“TO­DA­VÍA QUIE­RO HA­CER PE­LÍ­CU­LAS”

KE­VIN BA­CON, pro­ta­go­nis­ta de ‘The Fo­llo­wing’ (TNT)

La Vanguardia - Vivir TV - - EN PORTADA -

Ha­ce años que el ac­tor Ke­vin Ba­con es cons­cien­te de los ri­go­res de una ca­rre­ra en te­le­vi­sión: su es­po­sa, Ky­ra Sedg­wick, aca­ba de re­ti­rar­se de la pe­que­ña pantalla tras sie­te exi­to­sas tem­po­ra­das al frente de The Clo­ser. Aho­ra pa­re­ce ha­ber­le lle­ga­do a él el turno de bri­llar en la te­le. Con The Fo­llo­wing, Ba­con de­bu­ta pro­ta­go­ni­zan­do una se­rie te­le­vi­si­va. A los 54 años, apar­ta tem­po­ral­men­te una fil­mo­gra­fía pla­ga­da de pa­pe­les ma­yo­ri­ta­ria­men­te se­cun­da­rios, en tí­tu­los co­mo Mys­tic Ri­ver, Slee­pers y Al­gu­nos hom­bres bue­nos, pa­ra po­ner­se en la piel de un agen­te del FBI con un pa­sa­do más que com­pli­ca­do.

¿Has­ta qué pun­to le ape­te­cía ha­cer te­le­vi­sión, en es­te mo­men­to de su ca­rre­ra? Em­pe­cé a in­tere­sar­me por la idea de tra­ba­jar en te­le­vi­sión ha­ce unos tres o cua­tro años. En­ton­ces co­men­cé a leer al­gu­nos de los me­jo­res guio­nes que ha­bía leí­do has­ta el mo­men­to. Guio­nes que, de ha­ber­se tra­ta­do de una pe­lí­cu­la, hu­bie­ra he­cho al ins­tan­te. Es­tu­ve re­fle­xio­nan­do y vi que lo que me ape­te­cía era ha­cer al­go en una ca­de­na de ca­ble co­mo Show­ti­me o HBO. En­ton­ces me di cuen­ta de que ca­de­nas de ca­ble más bá­si­cas, co­mo AMC, FOX o TNT, tam­bién es­ta­ban ha­cien­do co­sas in­tere­san­tes. Te­nía muy cla­ro que no iba a ha­cer na­da en una te­le­vi­sión en abier­to.

Una de las con­di­cio­nes que pu­so fue que, en lu­gar de los 22 ó 24 epi­so­dios ha­bi­tua­les de las se­ries en abier­to, The Fo­llo­wing sólo tu­vie­ra 15. ¿Por qué? Por un par de ra­zo­nes. Por un la­do, ya vi el ho­ra­rio de mi es­po­sa, que em­pe­zó ha­cien­do 15 epi­so­dios al año

Y, sin em­bar­go, aca­bó es­co­gien­do The Fo­llo­wing, que, en Es­ta­dos Uni­dos, emi­te una ca­de­na en abier­to... Era la se­rie que te­nía que ha­cer, leí el guión y pen­sé que era muy in­no­va­do­ra y llevaba las co­sas al lí­mi­te. Me gus­tó mu­cho mi per­so­na­je y el he­cho de que veas que, per­so­nal­men­te, es­tá he­cho un desas­tre. Me sor­pren­dió mu­chí­si­mo que una ca­de­na en abier­to nos apo­ya­ra y qui­sie­ra ha­cer la se­rie. Así que aca­bé di­cien­do: “¡A la mier­da, va­mos a por ello!”.

¿Qué fue lo que le hi­zo cam­biar de idea? El guión era de los que no se pue­den de­jar de leer. Lo co­gí, lo leí en me­dia ho­ra y me mo­rí de mie­do. Ade­más, me ape­te­cía in­ter­pre­tar a un per­so­na­je he­roi­co y, en las pe­lí­cu­las, so­bre to­do úl­ti­ma­men­te, sue­le to­car­me ha­cer de tío ma­lo. Eso tam­bién me gus­ta, pe­ro me ape­te­cía más un per­so­na­je con ca­li­dad de hé­roe y que, a la vez, tu­vie­ra mu­chos de­fec­tos. Que­ría que fue­ra un pa­pel con com­ple­ji­dad, el de al­guien un po­co da­ña­do por la vi­da. Y és­te lo te­nía to­do.

y tra­ba­ja­ba muy du­ro. La gen­te no ve la can­ti­dad de tra­ba­jo y de ho­ras que de­di­cas cuan­do eres el pro­ta­go­nis­ta de una se­rie de una ho­ra. Es­ta­mos ha­blan­do de días de 16 y 18 ho­ras de tra­ba­jo. Se­ma­na tras se­ma­na, tras se­ma­na. Me asus­ta­ba la idea de te­ner que ha­cer 24 epi­so­dios al año. El otro mo­ti­vo es que, si me lla­man, to­da­vía quie­ro ha­cer pe­lí­cu­las. Es co­mo em­pe­cé en es­ta pro­fe­sión y es una par­te muy im­por­tan­te de mi vi­da.

La otra con­di­ción fue po­der fil­mar en Nue­va York. Es que, al prin­ci­pio, la se­rie no es­ta­ba am­bien­ta­da en Nue­va York y, de he­cho, si­gue sin es­tar­lo. La ver­dad es que me sor­pren­dió mu­chí­si­mo que ac­ce­die­ran a ro­dar en la ciu­dad. No ten­go ni idea de cuán­tas pe­lí­cu­las ha­bré he­cho en la vi­da, pe­ro pue­do con­tar con los de­dos de una mano las ve­ces que he po­di­do tra­ba­jar en Nue­va York y dor­mir en mi ca­ma. Es ge­nial.

Há­ble­nos de Ryan Hardy, el agen­te del FBI que in­ter­pre­ta en la se­rie. Es­tá en un mo­men­to en el que ha per­di­do un po­co su ob­je­ti­vo en la vi­da, es­tá muer­to por den­tro. Se­gu­ra­men­te, cuan­do es­tu­vo más vi­vo fue cuan­do tu­vo que per­se­guir a Joe Ca­rroll [Ja­mes Pu­re­foy], un ase­sino en se­rie a quien en­ce­rró en la cár­cel des­pués de que le apu­ña­la­ra y le dis­pa­ra­ra. Tie­ne pro­ble­mas de co­ra­zón, be­be de­ma­sia­do y ha es­cri­to un li­bro que lo ha de­ja­do com­ple­ta­men­te in­sa­tis­fe­cho. Es un desas­tre. Vuel­ve a lu­char con­tra el cri­men un po­co en con­tra de su vo­lun­tad, pe­ro eso le de­vol­ve­rá par­te del equi­li­brio vi­tal. No es que su vi­da per­so­nal me­jo­re de la no­che a la ma­ña­na, pe­ro el tra­ba­jo le da al­go que ha­cer y un lu­gar don­de es­tar.

“El guión era de los que no se pue­den de­jar de leer. Lo co­gí, lo leí en me­dia ho­ra y me mo­rí de mie­do”

¿Qué le pa­re­ció el pi­lo­to de la se­rie, cuan­do lo vio ter­mi­na­do? Me en­can­tó, y pen­sé: “Ahí es­tá to­da mi in­ter­pre­ta­ción”. Por­que es a lo que es­toy acos­tum­bra­do, veo una pe­lí­cu­la y pien­so: “Es­to es to­do lo que hi­ce”. Pe­ro, en es­te ca­so, tu­ve que re­cor­dar­me a mí mis­mo que el pi­lo­to no era mi in­ter­pre­ta­ción com­ple­ta, sino, sim­ple­men­te, el prin­ci­pio. Con un po­co de suer­te, po­dría­mos emi­tir, al me­nos, un par de ca­pí­tu­los [ri­sas]. Fue un ajus­te in­tere­san­te que tu­ve que ha­cer. Cuan­do ha­ces una pe­lí­cu­la, es po­si­ble que, al fi­nal, aca­ben cor­tan­do co­sas y de­más, pe­ro cons­tru­yes to­da tu in­ter­pre­ta­ción pa­ra ha­cer re­lu­cir aque­llo del per­so­na­je que quieres des­ta­car más. En es­te ca­so, no mos­tré to­do lo que que­ría des­ta­car so­bre él, por­que po­dré ir ha­cién­do­lo po­co a po­co. Nos de­cía, al prin­ci­pio, que em­pe­zó a in­tere­sar­se por la te­le­vi­sión ha­ce tres o cua­tro años. Con The Clo­ser y mi re­la­ción con Ky­ra, te­nía una idea de ha­cia dón­de es­ta­ba yen­do la te­le­vi­sión y, a la vez, em­pe­cé a dar­me cuen­ta del ti­po de con­ver­sa­cio­nes que te­nía con los ami­gos: ha­blá­ba­mos de se­ries y de­por­tes in­clu­so más de lo que lo ha­ce­mos so­bre pe­lí­cu­las. El ci­ne si­gue en­can­tán­do­me, pe­ro hay mu­chas otras co­sas in­tere­san­tes, aho­ra mis­mo. Lle­vo mu­chos años en es­ta in­dus­tria y, cuan­do em­pe­cé, ha­cer te­le­vi­sión era la muer­te, aun­que ha de­ja­do de ser­lo, o al me­nos eso es­pe­ro [ri­sas]. ¿De qué se­ries le gus­ta hablar con sus ami­gos? Brea­king Bad, Homeland, The Clo­ser, Jue­go de tronos, The Ki­lling, Mo­dern Fa­mily... Ex­cep­to Mo­dern Fa­mily, pa­re­ce que le van más los dra­mas os­cu­ros y pro­du­ci­dos por ca­de­nas de ca­ble... The Fo­llo­wing, de he­cho, tam­bién es bas­tan­te os­cu­ro, so­bre to­do pa­ra una te­le­vi­sión en abier­to. Es­ta­mos lle­van­do las co­sas más y más allá, y ve­re­mos qué pa­sa. Hay mu­cha gen­te que ha di­cho que pa­re­ce una se­rie de ca­ble, aun­que no sé qué sig­ni­fi­ca exac­ta­men­te... P. Puen­tes

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