10 años con Wal­ter Whi­te

La se­rie de Vin­ce Gui­lli­gan que co­rrom­pió los moldes del wés­tern cum­ple una dé­ca­da. Y el efec­to de es­ta «me­ta» te­le­vi­si­va es aún bru­tal. Pre­pá­ran­se, Hei­sen­berg les re­ta de nue­vo a un ma­ra­tón

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - BREAKING BAD - TEX­TO: ANA ABE­LEN­DA

La me­ta te­le­vi­si­va que co­ci­nó Vin­ce Gui­lli­gan si­gue crean­do adic­ción. Pa­re­ce men­ti­ra pe­ro es ver­dad: Brea­king Bad cum­ple diez años, una dé­ca­da glo­rio­sa des­de su pri­me­ra emi­sión. El 20 de enero del 2008, Wal­ter Whi­te ce­le­bra­ba sus 50 años en el ca­nal AMC con fies­ta sor­pre­sa en ca­sa y una no­ti­cia in­cu­ra­ble: cán­cer inope­ra­ble de pul­món. (Tras un pi­lo­to al­go flo­jo y des­fle­ca­do, a la se­gun­da ya nos ve­mos co­ci­nan­do en la ca­ra­va­na de Jes­se, el san­cho pan­za del qui­jo­te ca­da vez más per­ver­so, ge­nio de la quí­mi­ca del mal, que es mís­ter Whi­te). La se­rie que ha en­tra­do en el Gui­ness de los Re­cords co­mo la más va­lo­ra­da de la his­to­ria lo ce­le­bra es­te enero con gus­to, no con «ma­gia azul» ni con piz­zas vo­la­do­ras, que de­jan su ras­tro en un te­ja­do real de Al­bu­quer­que en un gui­ño a uno de los aza­res in­creí­bles pe­ro efec­ti­vos de Brea­king

bad, sino con un ma­ra­tón (re­par­ti­do en un mes) de las cin­co tem­po­ra­das del wés­tern trash que al­te­ró los há­bi­tos de te­le­con­su­mo. Di­fí­cil pa­rar. Pri­me­ro fue­ron Los So­prano. Lue­go The

Wi­re. Des­pués Mad Men. Y en­ton­ces lle­gó él, A Hor­se With No Name, con­du­cien­do a tra­vés del de­sier­to y la ca­rre­te­ra sin se­ña­les de su vi­da, ta­ra­rean­do ese te­ma que va co­mo un guan­te a la co­rrup­ción, al via­je gra­dual a los in­fier­nos, de Wal­ter Whi­te.

En una pi­rue­ta atrás que ra­ja el vi­cio so­li­ta­rio de la te­le a la car­ta, AMC ofre­ce ca­da fin de se­ma­na (has­ta el 29 de enero) un atra­cón de Hei­sen­berg. Con­su­man con o sin mo­de­ra­ción, co­mo quie­ran, al la­do se­gu­ro de la pan­ta­lla, y es­ta­rá bien. En Brea­king Bad les es­pe­ra, de nue­vo, lo me­jor y lo peor que qui­zá ha­yan vis­to cre­yén­do­se­lo, sin la ten­ta­ción de aban­do­nar, en años. Si aún no han pro­ba­do, les ani­mo a en­trar por pri­me­ra vez. Ca­da tem­po­ra­da va a más, más du­ra, cruel, des­con­cer­tan­te, irre­ver­si­ble y fa­tal; me­jor. A God­less o West­world les plan­ta ca­ra «dig­na­men­te» Brea­king Bad. To­da­vía. Con el jet lag tec­no­ló­gi­co que su­po­nen diez años. Igual se no­ta en los mó­vi­les, en la fa­cha de Saul Good­man o en la edad de Jes­si­ca Jo­nes. ¡Es ella!, la su­per­he­roí­na de la Mar­vel con un hu­mor des­tro­yer co­mo sus pu­ños es Krys­ten Rit­ter, Ja­ne, la ca­se­ra adic­ta que se cuel­ga de Jes­se en Brea­king Bad; ofre­cien­do una de las es­ce­nas cla­ve de la se­rie, y una ci­ta lu­mi­no­sa de Geor­gia O’Keef­fe. El Nue­vo Mé­xi­co de O’Keef­fe es una qui­me­ra en las vi­das que se rom­pen y co­rrom­pen en Brea­king Bad. No sa­be­mos bien có­mo nos me­ti­mos en es­to, pe­ro va­mos a más.

Sal­vo en lo ac­ce­so­rio; en tra­ma, guion, per­so­na­jes, ca­li­dad e im­pac­to el tiem­po no ha pa­sa­do fac­tu­ra a

Brea­king Bad. Lo que em­pie­za pro­me­tien­do un agó­ni­co ho­ri­zon­te de dra­ma de hos­pi­tal se va con­vir­tien­do, con el ta­len­to de Bryan Crans­ton (Wal­ter Whi­te), Aa­ron Paul (Jes­se Pick­man), Anna Gunn (Sky­ler) o Dean No­rris (Hank) en un wés­tern hard­co­re, tre­pi­dan­te, su­rrea­lis­ta e in­só­li­to.

A la es­pe­ra de la se­gun­da en­tre­ga de Jes­si­ca Jo­nes, hay que re­vi­si­tar Brea­king Bad. Y sol­tar adre­na­li­na. Bryan Crans­ton es so­lo una de las ra­zo­nes de pe­so pa­ra ha­cer­lo (si no lo han he­cho, de­be­rían ver­lo tam­bién en­tre nar­cos en In­fil­tra­do, qué crac).

Has­ta hay pro­fe­so­res de quí­mi­ca que han da­do su «ben­di­ción» al in­ge­nio de Whi­te, di­cien­do que su fór­mu­la fun­cio­na. La ficción tie­ne le­yes muy se­rias. ¿Con qué es­ce­na se que­dan de Brea­king Bad?, ¿La tor­tu­ga y la ca­be­za?, ¿el avión?, ¿«El pe­li­gro soy yo»?, ¿pa­ra el fi­nal... lo me­jor? Lo me­jor de una des­pe­di­da maes­tra es que no se ol­vi­da. Aun­que nos de­je fa­tal.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.