EL PES­CA­DOR AMAR­GA­DO

La Vanguardia - ES - - EN FAMILIA -

Cuen­ta una vie­ja his­to­ria que en un pe­que­ño pue­blo ha­bía un vie­jo pes­ca­dor que vi­vía com­ple­ta­men­te so­lo en una pla­ya ale­ja­da del pue­blo. Har­to de dis­cu­sio­nes, con­flic­tos y pe­leas, lle­va­ba años sin re­la­cio­nar­se con na­die. Se ha­bía con­ver­ti­do en un hombre frío y dis­tan­te, una es­pe­cie de er­mi­ta­ño. Pa­sa­ba to­do su tiem­po le­yen­do y pes­can­do. Un buen día, sa­lió a na­ve­gar con su pe­que­ña bar­ca en al­ta mar. De pron­to, un bo­te apa­re­ció de re­pen­te, cho­can­do fron­tal­men­te con­tra su em­bar­ca­ción. El vie­jo pes­ca­dor se pe­gó tal sus­to que dio un sal­to y ca­yó di­rec­ta­men­te al agua. Mien­tras na­da­ba y se es­for­za­ba pa­ra su­bir a su pe­que­ña bar­ca, em­pe­zó a mal­de­cir al tri­pu­lan­te de aquel bo­te. “¿Pe­ro có­mo has po­di­do cho­car con­tra mí? ¡Con lo gran­de que es el mar! ¡Mal­di­to seas! ¡Ya ve­rás co­mo te co­ja! ¡No te de­jes en­ga­ñar por mi ve­jez! ¡Te aca­bas de me­ter en buen lío!”. Al sen­tar­se y re­cu­pe­rar la com­pos­tu­ra, se dio cuen­ta de que ahí no ha­bía na­die. Era un bo­te que iba a la de­ri­va. No ha­bía ca­pi­tán ni ma­ri­ne­ros con los que dis­cu­tir y pe­lear­se. Y así fue co­mo aquel vie­jo pes­ca­dor se que­dó em­pa­pa­do, ra­bio­so y sin na­die a quien cul­par. Y por pri­me­ra vez en mu­cho tiem­po, sol­tó una enor­me car­ca­ja­da. Al­go en su in­te­rior hi­zo clic. Y esa mis­ma tar­de se pro­pu­so cam­biar de rum­bo.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.