“DU­RAN­TE MU­CHOS AÑOS MI PRO­PÓ­SI­TO FUE SER MÉ­DI­CO O IN­GE­NIE­RO”

AN­DRE BRAUG­HER, pro­ta­go­nis­ta del dra­ma ‘Úl­ti­mo des­tino’ (AXN)

La Vanguardia - Vivir TV - - ENTREVISTA -

AXN es­tre­na el lu­nes, a las 21.15 h, Úl­ti­mo des­tino, una se­rie cu­yo ca­pí­tu­lo pi­lo­to lo­gró re­unir a más de nue­ve mi­llo­nes de es­pec­ta­do­res frente al te­le­vi­sor, en Es­ta­dos Uni­dos. Por des­gra­cia, la fic­ción, cen­tra­da en la vi­da de los tri­pu­lan­tes de un sub­ma­rino que son de­cla­ra­dos de­ser­to­res por su país, no ha lo­gra­do la re­no­va­ción y con­ta­rá tan sólo con es­ta pri­me­ra tem­po­ra­da. Aun así, se tra­ta de un dra­ma, en­ca­be­za­do por An­dre Braug­her (quien se po­ne en la piel del ca­pi­tán Mar­cus Cha­plin), que no hay que per­der­se. Re­pa­sa­mos con el ve­te­rano ac­tor su exi­to­sa ca­rre­ra. Ya des­ta­ca­ba en la uni­ver­si­dad, don­de lo ca­li­fi­ca­ron co­mo el ac­tor más ex­cep­cio­nal de su ge­ne­ra­ción. Fue un gran ho­nor que la uni­ver­si­dad don­de es­tu­dia­ba [en Nue­va York], en la que me gra­dué en 1987, me con­ce­die­ra esa dis­tin­ción. Aun­que, si le soy sin­ce­ro, yo no que­ría ser ac­tor. ¿No? Du­ran­te mu­chos años mi pro­pó­si­to fue ser mé­di­co o in­ge­nie­ro. Pe­ro, tras en­trar en la uni­ver­si­dad, des­cu­brí el mun­do de la in­ter­pre­ta­ción y la co­me­dia, que me se­du­jo mu­cho. Sin em­bar­go, an­tes de eso pen­sa­ba que desem­pe­ñan­do una ca­rre­ra co­mo la de mé­di­co re­sul­ta­ría mu­cho más útil a la so­cie­dad. ¿Qué le hi­zo cam­biar de idea? Pues que me fas­ci­na el ar­te de ex­pli­car his­to­rias, pe­ro, so­bre to­do, lo que más me cau­ti­va de ser ac­tor es que es un ofi­cio que te per­mi­te des­cu­brir mu­chos lu­ga­res y apren­der cons­tan­te­men­te co­sas nue­vas. Por ejem­plo, si voy a ro­dar una pe­lí­cu­la de cow­boys, ten­dré que apren­der a mon­tar a ca­ba­llo, al­go que tal vez no ha­ría en mi vi­da co­ti­dia­na. En el ca­so de la úl­ti­ma se­rie en la que he par­ti­ci­pa­do, Úl­ti­mo des­tino, he apren­di­do no­cio­nes de có­mo se tri­pu­la un sub­ma­rino, da­do que in­ter­pre­to a un ca­pi­tán de la ma­ri­na. ¿Tie­ne una per­so­na­li­dad cu­rio­sa? Sí. Ade­más, ac­tuar es un ofi­cio en el que tie­nes que fis­gar y apren­der del res­to de pro­fe­sio­nes pa­ra ha­cer más creí­ble tu pa­pel. Así que ser ac­tor me ha he­cho más sa­bio, aun­que, sin du­da al­gu­na, lo que me ha he­cho realmente un hombre ha si­do ser pa­dre. Ten­go tres hi­jos y le ga­ran­ti­zo que na­da en­se­ña más que la pa­ter­ni­dad. ¿Qué ac­to­res eran sus re­fe­ren­tes en los ini­cios de su lar­ga ca­rre­ra pro­fe­sio­nal? Los gran­des nom­bres del mo­men­to: Ja­mes Earl Jo­nes, Syd­ney Poi­tier, Ho­ward Ro­llins Jr. y Den­zel Was­hing­ton. Ellos eran mis mo­de­los. ¿Ha tra­ba­ja­do con al­guno de ellos? Por in­creí­ble que pa­rez­ca, no. Bueno, mien­to, en reali­dad, ha­ce más de vein­te años tra­ba­jé jun­to a Den­zel Was­hing­ton, en la pe­lí­cu­la Tiem­pos de glo­ria. Pe­ro por aquel en­ton­ces él ya era una es­tre­lla y yo es­ta­ba em­pe­zan­do. Oja­lá pue­da vol­ver a com­par­tir ro­da­je con él… Su pri­mer pa­pel re­le­van­te en te­le­vi­sión fue en la se­rie Ho­mi­ci­de: Li­fe on the Street, un tí­tu­lo de cul­to. ¿Có­mo re­cuer­da aque­lla ex­pe­rien­cia? Fue ha­ce ya mu­cho tiem­po, a prin­ci­pios de los no­ven­ta. Se tra­ta de una se­rie que tu­vo una gran re­per­cu­sión y en la que es­tu­ve en­can­ta­do de par­ti­ci­par, por­que con­ta­ba con un equi­po ex­tra­or­di­na­rio, li­de­ra­do por el pro­duc­tor Tom Fon­ta­na, que, tiem­po atrás, ha­bía si­do el res­pon­sa­ble de la se­rie St. El­sew­he­re (en Ca­ta­lun­ya, co­no­ci­da co­mo A cor obert), y Barry Le­vin­son, di­rec­tor, en­tre mu­chas otras, de la pe­lí­cu­la Good Mor­ning, Viet­nam. Fue un ho­nor que dos pro­fe­sio­na­les de esa mag­ni­tud me die­ran mi pri­me­ra gran opor­tu­ni­dad. Tam­bién par­ti­ci­pó en Hou­se du­ran­te dos tem­po­ra­das. Ése fue otro gran mo­men­to en mi ca­rre­ra. Fue muy di­ver­ti­do tra­ba­jar en el dra­ma mé­di­co co­man­da­do por Hugh Lau­rie, re­sul­tó una ex­pe­rien­cia que dis­fru­té mu­cho. A bas­tan­tes de los pro­duc­to­res y guio­nis­tas de Hou­se ya los co­no­cía de pro­yec­tos an­te­rio­res. Por ejem­plo, Da­vid Sho­re [crea­dor de la fic­ción] for­ma­ba par­te del equi­po de guio­nis­tas de Hack, se­rie en la que ha­bía par­ti­ci­pa­do, y la pro­duc­to­ra Katie Ja­cobs tam­bién lo ha­bía si­do de Gi­deon’s Cros­sing, otra se­rie de la que ha­bía for­ma­do par­te. Por lo tan­to, en cier­to mo­do, ro­dan­do Hou­se me sentía en fa­mi­lia. ¿Qué nos pue­de con­tar de su nue­vo tra­ba­jo ca­tó­di­co en

Úl­ti­mo des­tino? Me cau­ti­vó la his­to­ria: có­mo unos per­so­na­jes pue­den pa­sar de ser con­si­de­ra­dos hé­roes a que la gen­te los vea co­mo trai­do­res, y có­mo eso trans­for­ma su per­so­na­li­dad y su ma­ne­ra de pen­sar y ac­tuar. Esos per­so­na­jes se de­ba­ti­rán en­tre sal­var la vi­da o sal­var el ho­nor. ¿Qué es más im­por­tan­te pa­ra us­ted? ¡Qué pregunta más com­pli­ca­da! En la se­rie, sal­var la vi­da de los sol­da­dos que están a su man­do es más im­por­tan­te, pa­ra el ca­pi­tán que in­ter­pre­to, que sal­var su pro­pia vi­da, y sal­var el ho­nor del ejér­ci­to de Es­ta­dos Uni­dos es más im­por­tan­te que sal­var su ho­nor. El ob­je­ti­vo de mi per­so­na­je es re­tor­nar el sub­ma­rino que co­man­da a buen puer­to y, con ello, sal­var la vi­da de sus sub­al­ter­nos, sin im­por­tar si so­bre­vi­ve o si lim­pia su ho­nor. Una tra­ma con un al­to gra­do cons­pi­ra­ti­vo, al­go muy de mo­da, ac­tual­men­te, en las se­ries nor­tea­me­ri­ca­nas, en­tre las que des­ta­ca el ca­so de Homeland. Me gus­tan es­te ti­po de ar­gu­men­tos en los que las tra­mas re­sul­tan más in­tere­san­tes a me­di­da que avan­zan los ca­pí­tu­los. Aun­que, en el ca­so de Úl­ti­mo des­tino, uno de los as­pec­tos del guión que más me han atraí­do es el cho­que de cul­tu­ras que se pro­du­ce en­tre la tri­pu­la­ción del sub­ma­rino y los ha­bi­tan­tes de la is­la a la que van a pa­rar. Des­de las fil­tra­cio­nes de Wi­ki­leaks, las tra­mas so­bre trai­cio­nes están muy de ac­tua­li­dad. ¿La reali­dad pue­de su­pe­rar la fic­ción? ¡No! [se ríe]. Aun­que sí es cier­to que, aun sien­do una fic­ción, es­tá in­fluen­cia­da por al­gu­nos he­chos reales. Pe­ro con­si­de­ro que Úl­ti­mo des­tino no pre­ten­de de­nun­ciar na­da, tan sólo quie­re en­tre­te­ner. ¿Ha te­ni­do que po­ner­se en for­ma pa­ra ro­dar la fic­ción? Des­de lue­go. Es una se­rie con mu­cha ac­ción y, por lo tan­to, re­que­ría que es­tu­vie­ra en bue­na for­ma. Ade­más, he ro­da­do to­das las es­ce­nas yo mis­mo, no hay do­bles ni es­pe­cia­lis­tas que me sus­ti­tu­yan. Y es que és­ta es una de las par­tes más emo­cio­nan­tes de mi ofi­cio, tra­tar de ha­cer co­sas nue­vas en ca­da tra­ba­jo. Nú­ria Mo­re­ras

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