ma­ción so­bre có­mo se creó, las di­fe­ren­tes edi­cio­nes pu­bli­ca­das y las va­rian­tes de ca­da una. La lie­bre y la tor­tu­ga es un jue­go pa­ra 2-6 ju­ga­do­res. Ca­da uno lle­va una lie­bre (la tor­tu­ga só­lo es una re­fe­ren­cia a la fá­bu­la de Eso­po) y de­be ha­cer­la lle­gar al fi­nal an­tes que el res­to. Pa­ra mo­ver­la hay que dar­le za­naho­rias: con 1 za­naho­ria avan­za 1 ca­si­lla, con 3 se mue­ve 2, con 6 se mue­ve 3. Si es­tán in­tere­sa­dos en sa­ber la ló­gi­ca del mo­vi­mien­to, el au­tor in­for­ma en su pá­gi­na web que el nú­me­ro de za­naho­rias pa­ra ha­cer avan­zar la lie­bre res­pon­de a una fór­mu­la ma­te­má­ti­ca que di­ce que pa­ra mo­ver n ca­si­llas hay que usar n (n +1) / 2 za­naho­rias. Hay ca­si­llas dis­tin­tas. Unas tie­nen un nú­me­ro en su in­te­rior y, de­pen­dien­do de los ava­ta­res del jue­go se pue­den co­brar mu­chas za­naho­rias extra. Tam­bién hay una ca­si­lla con una le­chu­ga. El ju­ga­dor co­mien­za con 3 le­chu­gas. Pe­ro de­be des­ha­cer­se de ellas an­tes de en­trar en la me­ta. Pa­ra des­ha­cer­se de ellas tie­ne que ir a la ca­si­lla de le­chu­ga, per­der un turno pa­ra de­jar una. Las ca­si­llas con una za­naho­ria en su in­te­rior per­mi­ten avan­zar sin ha­cer na­da o re­ci­bir o de­jar 10 za­naho­rias. Es­tas ca­si­llas tie­nen un pa­pel muy im­por­tan­te en la ges­tión del mo­vi­mien­to de los ju­ga­do­res. El azar vie­ne da­do por una ca­si­lla de lie­bre, don­de el ju­ga­dor tie­ne que gi­rar una car­ta y re­ci­bi­rá o per­de­rá za­naho­rias. Y por úl­ti­mo, la me­jor ca­si­lla, la del eri­zo. Allí se re­ci­ben 10 ve­ces el nú­me­ro de ca­si­llas que ha cos­ta­do lle­gar. Pe­ro só­lo hay un pro­ble­ma: pa­ra lle­gar hay que re­tro­ce­der, no se pue­de en­trar avan­zan­do. La úl­ti­ma nor­ma es la que aca­ba de ce­rrar la es­tra­te­gia del jue­go. El pri­mer ju­ga­dor que lle­gue a la me­ta no pue­de te­ner más de 10 za­naho­rias, el se­gun­do más de 20, y así su­ce­si­va­men­te. Si tie­nen opor­tu­ni­dad prué­ben­lo. Ve­rán que pe­se a que tie­ne más de 40 años, es un jue­go que si­gue fun­cio­nan­do per­fec­ta­men­te.

Ilus­tra­ción Lui­sa Ve­ra

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