“‘TRUE BLOOD’ ES UN CU­LE­BRÓN MUY SEXY Y VIO­LEN­TO”

La Vanguardia - Vivir TV - - ENPORTADA - AN­NA PA­QUIN, pro­ta­go­nis­ta

Es­ta ac­triz neo­ze­lan­de­sa, ga­na­do­ra de un Os­car a los on­ce años, por su pa­pel en El piano, ya ha­ce cin­co tem­po­ra­das que se ha te­ñi­do de ru­bio pa­ra dar vi­da a la inocen­te y muy aman­te de los vam­pi­ros Soo­kie Stak­hou­se, en True Blood. En­tre­vis­ta­mos a An­na Pa­quin en Los Ángeles cuan­do la se­rie es­tá a pun­to de fi­na­li­zar el ro­da­je de su quin­to año y a la in­tér­pre­te se le em­pie­za a no­tar el em­ba­ra­zo. Pa­quin es­pe­ra ge­me­los, fru­to de su ma­tri­mo­nio con el tam­bién ac­tor de True Blood Step­hen Mo­yer (el vam­pi­ro Bill). ¿Cuál cree que es el se­cre­to del éxi­to de True Blood? Me en­can­tan las se­ries en las que pa­san mu­chas co­sas. Tam­bién me gus­ta que las tra­mas aca­ben en sus­pen­so y ha­ya que es­pe­rar has­ta la se­ma­na si­guien­te pa­ra sa­ber si al­guien si­gue vi­vo o si hay dos que se van a liar. Pa­ra ser sin­ce­ros, es­to es un cu­le­brón. Es un cu­le­brón muy, muy sexy y vio­len­to, que si­gue una fór­mu­la que se ha com­pro­ba­do que fun­cio­na, a la ho­ra de con­tar una his­to­ria, in­clu­so con gen­te muer­ta que vuel­ve a la vi­da. Y es al­go que te en­gan­cha. Cuan­do crees que ha lle­ga­do el fi­nal de un epi­so­dio y pien­sas que to­do va a aca­bar bien, pa­sa al­go gor­do que no vas a sa­ber có­mo se­gui­rá has­ta la se­ma­na si­guien­te. Es muy di­fí­cil no que­rer ver el pró­xi­mo ca­pí­tu­lo de la se­rie, cuan­do te han ma­ni­pu­la­do pa­ra ha­cer­lo de una for­ma tan in­te­li­gen­te. ¿Se ha­ce más fá­cil lo de qui­tar­se la ro­pa y ha­cer una es­ce­na de se­xo des­pués de cin­co años vi­vien­do en el cá­li­do Bon Temps? Pa­ra mí nun­ca ha si­do di­fí­cil [ri­sas]. Tal vez no sea la per­so­na ade­cua­da a quien ha­cer­le es­ta pre­gun­ta, por­que es al­go que no me im­por­ta. Sí que es cier­to que la pri­me­ra es­ce­na de se­xo que tu­ve en la se­rie, cuan­do se su­po­nía que era la pri­me­ra vez pa­ra Soo­kie, fue al­go emo­cio­nal­men­te di­fe­ren­te. Que­ría que aquel mo­men­to pa­re­cie­ra real, ha­bían pa­sa­do mu­chas co­sas en su vi­da: su abue­la ha­bía si­do ase­si­na­da, en el fu­ne­ral Soo­kie le aca­ba gri­tan­do a to­do el mun­do y, al fi­nal, co­rre a los bra­zos de quien se con­ver­ti­rá en su aman­te. Fue una es­ce­na muy in­ten­sa. Pe­ro la des­nu­dez, es­pe­cí­fi­ca­men­te, no me im­por­ta, son sólo cuer­pos. ¿Va a ser en la quin­ta tem­po­ra­da cuan­do Soo­kie se líe con el hom­bre lo­bo Al­ci­de (Joe Man­ga­nie­llo)? Se pue­de es­pe­rar. Des­de lue­go, es una op­ción via­ble. ¿Tie­ne un personaje pre­fe­ri­do con quien le gus­ta­ría que ter­mi­na­ra su personaje? Bill, Eric (con am­bos ya ha si­do pa­re­ja en la fic­ción), Al­ci­de… No pue­do de­cla­rar un fa­vo­ri­to o los de­más me tor­tu­ra­rían. Me bus­ca­ría mu­chos pro­ble­mas, en va­rios fren­tes, in­clu­so en el familiar. ¿Qué es lo que más le gus­ta de in­ter­pre­tar al mis­mo personaje a lo lar­go de va­rios años? Pue­des ex­plo­rar quién es, cuál es su pa­sa­do y di­fe­ren­tes as­pec­tos de su per­so­na­li­dad. Cuan­do es­tás ha­cien­do una pe­lí­cu­la, sólo tie­nes un par de ho­ras pa­ra es­co­ger aque­llos mo­men­tos en los que te vas a cen­trar, y eso pue­de ser di­fí­cil. Tam­bién es di­ver­ti­do, en cier­ta ma­ne­ra, pe­ro la te­le­vi­sión te da la opor­tu­ni­dad de ex­plo­rar más pro­fun­da­men­te des­de un pun­to de vis­ta crea­ti­vo. ¿Qué ha apren­di­do tras la ex­plo­ra­ción del uni­ver­so de Soo­kie Stack­hou­se? ¡No jue­gues con vam­pi­ros! No va­yas a Bon Temps, a no ser que quie­ras li­gar con tíos con po­de­res su­per­na­tu­ra­les y que es­tán muy bue­nos. Hay una dul­zu­ra y una es­pe­ran­za, en ella, in­clu­so a pe­sar de to­do lo que le ha pa­sa­do… Y eso me pa­re­ce muy en­tra­ña­ble y me gus­ta mu­cho de mi personaje. Es la úl­ti­ma tem­po­ra­da con el crea­dor Alan Ball co­mo je­fe de guio­nis­tas de la se­rie. Llevo muy mal lo del aban­dono, así que creo que le en­via­ré car­tas ca­da se­ma­na pa­ra que se sien­ta muy cul­pa­ble [ri­sas]. La ver­dad es que no se iría si no nos de­ja­ra en bue­nas ma­nos. Na­tu­ral­men­te va­mos a echar­le de me­nos. ¡La se­rie es su crea­ción! To­da­vía no aca­ba­mos de creer­nos que se va, pe­ro, pa­ra ser jus­tos, no es­toy se­gu­ra de que Alan [Ball] ha­ya dor­mi­do de­ma­sia­do, des­de que co­men­zó con la pre­pa­ra­ción de la se­rie, ha­ce seis años. Y, te­nien­do en cuen­ta que me cae muy bien, me preo­cu­pa. No creo que se pue­da man­te­ner ese rit­mo. Ade­más, me ha­ce ilu­sión ver cuál se­rá su pró­xi­mo pro­yec­to. Me en­can­ta su tra­ba­jo. A la vez, es un po­co tris­te, por­que ten­go la sen­sa­ción, no de que se acer­que el fi­nal de la se­rie, pe­ro sí de que el fi­nal es­tá más cer­ca. Al­gún día ter­mi­na­rá es­te ca­pí­tu­lo in­creí­ble y ma­ra­vi­llo­so de mi vi­da. Patricia Puen­tes

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