¿GUE­RRA O PAC­TO EN­TRE LA FED Y EL BCE?

Las con­se­cuen­cias y el im­pac­to que la gue­rra de di­vi­sas, desata­da en­tre eu­ro y dó­lar y su re­per­cu­sión en las ex­por­ta­cio­nes, se ana­li­za en es­te ar­tícu­lo, don­de se apor­tan las cla­ves de la po­lí­ti­ca mo­ne­ta­ria fi­ja­da por la Re­ser­va Fe­de­ral y el BCE. Más que u

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - PORTADA - Ju­lio G. Se­quei­ros

El im­pac­to que la gue­rra de di­vi­sas trae­rá pa­ra las ex­por­ta­cio­nes y el co­mer­cio mun­dial es ana­li­za­do por el ca­te­drá­ti­co de Eco­no­mía Ju­lio Se­quei­ros. Apor­ta, ade­más, las cla­ves de la po­lí­ti­ca mo­ne­ta­ria que de­ter­mi­nan tan­to la Re­ser­va Fe­de­ral co­mo el BCE.

Du­ran­te la cri­sis eco­nó­mi­ca que he­mos atra­ve­sa­do han ocu­rri­do al­gu­nas ano­ma­lías, tan­to en los campos de la teo­ría co­mo en el de la historia eco­nó­mi­ca. Un buen ejem­plo tie­ne que ver con el mer­ca­do de di­vi­sas. En cri­sis an­te­rio­res, las ta­sas de cam­bio se uti­li­za­ron pa­ra aba­ra­tar las ex­por­ta­cio­nes, en­ca­re­cer las im­por­ta­cio­nes, sos­te­ner el ni­vel de em­pleo y ra­len­ti­zar las caí­das en la pro­duc­ción na­cio­nal. En otros tér­mi­nos, ex­por­tar la cri­sis in­ter­na a los ve­ci­nos, em­po­bre­cien­do a los so­cios co­mer­cia­les.

En la cri­sis que se ini­cia en el 2007 es­to no ha su­ce­di­do. En pri­mer lu­gar, una gran ma­yo­ría de paí­ses ca­re­cían ya de ese ins­tru­men­to de des­truc­ción ma­si­va. El eu­ro en­glo­ba a un nú­me­ro cre­cien­te de eco­no­mías en Eu­ro­pa y las gran­des eco­no­mías de Amé­ri­ca la­ti­na y del sud­es­te asiá­ti­co, tie­nen sus di­vi­sas an­cla­das al dó­lar ame­ri­cano. En se­gun­do lu­gar, ca­da vez pa­re­ce más evi­den­te que ha exis­ti­do un acuer­do (to­da­vía vi­gen­te) en­tre los ban­cos cen­tra­les —el de la eu­ro­zo­na y el de Es­ta­dos Uni­dos— pac­to que con­sis­ti­ría en una po­lí­ti­ca de bra­zos caí­dos fren­te a la evo­lu­ción que pu­die­ra te­ner la ta­sa de cam­bio en­tre el eu­ro y el dó­lar. En otras pa­la­bras, el BCE y la Re­ser­va Fe­de­ral mi­ran pa­ra el te­cho y de­jan que el mer­ca­do de­ter­mi­ne los pre­cios li­bre­men­te.

La po­lé­mi­ca so­bre la ade­cua­da for­ta­le­za que de­be­ría te­ner el dó­lar, so­bre to­do fren­te al eu­ro, ha si­do uno de los te­mas de tra­ba­jo en la re­cien­te reunión en Da­vos del Fo­ro Eco­nó­mi­co Mun­dial, en don­de se vol­vió a plan­tear otra vez es­ta cues­tión, pe­ro aho­ra en for­ma de ano­ma­lía. Vea­mos.

Con una in­fla­ción se­me­jan­te en­tre las dos áreas mo­ne­ta­rias, los ti­pos de in­te­rés son muy dis­pa­res. Mien­tras en Eu­ro­pa se es­tán mo­vien­do so­bre el 0,25 %, en Es­ta­dos Uni­dos lo ha­cen ya en la ban­da del 1,00 al 1,25 %. Es­ta di­fe­ren­cia po­dría pa­re­cer me­nor en tér­mi­nos ab­so­lu­tos pe­ro, en tér­mi­nos re­la­ti­vos, de­be­mos con­si­de­rar que en EE. UU. los ti­pos son cin­co ve­ces más ele­va­dos. Y es­te di­fe­ren­cial es­tá fun­da­men­ta­do en ma­yo­res ta­sas de cre­ci­mien­to, en una eco­no­mía al bor­de del pleno em­pleo y con al­gu­nas ten­den­cias in­fla­cio­nis­tas ya en el ho­ri­zon­te.

En un con­tex­to así, el pre­cio del dó­lar ten­dría que es­tar au­men­tan­do pa­ra be­ne­fi­ciar­se los in­ver­so­res eu­ro­peos de los ma­yo­res ti­pos de in­te­rés en Es­ta­dos Uni­dos. Pe­ro su­ce­de lo con­tra­rio. Des­de mar­zo del 2014 a mar­zo del 2017, el pre­cio de un dó­lar es­ta­ba es­ta­bi­li­za­do al­re­de­dor de 0,92 eu­ros. A par­tir de ese úl­ti­mo mes, el pre­cio del dó­lar dis­mi­nu­ye has­ta co­lo­car­se a prin­ci­pios del 2018 en 0,82 eu­ros (es de­cir, 1,22 dó­la­res por un eu­ro). En otras pa­la­bras, el dó­lar se aba­ra­tó cer­ca de un 15 % en es­tos úl­ti­mos me­ses. Cuan­do ten­dría, al me­nos teó­ri­ca­men­te, que en­ca­re­cer­se.

Es­ta ano­ma­lía se ex­pli­ca fá­cil­men­te al te­ner en cuen­ta el enor­me po­ten­cial ex­por­ta­dor de la eco­no­mía eu­ro­pea y la fra­gi­li­dad de la eco­no­mía ame­ri­ca­na en es­te te­rreno. Unos da­tos: La di­fe­ren­cia en­tre lo que Eu­ro­pa ven­de en el ex­te­rior y lo que com­pra (el sal­do por cuen­ta co­rrien­te) as­cien­de a un 3,4 % del PIB eu­ro­peo, una ci­fra po­si­ti­va y gi­gan­tes­ca. Sin em­bar­go, la si­tua­ción en Es­ta­dos Uni­dos es la con­tra­ria: com­pra en el ex­te­rior mu­cho más de lo que es ca­paz de ven­der en el ex­tran­je­ro y esa di­fe­ren­cia al­can­za el 2,4 % del PIB ame­ri­cano, ci­fra tam­bién gi­gan­tes­ca, pe­ro aho­ra con signo ne­ga­ti­vo.

En Da­vos tam­bién se uti­li­zó otro ar­gu­men­to: la co­ti­za­ción ac­tual del dó­lar (ex­pre­sa­do en eu­ros) no es nada ex­cep­cio­nal. Si to­ma­mos una se­rie lar­ga —por ejem­plo, des­de 1999 a la ac­tua­li­dad, ca­si 20 años— el va­lor ac­tual del dó­lar (en­tre 0,80 y 0,85 eu­ros) es­tá den­tro de los már­ge­nes de fluc­tua­ción ha­bi­tua­les en ese mer­ca­do y, en tér­mi­nos ge­ne­ra­les, se co­rres­pon­de con el pre­cio de equi­li­brio en el lar­go pla­zo. Di­cho de otra for­ma, el pre­cio del dó­lar es­tá hoy en don­de ya tie­ne es­ta­do va­rias ve­ces an­tes. No su­ce­de nada ra­ro.

Lo que sí es lla­ma­ti­vo es el efec­to ca­si des­pre­cia­ble que la ta­sa de cam­bio del eu­ro es­tá te­nien­do so­bre el co­mer­cio ex­te­rior eu­ro­peo, es­pa­ñol y gallego. Vea­mos. En pri­mer lu­gar, de­be­mos te­ner en cuen­ta que, des­de el 2007 a la ac­tua­li­dad (ex­cep­ción he­cha del 2009), el co­mer­cio mun­dial si­gue ex­pan­dién­do­se a ta­sas su­pe­rio­res al 4 % anual, so­bre to­do de­bi­do al em­pu­je de las eco­no­mías del sud­es­te asiá­ti­co. En es­te con­tex­to, el pe­so de la eu­ro­zo­na en el co­mer­cio mun­dial ha pa­sa­do de un 17,1 % en el 2007 a un 15,4 % en el 2017, a pe­sar de que en el pri­mer año se ex­por­ta­ron más de 1,23 bi­llo­nes de eu­ros y en el se­gun­do al­go más de 1,81 bi­llo­nes de eu­ros. Ci­fras muy su­pe­rio­res a la to­ta­li­dad del PIB es­pa­ñol. Es­ta pér­di­da de pe­so en el co­mer­cio mun­dial se dis­tri­bu­ye de for­ma muy de­sigual en la zo­na eu­ro. Mien­tras Ale­ma­nia y Es­pa­ña ba­ten má­xi­mos anua­les de ex­por­ta­ción, Ita­lia y Fran­cia se que­dan re­za­ga­das per­dien­do po­si­cio­nes en el co­mer­cio mun­dial.

El ca­so es­pa­ñol es es­pec­ta­cu­lar. En el 2007, Es­pa­ña ex­por­tó por va­lor de 185.000 mi­llo­nes de eu­ros, que eran ya 270.000 en el 2017, mul­ti­pli­can­do sus ex­por­ta­cio­nes por 1,5 % en el pe­río­do. Al mis­mo tiem­po, Es­pa­ña pa­sa de re­pre­sen­tar el 1,75 % de las ex­por­ta­cio­nes mun­dia­les a su­pe­rar li­ge­ra­men­te el 2 % en el 2017. En es­te desa­rro­llo tan ace­le­ra­do de las ex­por­ta­cio­nes es­pa­ño­las, el pa­pel de Ga­li­cia ha si­do muy re­le­van­te. A fi­na­les de los años no­ven­ta (an­tes de la en­tra­da en el eu­ro), Ga­li­cia no lle­ga­ba a apor­tar un 7 % de la ex­por­ta­ción es­pa­ño­la y, dos dé­ca­das des­pués, se si­túa ya en­tre el 8 y el 9 %. Has­ta el año 2007, el sal­do co­mer­cial ex­te­rior de Ga­li­cia era de­fi­ci­ta­rio. A par­tir de ese año, las ex­por­ta­cio­nes su­pe­ran a las im­por­ta­cio­nes, arro­jan­do sal­dos po­si­ti­vos cer­ca­nos a los 5.000 mi­llo­nes anua­les en la re­gión.

Aho­ra bien, ¿có­mo es po­si­ble que la ta­sa de cam­bio fren­te al dó­lar ame­ri­cano afec­te tan la­te­ral­men­te a las ex­por­ta­cio­nes eu­ro­peas? La ex­pli­ca­ción no es sim­ple. Por un lado, al­go más de la mi­tad del co­mer­cio ex­te­rior no se ve afec­ta­do por la ta­sa de cam­bio ya que ese rea­li­za den­tro de la eu­ro­zo­na. Por otro lado, una par­te muy im­por­tan­te del co­mer­cio mun­dial no son bie­nes fi­na­les sus­ti­tui­bles en­tre sí (por ejem­plo, na­ran­jas) sino que, por el con­tra­rio, son par­tes, pie­zas, y com­po­nen­tes que se fa­bri­can en un país y se en­sam­blan en otro. Por ejem­plo: las trans­mi­sio­nes de las fur­go­ne­tas Chrys­ler fa­bri­ca­das en Es­ta­dos Uni­dos se ex­por­ta­ban des­de una em­pre­sa en Vi­go. En es­te sen­ti­do, la glo­ba­li­za­ción de los pro­ce­sos pro­duc­ti­vos neu­tra­li­za las dis­tor­sio­nes que se pu­die­ran de­ri­var de al­te­ra­cio­nes en la ta­sa de cam­bio. Qui­zás es­ta sea la ex­pli­ca­ción al pac­to en­te la Re­ser­va Fe­de­ral y el BCE pa­ra de­jar las ta­sas de cam­bio fluc­tuar a su an­to­jo.

La for­ta­le­za que de­be­ría te­ner el dó­lar fren­te al eu­ro fue ana­li­za­da en la re­cien­te reunión de Da­vos

es ca­te­drá­ti­co de Eco­no­mía por la UDC.

ILUS­TRA­CIÓN: MABEL RO­DRÍ­GUEZ

Ju­lio Se­quei­ros

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