SON BÁ­SI­COS UNA BUE­NA DIE­TA Y LA LIM­PIE­ZA Y EL CUI­DA­DO DE LA PIEL

La Vanguardia - ES - - EN FORMA -

Al­gu­nos tru­cos ca­se­ros

Hay tam­bién al­gu­nos re­me­dios ca­se­ros des­ti­na­dos a po­ten­ciar y man­te­ner el bron­cea­do del ve­rano tras las va­ca­cio­nes. Uno de los más re­cu­rri­dos para no per­der el tono en la cara es lim­piar­la con una in­fu­sión de té. La idea es pre­pa­rar una in­fu­sión muy fuer­te y ha­cer el tí­pi­co ri­tual de la lim­pie­za ma­tu­ti­na con ella. Eso sí, lue­go hay que hi­dra­tar bien la zo­na por­que se tra­ta de un pre­pa­ra­do que re­se­ca mu­cho la piel. Otro de los tru­cos ex­tra­ños pe­ro usa­dos ha­bi­tual­men­te es la de con­ver­tir la pul­pa que se

ob­tie­ne tras la lim­pie­za de las za­naho­rias en una es­pe­cie de cre­ma que se apli­ca­rá en las zo­nas don­de que­ra­mos po­ten­ciar o man­te­ner el co­lor. La nu­tri­cos­mé­ti­ca es otra ayu­da muy a te­ner en cuen­ta pues­to que apor­ta esas vi­ta­mi­nas y nu­trien­tes ne­ce­sa­rios para es­ta­bi­li­zar el co­lor. Asi­mis­mo, la hi­dra­ta­ción es cla­ve. Ex­tre­mar­la du­ran­te y tras el ve­rano ayu­da­rá a man­te­ner una piel lu­mi­no­sa y con un buen tono. La idea es apli­car­se cre­mas nu­tri­ti­vas a me­nu­do, in­sis­tien­do en las zo­nas más re­se­cas. Hay in­clu­so quien op­ta por

fa­bri­car es­tos pro­duc­tos en ca­sa. Uno de los sis­te­mas más po­pu­la­res con­sis­te en apro­ve­char la cre­ma ob­te­ni­da de la mez­cla de acei­te de coco con cre­ma de ca­cao. La pas­ta re­sul­tan­te, di­cen quie­nes lo usan, sir­ve para man­te­ner por más tiem­po el buen tono ad­qui­ri­do en la pla­ya. Hay has­ta quien con­si­gue ela­bo­rar una es­pe­cie de cre­ma tras ba­tir me­lón ma­du­ro. La ex­tien­den por to­do el cuer­po y, tras de­jar­la ac­tuar du­ran­te diez mi­nu­tos, la re­ti­ran con agua. A to­das esas prác­ti­cas tan ca­se­ras co­mo in­só­li­tas de las que, por supuesto, no hay es­tu­dios que con­fir­men su efi­ca­cia, se le su­man otras del to­do con­tras­ta­das co­mo la de la hi­dra­ta­ción no ya ex­ter­na sino in­ter­na. Y aquí es­tá la má­xi­ma de be­ber mu­cha agua, de for­ma con­ti­nua­da y con pe­que­ños sor­bos. ¿Más con­se­jos para se­guir en ca­sa? Los pee­lings tam­bién pue­den ser ca­se­ros. Al­gu­nos de los más uti­li­za­dos son tan fá­ci­les co­mo el de azú­car (se mez­clan sie­te cu­cha­ra­das so­pe­ras con cin­co de acei­te y la mez­cla se re­par­te por to­do el cuer­po con un sua­ve ma­sa­je para lue­go re­ti­rar­lo con la du­cha)o de li­món (se mez­clan tres cu­cha­ra­das de azú­car, con tres de acei­te y me­dio li­món). En este ca­so se re­par­te la mez­cla por to­do el cuer­po o, en el ca­so de que la piel sea sen­si­ble, só­lo por las zo­nas don­de hay man­chas de au­to­bron­cea­dor (por­que es­ta mez­cla ayu­da­rá a erra­di­car­las) o en aque­llas zo­nas más se­cas co­mo son los co­dos o las ro­di­llas. Aña­dir coco ra­lla­do a la le­che hi­dra­tan­te es otro de los tru­cos más ha­bi­tua­les que se usan para po­ten­ciar su bron­cea­do o ha­cer­se un pee­ling. Si lo que se quie­re es man­te­ner el co­lor, una de las re­ce­tas ca­se­ras más co­mu­nes con­sis­te en aña­dir tres cu­cha­ra­das de azú­car a un plá­tano ma­cha­ca­do (no tri­tu­ra­do para que no que­de de­ma­sia­do acuo­sa la mez­cla con­se­gui­da). En fin, pro­bar para creer.

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