“El úni­co se­cre­to es la pa­sión por el len­gua­je y por la ma­gia”

En «Las amíg­da­las de mis amíg­da­las son mis amíg­da­las» con­vier­te lo co­rrien­te en in­ve­ro­sí­mil. Y con mu­cha sor­na. Es me­jor que no te en­ga­ñen sus pa­la­bras... ¿o sí?

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - ESCENA - LUIS PIEDRAHÍTA TEX­TO: IA­GO GAR­CÍA

Hay que es­tar siem­pre de ida y con ga­nas de ver qué es lo que vie­ne

Des­can­sa so­lo cuan­do las tem­po­ra­das te­le­vi­si­vas de El Hor­mi­gue­ro (An­te­na 3) se lo per­mi­ten. Y tra­ba­ja con pa­sión en lo que más le gus­ta: re­ga­lar his­to­rias al es­pec­ta­dor con un fi­nal ines­pe­ra­do. Vuel­ve al tea­tro y es­ta vez, Luis Piedrahíta (A Co­ru­ña, 1977), li­ga la ri­sa a las emociones. 80 mi­nu­tos de hu­mor con sen­ti­mien­tos: «No to­das las ri­sas son igua­les... Hay ri­sa por ter­nu­ra, por pe­na, por amor... Es el es­pec­tácu­lo más com­ple­jo que he he­cho», ad­vier­te.

—-Las amíg­da­las nos pro­te­gen fren­te a in­fec­cio­nes. Pe­ro no sa­bía que las tu­yas eran amíg­da­las de tus amíg­da­las...

—¡No se va a ha­blar de amíg­da­las en nin­gún mo­men­to! Mu­chas per­so­nas acu­den pen­san­do que es un es­pec­tácu­lo de hu­mor so­bre te­ji­do lin­foi­de... El tí­tu­lo obe­de­ce a que la par­te del cuer­po que más se en­se­ña cuan­do reí­mos a car­ca­ja­das son las amíg­da­las. En los ata­ques de ri­sa in­con­tro­la­bles que se dan du­ran­te el es­pec­tácu­lo lo que yo veo es un jar­dín de amíg­da­las: ro­sa­di­tas, hú­me­das, pal­pi­tan­tes.

—¿En «Fal­tan Las Pa­la­bras» com­ple­tas el dic­cio­na­rio ca­da se­ma­na («Dos­nu­dar­se»: ‘qui­tar­le la ro­pa a una per­so­na que, al mis­mo tiem­po, nos la qui­ta a no­so­tros’; o, «Mar­tir­mo­nio»: ‘unión sen­ti­men­tal ba­sa­da en la re­pug­nan­cia mu­tua’; por ejem­plo). ¿Có­mo es po­si­ble que la ter­ce­ra len­gua del mun­do no ten­ga de­fi­ni­cio­nes pa­ra tan­tí­si­mas si­tua­cio­nes?

—Es lo nor­mal, e in­clu­so lo desea­ble, que no ha­ya equi­va­len­cias per­fec­tas. Cuan­do yo di­go «ár­bol», por ejem­plo, el mío no tie­ne que ver con el que tú tie­nes en la ca­be­za. So­lo hu­bo un in­ten­to de crear un len­gua­je que pre­ten­día ex­pli­car­lo to­do y se au­to­de­fi­nía a sí mis­mo (El idio­ma ana­lí­ti­co, de John Wil­kins, S. XVII) y fue un fra­ca­so. Hay al­gún ho­me­na­je a la sec­ción ra­dio­fó­ni­ca en el show. Yo ha­blo de al­go y de re­pen­te fal­ta la pa­la­bra pa­ra lo que quie­ro con­tar, así que me la sa­co de la man­ga.

—No pa­re­ce fá­cil...

—No lo es. Hay que in­ten­tar que to­das ten­gan un chis­te es­con­di­do. No se tra­ta de jun­tar dos pa­la­bras pa­ra crear una ter­ce­ra que sea nue­va sin más. En la ra­dio, las cua­tro pa­la­bras que pre­sen­to ca­da se­ma­na tar­do tres días en es­cri­bir­las.

—En el li­bro «Cam­bian­do muy po­co al­go pa­sa de es­tar bien es­cri­to a es­tar mal es­cri­to», reúnes 222.

—Son cin­co años de tra­ba­jo. Hay que ju­gar con las pa­la­bras con mi­nu­cio­si­dad de or­fe­bre. Se tra­ta de en­con­trar si­tua­cio­nes que no tie­nen pa­la­bras que le den nom­bre y crear co­mi­ci­dad.

—Ha­cer tru­cos de ma­gia en «El Hor­mi­gue­ro» ba­jo la mi­ra­da de es­tre­llas co­mo Will Smith, Jen­ni­fer Anis­ton o Tom Crui­se, sí que es sen­ci­llo...

—[Ri­sas] Pa­ra las co­sas fá­ci­les lla­man a otros. El se­cre­to es la pa­sión. Tan­to por el len­gua­je co­mo por la ma­gia. Si a al­guien le di­ces que un nú­me­ro de tres mi­nu­tos lle­va tres años de en­sa­yo... Muy bien, es­te tru­co es­ta­rá pa­ra el 2021. ¡Na­die pien­sa así! Dis­fru­to tan­to ha­cién­do­lo que me ol­vi­do de

to­do lo de­más.

—¿A quién te ha­ce es­pe­cial ilu­sión ha­cer­le tru­cos?

—A to­do aquel que la quie­ra ver. Me acuer­do del ac­tor Mar­tin Sheen. Ha­bien­do es­ta­do en Viet­nam en Apo­caly­pse Now, ha­bien­do si­do pre­si­den­te de Es­ta­dos Uni­dos en

El Ala Oes­te de la Ca­sa Blan­ca,

con sus más de 70 años... y sin em­bar­go se­guía con­ser­van­do la ca­pa­ci­dad de asom­bro. Te­nía la mi­ra­da de un ni­ño. Hay que ha­cer un es­fuer­zo por se­guir ju­gan­do, di­vir­tién­do­se y dis­fru­tar. Sue­le de­cir­se que al­guien «es­tá de vuel­ta». Es­tar abu­rri­do y re­sig­na­do no es bueno. Hay que es­tar siem­pre de ida y con ga­nas de ver qué es lo que vie­ne.

—En una ca­rre­ra re­ple­ta de mo­nó­lo­gos y hu­mor en tea­tro, ra­dio y te­le­vi­sión, que Piedrahíta di­ri­gie­ra y guio­ni­za­ra un «th­ri­ller» lleno de ten­sión, no cua­dra de­ma­sia­do («La ha­bi­ta­ción de Fer­mat», 2007).

—To­das esas pie­zas en­ca­jan. Ve­rás. La ma­gia, el hu­mor o el mis­te­rio; en es­te úl­ti­mo ca­so, tie­nen al­go en co­mún. El in­ge­nio. La in­ten­ción de re­ga­lar al es­pec­ta­dor un fi­nal sor­pre­si­vo. No te pue­den ver ve­nir. Si te ven ve­nir, no hay tru­co en la ma­gia, chis­te en el hu­mor o in­tri­ga en una pe­lí­cu­la. No pue­des des­cu­brir quién es el ase­sino en el mi­nu­to dos.

FO­TO: MAR­COS MÍ­GUEZ

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.