ES­QUIAR EN CAL­MA

El co­ra­zón de uno de los do­mi­nios de es­quí más gran­des de Eu­ro­pa, Nen­daz, en Sui­za, go­za de es­pec­ta­cu­la­res pai­sa­jes con abun­dan­cia de nie­ve que no de­jan in­di­fe­ren­te a na­die

La Vanguardia - ES - - EN FORMA - Tex­to Jo­sep M. Pa­lau Ri­be­ray­gua

La his­to­ria ofi­cial di­ce que el turismo de in­vierno se in­ven­tó en Sui­za de la mano del ho­te­le­ro Johan­nes Ba­drutt. En 1864 re­gen­ta­ba un ho­tel en Saint Moritz y apos­tó con sus clien­tes ingleses que, si vol­vían en in­vierno, se lo pa­sa­rían igual o me­jor que en la tem­po­ra­da de ve­rano. La ju­ga­da le sa­lió bien y em­pe­zó lo que se co­no­ce co­mo “las dos tem­po­ra­das sui­zas”. Cla­ro que por aquel en­ton­ces, el es­quí no era una ac­ti­vi­dad de ma­sas co­mo aho­ra. Al me­nos has­ta los años vein­te, es­te de­por­te in­ver­nal se con­si­de­ra­ba un pa­sa­tiem­po eli­tis­ta. Ade­más, mu­chas ve­ces se cen­tra­ba más en la di­ver­sión de des­li­zar­se so­bre un tri­neo mon­ta­ña aba­jo, o so­bre un lago he­la­do con pa­ti­nes, que en es­quiar. Si la his­to­ria es cier­ta, Ba­drutt fue un ge­nio vi­sio­na­rio. Lo que no pre­vió es que un día los tu­ris­tas hui­rían de cier­tas es­ta­cio­nes por su pre­cio o por el ex­ce­so de gen­te. De ahí que la re­gión de Va­lais, al su­r­oes­te de Sui­za, sea uno de los des­ti­nos que va ga­nan­do adep­tos por tra­tar­se de un lu­gar me­nos ma­si­fi­ca­do. Den­tro de Va­lais, Nen­daz o Los Cua­tro Va­lles se van po­si­cio­nan­do ca­da vez más co­mo fo­co de aten­ción, tan­to por sus 400 km de pis­tas fe­liz­men­te in­sa­tu­ra­dos co­mo por sus más de 15 años de re­co­no­ci­mien­to de la Fe­de­ra­ción Sui­za de Turismo a tra­vés de la eti­que­ta Fa­mi­lles Bien­ve­nues.

El Va­lais es el ter­cer can­tón en cuan­to a di­men­sio­nes de Sui­za, que se des­pe­re­za a lo lar­go de 150 km si­guien­do el va­lle del Ró­dano pa­ra to­car con un bra­zo el gla­ciar del Fur­ka­pass y con el otro el lago Le­man. Lo ro­dean cum­bres de 4.000 me­tros en­tre las cua­les se en­cuen­tra el mí­ti­co Cer­vino o Mat­ter­horn por el sur. Tam­bién se di­vi­sa des­de aquí el Mont­blanc, ya en Fran­cia, pe­ro lo más cu­rio­so es que uno y otro, co­lo­sos, pa­re­cen cha­tos des­de nues­tra po­si­ción. Co­sas de la pers­pec­ti­va. En con­cre­to, fren­te a Nen­daz, el que im­po­ne su pre­sen­cia por en­ci­ma de los de­más es el Mont-Fort, de 3.300 me­tros. Des­pués de con­tem­plar las vis­tas des­de lo al­to, el des­cen­so es de vér­ti­go, in­cli­na­do a más no po­der, mu­cho más de lo que uno es­pe­ra cuan­do sube con los re­mon­tes. En cuan­to a la po­bla­ción en sí, Nen­daz es un mu­ni­ci­pio que en­glo­ba 15 pue­blos más o me­nos dis­per­sos y dos ve­cin­da­rios. En ve­rano su as­pec­to es un po­co nue­vo, pe­ro en in­vierno, con sus te­chos in­cli­na­dos cu­bier­tos de nie­ve, se res­pi­ra un gran en­can­to. La ven­ta­ja de las cons­truc­cio­nes re­cien­tes es la efi­cien­cia, por lo que tam­bién se ha in­clui­do a Nen­daz den­tro del pro­gra­ma de Eco-Guías de es­ta­cio­nes de mon­ta­ña. Sin em­bar­go, la gran ju­ga­da eco­nó­mi­ca es la co­mer­cia­li­za­ción con­jun­ta de dis­tin­tas ins­ta­la­cio­nes de es­quí ba­jo el nom­bre de Los Cua­tro Va­lles. Su­mar­las to­das en un úni­co ca­tá­lo­go sim­pli­fi­ca

tam­bién la lo­ca­li­za­ción de lu­ga­res y la ges­tión de abo­nos, por ejem­plo. Pe­ro lo me­jor de to­do es la in­creí­ble sen­sa­ción de si­len­cio que se dis­fru­ta en mu­chos rin­co­nes de es­te do­mi­nio: un reino he­la­do don­de uno pa­re­ce su­mer­gir­se co­mo la cu­cha­ra en el pla­to de na­ta. Y si nos hun­dié­ra­mos de verdad en la nie­ve, no hay pro­ble­ma, ya que por es­tas mon­ta­ñas ron­dan los fa­mo­sos pe­rros San Bernardo. A só­lo unos po­cos ki­ló­me­tros de Nen­daz, ha­cia el su­r­oes­te, se en­cuen­tra Mar­tigny don­de se lo­ca­li­za un mu­seo de­di­ca­do a es­te ani­mal adies­tra­do en la edad me­dia por los ca­nó­ni­gos de la or­den de San Agus­tín. Los cria­ban más allá, en el puer­to de mon­ta­ña don­de cons­tru­ye­ron el hos­pi­cio del Gran San Bernardo. Hoy só­lo se uti­li­za co­mo ca­sa de ve­ra­neo ya que es mu­cho más fres­ca que el va­lle. El mu­seo es­tá ges­tio­na­do por la Fon­da­tion Barry, nom­bre de un ejem­plar he­roi­co que sal­vó al me­nos a 40 per­so­nas.

En Va­lais emer­gen 47 pi­cos que su­pe­ran los 4.000 m en­tre el gla­ciar del Ró­dano y el lago de Gi­ne­bra El gla­ciar se si­túa en Fur­ka­pass, que cuen­ta con uno de los puer­tos de mon­ta­ña más atrac­ti­vos

La lo­ca­li­dad de Ver­bier se con­vier­te en pa­raí­so pa­ra el de­por­te de in­vierno cuan­do cae la pri­me­ra ne­va­da

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