“HE­MOS CREA­DO UN CIR­CO SIN REDES NI VA­LLAS”

La Vanguardia - Vivir TV - - MI PRIMERA VEZ… -

El presentador Frank Cues­ta, po­pu­lar­men­te co­no­ci­do co­mo Frank de la jun­gla, ha pu­bli­ca­do, re­cien­te­men­te, una car­ta en Fa­ce­book en la que anun­cia que de­ja la te­le­vi­sión por­que ya no se di­vier­te y pa­ra no trai­cio­nar sus va­lo­res. El re­cuer­do que de­ja­rá con Frank de la jun­gla –pro­gra­ma pre­mia­do con un On­das en 2011– y La sel­va en ca­sa es un es­ti­lo úni­co que ha lo­gra­do que mi­les de per­so­nas se apa­sio­nen, co­mo él, por la fau­na. Aca­ba de pu­bli­car una car­ta en la que cri­ti­ca al me­dio te­le­vi­si­vo lla­mán­do­le hi­pó­cri­ta. ¿Por qué aho­ra? Lle­vo ya tres años me­ti­do en el mun­do de la te­le­vi­sión y la ver­dad es que, po­co a po­co, me he ido dan­do cuen­ta de que hay dos tipos de gen­te: los que be­san el cu­lo cons­tan­te­men­te y los que se lo de­jan be­sar. Y yo, la ver­dad, es que pre­fie­ro be­sar otras co­sas... Lue­go hay unos po­cos que aguan­tan ahí con sus prin­ci­pios, pe­ro tie­nen que pe­lear­se mu­cho, y yo no ne­ce­si­to tan­to es­tar ahí. ¿Tie­ne la in­tui­ción de que to­das las te­le­vi­sio­nes fun­cio­nan igual? Pues no sé, la ver­dad, yo te pue­do hablar de lo que co­noz­co. Pe­ro su­pon­go que to­das fun­cio­nan igual, y con eso quie­ro de­cir que fun­cio­nan bien. Des­pués de de­cir eso, en ca­da ca­sa se cue­cen di­fe­ren­tes habas… ¿Ha te­ni­do la sen­sa­ción de po­ner en pe­li­gro sus va­lo­res, to­dos es­tos años? No, en nin­gún mo­men­to. He es­ta­do a gus­to la pri­me­ra y la se­gun­da tem­po­ra­da. No era par­ti­da­rio al 100% de ha­cer La sel­va en ca­sa [Cua­tro] y he he­cho la ter­ce­ra tem­po­ra­da con mu­cha ilu­sión. Pe­ro, cuan­do no es­tás de acuer­do con las ma­ne­ras de tra­ba­jo y el tra­to de un si­tio, no pue­des, sim­ple­men­te, que­dar­te por­que te dan di­ne­ro… Te vas y se ter­mi­nó. An­tes de vi­vir en Tai­lan­dia, ¿se ha­bía in­tere­sa­do por el mun­do ani­mal? Siem­pre. Co­mo to­dos los ni­ños del mun­do, hay una edad en que to­do son ani­ma­les: apren­des los co­lo­res, las le­tras, los jue­gos, etc. con ani­ma­les. To­dos los ni­ños fli­pan cuan­do ven al­guno. Yo he te­ni­do la suer­te de se­guir in­tere­sa­do to­da mi vi­da y de leer y leer so­bre ellos, y de po­der ir a sel­vas, a bos­ques o a mon­tes a ver­los. Siem­pre lo he di­cho, que el tenis es mi mu­jer y la na­tu­ra­le­za (los ani­ma­les) mi aman­te. Su es­ti­lo ha si­do uno de los ali­cien­tes pa­ra que tan­tos ni­ños le vean. ¿Ha si­do us­ted en to­do mo­men­to? Sí. Ése soy yo. La ver­dad es que lo más im­por­tan­te, pa­ra mí, cuan­do co­men­za­mos con es­te pro­yec­to, no era ha­cer un pro­gra­ma cien­tí­fi­co. Por­que pa­ra eso ya hay bas­tan­tes pro­fe­sio­na­les ha­cién­do­lo muy bien. Ha­bía que ha­cer al­go di­fe­ren­te, así que de­ci­di­mos, sim­ple­men­te, ca­mi­nar por la sel­va y gra­bar lo que nos fué­ra­mos en­con­tran­do, ex­pli­can­do los ani­ma­les co­mo si se lo ex­pli­ca­ses a tu ve­cino o a un ami­gue­te. Yo lo que que­ría era atraer el in­te­rés de la gen­te pa­ra ver pro­gra­mas de ani­ma­les, y lo he­mos con­se­gui­do. No te ima­gi­nas la can­ti­dad de gen­te que me man­da a Twit­ter [@Fran­k_Cues­ta] que han sa­ca­do una ser­pien­te de la ca­sa de la sie­rra sin ma­tar­la. Eso, a mí, per­so­nal­men­te, me enor­gu­lle­ce un mon­tón. Lo tris­te es que esos pu­ris­tas, na­tu­ris­tas a los que tan­to res­pe­to, no han de­mos­tra­do ni el más mí­ni­mo res­pe­to ha­cia mí. In­clu­so cuan­do ellos sa­ben muy bien que, gra­cias al pro­gra­ma, su tra­ba­jo se ha re­va­lo­ri­za­do y se ha te­ni­do más en cuen­ta. ¿Se que­da con lo bueno de to­dos es­tos años de te­le­vi­sión? Si vol­vie­ra atrás, ¿re­pe­ti­ría la ex­pe­rien­cia? Re­pe­ti­ría la ex­pe­rien­cia se­gu­ro. Lo úni­co que no re­pe­ti­ría se­ría gra­bar en Es­pa­ña, ya que eso dio pie a mu­chos amar­ga­dos y en­vi­dio­sos a po­ner de­nun­cias a tu­ti­plén pa­ra in­ten­tar hun­dir­nos… Yo lo úni­co que di­go es que en Es­pa­ña ca­da vez hay me­nos bos­ques por­que se que­man, y me­nos fau­na sal­va­je, y esa gen­te po­ne más in­te­rés en de­nun­ciar­me que en tra­ba­jar pa­ra lo que yo les pa­go con mis im­pues­tos. ¿Có­mo vi­vió el cam­bio de Frank de la jun­gla a La sel­va en ca­sa (Cua­tro)? ¿Am­bos te­rri­to­rios le re­sul­tan igual­men­te in­tere­san­tes? Es­pa­ña es un país pre­cio­so, con una fau­na in­creí­ble (ca­da vez me­nos). Gra­bar­lo fue una ex­pe­rien­cia es­tu­pen­da y en­con­tra­mos gen­te alu­ci­nan­te, co­mo los guar­das de Gre­dos o los del Con­selh Ge­ne­rau d’Aran. Frank de la jun­gla ha si­do un fe­nó­meno me­diá­ti­co y ha lo­gra­do que los más jó­ve­nes (y no tan jó­ve­nes) se in­tere­sen por la fau­na de to­do el mun­do. ¿Cree que es­te ti­po de pro­gra­mas ten­drán con­ti­nui­dad? El pri­mer pa­so ya es­tá da­do. Han te­ni­do que pa­sar 30 años pa­ra que la gen­te jo­ven se in­tere­se realmente por un pro­gra­ma de ani­ma­les. No­so­tros he­mos crea­do un cir­co sin redes ni va­llas. Se­gu­ra­men­te, otra gen­te ven­drá y lo ha­rá es­tu­pen­da­men­te. Yo, de mo­men­to, se­gui­ré po­nien­do mis ví­deos en YouTu­be, por­que hay mu­chí­si­mos in­tere­sa­dos en ver­los, y se­gui­ré cu­rran­do en la sel­va. Así que, en cuan­do ten­ga un mi­nu­to aquí y allí, se­gui­ré gra­ban­do a los ani­ma­les pa­ra que la gen­te los vea. ¿Hay al­gún mo­men­to de es­tos años de pro­gra­ma que des­ta­que es­pe­cial­men­te? La pri­me­ra tem­po­ra­da fue épi­ca, por­que nos lo cu­rra­mos muy bien (co­mo siem­pre ha­ce­mos) y el pro­duc­to se cui­dó y se mi­mó mu­chí­si­mo. El pri­mer mes fue muy di­ver­ti­do, por­que no nos co­no­cía­mos y Na­cho [Me­di­na, el re­por­te­ro] realmente pen­sa­ba que era un de­men­te, lo cual, des­pués de dos años, se ha po­di­do con­fir­mar… ¿Qué pri­me­ros re­cuer­dos tie­ne de con­tac­to con los ani­ma­les? La pri­me­ra vez que aga­rré una ví­bo­ra es­tan­do so­lo fue uno de los mo­men­tos más ex­ci­tan­tes de mi vi­da. Te­nía 11 años y mi abue­lo es­ta­ba con­mi­go su­per­vi­san­do, pe­ro ni se mo­vió y me de­jó ha­cer. ¡Fue in­creí­ble! Mia Men

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