LA ELE­GAN­CIA DE DON DRA­PER

La Vanguardia - Vivir TV - - DESMONTANDO A... -

Des­de el mo­men­to en el que la fi­gu­ra de Don Dra­per em­pe­zó a des­cen­der, ras­ca­cie­los aba­jo, ho­me­na­jean­do la obra de Saul Bass, que­dó cla­ro que Mad Men no iba a ser una se­rie co­mo las de­más. La fic­ción de los pu­bli­cis­tas re­sul­tó ser una obra de gus­to ex­cep­cio­nal, que pron­to ex­hi­bió per­so­na­li­dad pro­pia: en la ca­den­cia con la que se desa­rro­lla ca­da epi­so­dio, la com­ple­ji­dad de los per­so­na­jes, unos diá­lo­gos in­creí­ble­men­te bien es­cri­tos, la am­bien­ta­ción, q que re­crea los años 50 con pre­ci­sión, y, so­bre to­do, un guión que re­tra­ta al es­pec­ta­dor del pre­sen­te a par­tir del re­tra­to del pa­sa­do. Mad Men no tar­dó ta en con­ver­tir­se en una de­li­ca­tes­sen apre­cia­da por la crí­ti­ca, que la en­sal­zó des­de el pri­mer epi­so­dio. Des­de en­ton­ces, el hu­mo de ta­ba­co y los va­sos de whisky se han ido

acu­mu­lan­do, pe­ro la fic­ción de Matt­hew Wei­ner no ha per­di­do ni un ápi­ce de su ca­li­dad.

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