Un tó­pi­co lla­ma­do ‘The Fo­llo­wing’

La Sex­ta es­tre­na es­te mar­tes el th­ri­ller no­ven­te­ro de Kevin Ba­con

La Vanguardia - Vivir TV - - NOTICIAS TV - To­ni de la To­rre

Na­da en The Fo­llo­wing po­dría es­tar más tri­lla­do

ni ser más tó­pi­co, pe­ro la se­rie es cons­cien­te de ello; es al­go que jue­ga a su fa­vor y, al mis­mo tiem­po, en su con­tra, en fun­ción de los ojos que la mi­ren. Si lo que uno an­da bus­can­do es el clá­si­co th­ri­ller que abun­da­ba en los ci­nes en los años 90, se lo pa­sa­rá bien con la nue­va se­rie que es­tre­na es­te mar­tes La Sex­ta (22.30 h). Te­ne­mos al clá­si­co de­tec­ti­ve re­ti­ra­do y al­cohó­li­co que se en­cuen­tra me­ti­do en un jue­go en­tre el ga­to y el ra­tón, cuan­do el cri­mi­nal al que en­ce­rró ha­ce ocho años sale de la pri­sión con un plan de ven­gan­za. ¡Pe­ro si has­ta sale Kevin Ba­con! El ac­tor es la elec­ción per­fec­ta pa­ra una se­rie de ex­ce­sos, que ab­sor­be to­do lo que es­te ti­po de tra­mas dio de sí en su mo­men­to y lo vuel­ca en la pan­ta­lla sin nin­gún ti­po de in­ten­ción de re­ima­gi­nar o rein­ven­tar una fór­mu­la muy co­no­ci­da.

SUS VÍNCU­LOS CON ‘SCREAM’

De he­cho, las si­tua­cio­nes de The Fo­llo­wing son tan re­co­no­ci­bles que su prin­ci­pal ries­go es con­se­guir uti­li­zar los tó­pi­cos pa­ra su pro­pio be­ne­fi­cio sin caer en la pa­ro­dia. A ve­ces lo con­si­gue, otras ve­ces no. El equi­li­brio es pa­re­ci­do al que, en su mo­men­to, tu­vo que man­te­ner la sa­ga ci­ne­ma­to­grá­fi­ca Scream, a me­dio ca­mino en­tre la pa­ro­dia de las pe­lí­cu­las slas­her y una bue­na pe­lí­cu­la slas­her. De he­cho, el guio­nis­ta del fil­me de Wes Cra­ven fue Kevin Wi­lliam­son, hoy crea­dor de The Fo­llo­wing, que he­re­da al­gu­nos ele­men­tos de la sa­ga, co­mo el gus­to por los sus­tos y el he­cho de que no pue­des con­fiar en nin­gún per­so­na­je. En Scream, to­dos eran sus­cep­ti­bles de ser el ase­sino tras la más­ca­ra; en The Fo­llo­wing, to­dos pue­den ser po­ten­cia­les se­gui­do­res de Joe Ca­rroll, el cri­mi­nal que quie­re ha­cer­le la vida im­po­si­ble al per­so­na­je de Ba­con.

Pues el ase­sino en cues­tión ha si­do ca­paz de crear, des­de la pri­sión, una es­pe­cie de cul­to en torno a su per­so­na y tie­ne a su al­re­de­dor un ejér­ci­to de ciu­da­da­nos anó­ni­mos dis­pues­tos a ayu­dar­le. Si el es­pec­ta­dor es ca­paz de asu­mir es­te in­ve­ro­sí­mil pun­to de par­ti­da, ya po­drá asu­mir to­do lo que le es­pe­ra en The Fo­llo­wing: gi­ros de guión im­po­si­bles, per­so­na­jes-tram­pa, in­cohe­ren­cias, etc. Pues, en el fon­do, de tra­ta de eso, de po­der pa­sar por al­to los múl­ti­ples ex­ce­sos de la se­rie pa­ra dis­fru­tar­la. Por su­pues­to, no to­do el mun­do es ca­paz de se­me­jan­te ejer­ci­cio, es­pe­cial­men­te cuan­do te­ne­mos a un vi­llano que no pa­ra de re­ci­tar fra­ses del es­cri­tor Ed­gar Allan Poe me­ti­das con cal­za­dor, pe­ro la exa­ge­ra­da in­ter­pre­ta­ción que ha­ce Ja­mes Pu­re­foy aca­ba con­vir­tién­do­lo en un ti­po en­tra­ña­ble, y hay que re­co­no­cer que, a cos­ta de des­ve­lar sor­pre­sas a tra­vés de flash­backs y de­jar cliff­han­gers en ca­da epi­so­dio, The Fo­llo­wing se ha­ce en­tre­te­ni­da has­ta el fi­nal.

Pu­re­foy y Ba­con, el vi­llano y el de­tec­ti­ve, o una re­la­ción des­truc­ti­va.

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