MU­JE­RES DE VERDAD

Un gru­po de mu­je­res reales –com­ple­jas, in­te­li­gen­tes, sen­si­bles, di­ver­ti­das, emo­cio­na­les, ca­ris­má­ti­cas– com­par­ten si­len­cios y con­fe­sio­nes en Mis­tres­ses, otra jo­ya de la televisión bri­tá­ni­ca, de una de­li­ca­de­za y so­brie­dad iné­di­tas, que ha su­pues­to un pun­to

La Vanguardia - Vivir TV - - EN PORTADA -

Exis­ten mu­chas se­ries pro­ta­go­ni­za­das por mu­je­res. Y lue­go, apar­te, es­tá Mis­tres­ses. Los seis epi­so­dios de la pri­me­ra tem­po­ra­da si­guen sien­do una re­fe­ren­cia cuan­do hay que ha­blar de mu­je­res en televisión. No hay re­tra­to más sin­ce­ro, ín­ti­mo y rea­lis­ta de la amis­tad fe­me­ni­na que el que ofre­cen las protagonistas de es­ta se­rie, que 8tv es­tre­na por pri­me­ra vez en abier­to en nues­tro país, es­ta no­che. Su pri­mer acier­to se en­cuen­tra en su sen­ci­lla pre­mi­sa: Mis­tres­ses tra­ta so­bre la amis­tad en­tre un gru­po de mu­je­res que se en­cuen­tra de vez en cuan­do pa­ra to­mar un ca­fé. Un ca­fé en el que se po­nen al día, pe­ro no se cuen­tan to­do lo que les ha ocu­rri­do. Ca­da una man­tie­ne su pro­pia es­fe­ra per­so- nal al mar­gen de las de­más. Se ríen, co­men­tan, de vez en cuan­do con­fie­san al­gún que otro detalle ín­ti­mo, pe­ro só­lo el es­pec­ta­dor co­no­ce al detalle sus vi­das más allá de esos en­cuen­tros, que son el eje de la tra­ma, el pun­to en común de todos los personajes.

No es que no con­fíen las unas en las otras. Lo que les su­ce­de a las protagonistas de Mis­tres­ses es lo que les ocu­rre a mu­chas amis­ta­des tras años de com­pli­ci­dad. Los ca­mi­nos se se­pa­ran, los mo­men­tos que se com­par­ten ca­da vez son me­nos y las per­so­nas se acos­tum­bran a no con­tar, a es­cu­char más que a ex­pli­car. La so­li­dez de una vi­da pro­pia di­lu­ye la ne­ce­si­dad de com­par­tir ca­da detalle que ca­rac­te­ri­za la ju­ven­tud, y es en ese es­ta­do, el de la amis­tad adul­ta, en el que se en­cuen­tra es­te gru­po de ami­gas. Se tie­nen una gran es­ti­ma, pe­ro no se co­no­cen

tan bien co­mo antes. Es só­lo en sus pe­que­ñas char­las to­man­do ca­fé cuan­do esa amis­tad pa­re­ce sa­lir a la su­per­fi­cie an­te los ojos aten­tos del es­pec­ta­dor, el úni­co ca­paz de dis­tin­guir el sig­ni­fi­ca­do de ca­da si­len­cio y de ca­da son­ri­sa, cóm­pli­ce de una in­ti­mi­dad que se desa­rro­lla só­lo pa­ra su co­no­ci­mien­to.

AT­MÓS­FE­RA ÍN­TI­MA

Es pre­ci­sa­men­te esa at­mós­fe­ra ín­ti­ma, la sen­sa­ción de ser uno más del gru­po, lo que ha­ce de Mis­tres­ses una se­rie pro­ta­go­ni­za­da por mu­je­res dis­tin­ta a to­das las de­más. Uno no tie­ne la im­pre­sión de es­tar vien­do una se­rie, sino de ha­ber­se co­la­do en una reunión. La au­ten­ti­ci­dad de ca­da lí­nea de diá­lo­go to­ma for­ma y se apun­ta­la en la so­brie­dad in­ter­pre­ta­ti­va de un gru­po de ac­tri­ces que se ca­rac­te­ri­zan por la con­ten­ción en todos los sen­ti­dos. En el re­gis­tro que to­man pa­ra in­ter­pre­tar a los personajes, pe­ro tam­bién en su as­pec­to, en la nor­ma­li­dad de la ro­pa que vis­ten y en los tra­ba­jos que tie­nen. Las mu­je­res de Mis­tres­ses son, en sí mis­mas, una reivin­di­ca­ción de la mu­jer nor­mal, la es­pec­ta­do­ra que es­tá en ca­sa vien­do la televisión. Una mu­jer que, a me­nu­do, no tie­ne na­da que ver con los personajes fe­me­ni­nos que sue­len pro­ta­go­ni­zar las se­ries di­ri­gi­das a las mu­je­res.

De he­cho, Mis­tres­ses es una se­rie que na­ció en el De­par­ta­men­to de Fic­ción de la BBC co­mo la res­pues­ta bri­tá­ni­ca a Se­xo en Nue­va York. En aque­lla épo­ca –año 2008–, el pri­mer ca­nal in­glés ha­bía ini­cia­do una apues­ta fuer­te por las se­ries de televisión, y una de sus es­tra­te­gias con­sis­tió en en­car­gar se­ries ins­pi­ra­das por éxi­tos nor­te­ame­ri­ca­nos, pe­ro pa­sa­das por el fil­tro de la per­so­na­li­dad de la fic­ción del país: es de­cir, el rea­lis­mo sin re­ser­vas (ca­rac­te­rís­ti­ca que se­pa­ra, to­da­vía hoy, las pro­duc­cio­nes de am­bos paí­ses). Así, Cou­pling fue el re­ver­so bri­tá­ni­co de Friends, Spooks lo fue de 24 y Mis­tres­ses hi­zo lo pro­pio con Ca­rrie Brads­haw y com­pa­ñía. De aquí que la fic­ción apues­te por el na­tu­ra­lis­mo co­mo una ma­ne­ra de dis­tan­ciar­se del gla­mour y la fri­vo­li­dad que, en mu­chos mo­men­tos, ca­rac­te­ri­zó la se­rie de HBO. Y tam­bién que pro­fun­di­ce en la amis­tad de las protagonistas, que fue la par­te me­nos tra­ba­ja­da de Se­xo en Nue­va York.

ELEMENTOS DE TH­RI­LLER

Mis­tres­ses tam­bién in­tro­du­ce un ele­men­to de th­ri­ller iné­di­to en el gé­ne­ro, que tie­ne una do­ble fun­ción: por un la­do, con­tri­bu­ye a dar una ten­sión a la tra­ma y una con­ti­nui­dad que atra­pa al es­pec­ta­dor epi­so­dio a epi­so­dio. Por el otro, ti­ñe a la fic­ción de una os­cu­ri­dad iné­di­ta, que atra­pa la mi­ra­da del es­pec­ta­dor y que tie­ne que ver con ese alla­na­mien­to de la in­ti­mi­dad que ca­rac­te­ri­za a la se­rie. Al fin y al ca­bo, so­mos tes­ti­gos de to­do lo que los

‘Mis­tres­ses’ na­ció en la BBC co­mo la res­pues­ta bri­tá­ni­ca a ‘Se­xo en Nue­va York’

personajes no se cuen­tan los unos a los otros, y eso in­clu­ye sus se­cre­tos más ocul­tos, al­gu­nos muy bien guar­da­dos, mu­chos in­clu­so per­ver­sos, y que ata­ñen la se­xua­li­dad de las protagonistas. Una re­la­ción con el pla­cer que Mis­tres­ses ex­plo­ra no sin cier­to gra­do de ero­tis­mo, pe­ro a tra­vés de la na­tu­ra­li­dad que ca­rac­te­ri­za la se­rie. Si se tra­ta de con­tar có­mo son las mu­je­res de verdad, hay que ha­cer­lo en to­das las fa­ce­tas de la vi­da. El mis­mo ri­gor que se apli­ca a las emo­cio­nes tam­bién se apli­ca a los sen­ti­dos.

Es­ta su­ma de elementos ha­ce de Mis­tres­ses una se­rie úni­ca en su gé­ne­ro, pun­to y apar­te del re­tra­to de la mu­jer en televisión. En su mo­men­to, ape­nas re­ci­bió re­co­no­ci­mien­tos, sien­do ig­no­ra­da por los gran­des pre­mios de la televisión, in­clui­dos los bri­tá­ni­cos, pe­ro el tiem­po ha aca­ba­do po­nién­do­la en su lu­gar. La pri­me­ra tem­po­ra­da se men­cio­na, hoy, co­mo ejem­plo de un rea­lis­mo y una ho­nes­ti­dad di­fí­ci­les de en­con­trar en televisión, y sus ac­tri­ces han con­se­gui­do pa­pe­les en fic­cio­nes de J.J. Abrams y Steven Spiel­berg, dos de los más fa­mo­sos es­pec­ta­do­res con­fe­sos de Mis­tres­ses. En Es­ta­dos Uni­dos, han aca­ba­do ca­pi­tu­lan­do an­te es­ta ma­ra­vi­lla bri­tá­ni­ca y, co­mo sue­le su­ce­der en esos ca­sos, los nor­te­ame­ri­ca­nos es­tán pre­pa­ran­do un re­ma­ke de la se­rie, a car­go de ABC, que es­tre­na­rán a prin­ci­pios del año que vie­ne. Sin em­bar­go, es­ta no­che tie­ne una opor­tu­ni­dad de to­mar un ca­fé con las Mis­tres­ses au­tén­ti­cas, las bri­tá­ni­cas, las mu­je­res de verdad. Toni de la To­rre

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