LAS CO­PAS TOP

RE­CO­RRE­MOS LAS TE­RRA­ZAS MÁS AL­TAS DE GA­LI­CIA

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: CA­RO­LI­NA DOMÍNGUEZ GON­ZÁ­LEZ-BE­SA­DA/ ALE­XAN­DRA MA­ZA / M.V.

HOY TO­CA SU­BIR ES­CA­LE­RAS pa­ra dis­fru­tar de una co­pa con vis­tas. A nues­tros pies La­xe, A Co­ru­ña o Vi­go. En la mano un buen cóc­tel mien­tras se es­con­de el sol. Nos va­mos a lo más al­to de Ga­li­cia, pe­ro tran­qui­los que con YES subís en as­cen­sor. Sin du­da, una ex­pe­rien­cia muy top.

Ir­de ca­ñas y ta­pear es ca­si una obli­ga­ción cuan­do lle­ga el ve­rano. Y co­mo en YES nos gus­tan los re­tos, va­mos a in­ten­tar to­car el cie­lo al mis­mo tiem­po. Por qué con­for­mar­se con to­mar al­go a ras de sue­lo si uno pue­de te­ner a sus pies las me­jo­res vis­tas de la ciu­dad, ver có­mo se po­ne el sol des­de una ubi­ca­ción pri­vi­le­gia­da o dis­fru­tar de un cóc­tel mien­tras char­las có­mo­da­men­te en un so­fá con los te­ja­dos de fon­do. Aní­ma­te a su­bir, por­que te ase­gu­ra­mos que se­rá una ex­pe­rien­cia de al­tu­ra.

VIS­TAS DE EN­SUE­ÑO

Una que pue­de pre­su­mir de vis­tas es­tá en la Cos­ta da Mor­te. Ha­ce unas se­ma­nas que se inau­gu­ró la azo­tea del Ho­tel Mar de La­xe, que abrió sus puer­tas el pa­sa­do mes de mar­zo. Un es­pa­cio am­plio des­de el que pue­des ob­te­ner la me­jor pa­no­rá­mi­ca de la pla­ya de La­xe y, si el tiem­po acom­pa­ña y an­das bien de la vis­ta, in­clu­so de Cor­me. Elena, Ma­nuel, Al­ba, El­vi­ra y Ma­ría son un gru­po de ami­gos que ve­ra­nean en es­te pue­blo pes­que­ro des­de que eran ni­ños y, aho­ra, tie­nen la opor­tu­ni­dad de di­ver­tir­se en es­ta nue­va te­rra­za to­do el ve­rano, un lu­jo que po­cos tie­nen y que ellos van a apro­ve­char to­do lo po­si­ble. «Co­mo abrió ha­ce unas po­cas se­ma­nas es­to es una gran no­ve­dad pa­ra no­so­tros. So­lo he­mos ve­ni­do un par de ve­ces, por­que aca­ban de em­pe­zar nues­tras vacaciones, pe­ro el ambiente cuan­do te sien­tas en una de sus me­sas es in­me­jo­ra­ble», cuen­ta Elena.

Es­ta azo­tea se en­cuen­tra en la quin­ta plan­ta de uno de los edi­fi­cios más al­tos de La­xe, por lo que la luz del sol es­tá ga­ran­ti­za­da du­ran­te to­do el día. «Una de las me­jo­res co­sas de es­te lu­gar son las vis­tas tan in­creí­bles que hay de la pla­ya. Lo más es­pe­cial que ofre­ce con di­fe­ren­cia es la pa­no­rá­mi­ca que tie­nes des­de aquí, es in­me­jo­ra­ble», ex­pli­ca Ma­ría mi­ran­do al ho­ri­zon­te.

Des­de que ha abier­to sus puer­tas se ha con­ver­ti­do en un si­tio ideal pa­ra re­la­jar­se, char­lar con los ami­gos, pa­sar un ra­to en­tre­te­ni­do con la fa­mi­lia o sim­ple­men­te pa­ra ir so­lo y dis­fru­tar de la cal­ma y tran­qui­li­dad que te ofre­ce acom­pa­ña­do de un ca­fé y un li­bro. Cris­ti­na Siei­ra, la res­pon­sa­ble de co­mu­ni­ca­ción del Ho­tel Mar de La­xe es­tá muy con­ten­ta con la gran aco­gi­da que es­tá te­nien­do el lo­cal. «Las ho­ras de ma­yor afluen­cia son las de la tar­de —abren a par­tir de las 14.30 ho­ras to­dos los días en ve­rano—. La gen­te vie­ne y dis­fru­ta de un buen ra­to al sol, y no­so­tros in­ten­ta­mos ha­cer que se en­cuen­tren lo me­jor po­si­ble», ex­pli­ca. ¿Por­que a quién no le ape­te­ce un mo­men­to de re­lax y di­ver­sión des­pués de una bue­na ce­na? Dis­fru­tar de un gin to­nic en co­pa de ba­lón con es­te pue­blo cos­te­ro ilu­mi­na­do a tus pies es otro de los mo­men­tos que te pue­de dar es­ta te­rra­za de la Cos­ta da Mor­te. Abren has­ta me­dia­no­che, así que si te das pri­sa con la ce­na la pri­me­ra co­pa se­rá por to­do lo al­to. «No­so­tros ha­ce unos días vi­ni­mos a úl­ti­ma ho­ra a to­mar unas co­pas y las vis­tas de no­che cam­bian com­ple­ta­men­te. Ver to­do el lu­gar ilu­mi­na­do y có­mo las lu­ces se re­fle­jan en el mar es una pa­sa­da», des­cri­be Ma­nuel.

Ellos no tar­da­ron en pro­bar. El­vi­ra ex­pli­ca que en cuan­to se en­te­ra­ron de que «con­tá­ba­mos con al­go así aquí en La­xe, no du­da­mos ni un mo­men­to en ir pa­ra pro­bar­la». Pue­den ir su­bien­do, que­da ofi­cial­men­te inau­gu­ra­da pa­ra YES.

De una re­cién inau­gu­ra­da nos va­mos a otra se­cre­ta. Nos co­la­mos en el NH A Co­ru­ña Cen­tro (an­ti­guo Hes­pe­ria) y lla­ma­mos a la puer­ta de la 802 (The Se­cret Room). En es­ta ha­bi­ta­ción re­con­ver­ti­da se ce­le­bran des­de cum­plea­ños has­ta rue­das de pren­sa. Cuen­ta con dos am­bien­tes, que ha­cen que la te­rra­za se pue­da

uti­li­zar tan­to en in­vierno co­mo en ve­rano. Ra­fael Be­ni­to, di­rec­tor del ho­tel, ex­pli­ca que la prin­ci­pal de­man­da son cum­plea­ños sor­pre­sa, co­mu­nio­nes e in­clu­so bo­das o pre­bo­das. «Es un es­pa­cio muy có­mo­do. Lo ideal es un even­to pa­ra 40 o 60 per­so­nas».

Eva tu­vo la opor­tu­ni­dad de dis­fru­tar de una ve­la­da allí ha­ce po­co, y afir­ma que no pu­do que­dar más en­can­ta­da con el lu­gar. «Acu­dí a una des­pe­di­da de una ami­ga que se mu­da­ba de ciu­dad y la ex­pe­rien­cia fue muy bue­na. Ha­bía cóc­te­les, ja­rras de mo­ji­to... Y en un lu­gar in­creí­ble, por­que es una te­rra­za muy aco­ge­do­ra. Pa­ra re­pe­tir sin du­da». Des­de la te­rra­za de la Se­cret Room se dis­tin­guen los te­ja­dos de Juan Fló­rez, pe­ro tam­bién las olas del Or­zán. Se­gui­mos en el ai­re.

El Gran Ho­tel Na­ga­ri en Vi­go es lo más cer­ca que es­ta­rás de ro­zar el cie­lo. Apre­ciar el atar­de­cer des­de una pis­ci­na in­fi­nity con vis­tas a la ría mien­tras te to­mas una co­pa es di­fí­cil de su­pe­rar. Su aper­tu­ra fue al­go muy no­ve­do­so, ya que en el 2010, cuan­do se inau­gu­ró, no ha­bía na­da pa­re­ci­do. «La gen­te no es­tá acos­tum­bra­da a to­mar­se al­go en la te­rra­za de un ho­tel sin ser hués­ped, y es­ta­mos crean­do ese há­bi­to», cuen­ta Ro­cío Porto, una de las res­pon­sa­bles del ho­tel. Es­ta azo­tea es el lu­gar per­fec­to pa­ra ha­cer una pa­ra­da des­pués de ce­nar. Los vi­gue­ses lo sa­ben y lo apro­ve­chan al má­xi­mo. «Vie­ne mu­cha más gen­te de la ciu­dad que hués­pe­des del ho­tel», apun­ta Ro­cío. No hay lí­mi­te de edad, jó­ve­nes de 18 y has­ta ju­bi­la­dos vi­si­tan es­ta te­rra­za. «Sue­le ha-

ber mu­cho ambiente, es­tá guay pa­ra ir con tu pa­re­ja, pe­ro tam­bién con tus ami­gos», afir­ma Mar­ta, una clien­ta ha­bi­tual. Y la mú­si­ca acom­pa­ña al mo­men­to, in­die por la tar­de y co­mer­cial (pa­ra bai­lar) cuan­do cae la no­che. «A par­tir de las do­ce y me­dia es cuan­do me­jor se es­tá, la gen­te se ani­ma mu­cho y bai­la», con­fir­ma Mar­ta. Dai­qui­ris, mo­ji­tos, com­bi­na­dos... no fal­ta na­da. Si quie­res pe­tar­lo en Instagram tie­nes que su­bir tu fo­to en la te­rra­za del Na­ga­ri.

RUM­BO AL NOR­TE

Y de Vi­go ate­rri­za­mos en A Co­ru­ña. Co­mo­di­dad en los so­fás, una co­pa fres­qui­ta, mú­si­ca ambiente y por su­pues­to bue­nas vis­tas. ¿Qué más se pue­de pe­dir? La tran­qui­li­dad lle­va el nom­bre de es­te es­pa­cio de al­tu­ra. La te­rra­za del Ho­tel Pla­za lle­va tres años dán­do­le al edi­fi­cio el to­que más chic. «Era al­go que no era muy ha­bi­tual en A Co­ru­ña, nos ve­nía muy bien pa­ra com­ple­tar la ofer­ta del ho­tel y pa­ra ofre­cer al­go ex­clu­si­vo», ex­pli­ca Da­niel Val, uno de los res­pon­sa­bles.

Pe­ro... ¿Por qué en Madrid o Bar­ce­lo­na hay tan­tos sky­bar y aquí es­ca­sean? Da­niel cree te­ner la res­pues­ta: «Por el clima. Has­ta que no de­ci­di­mos cu­brir la te­rra­za tu­vi­mos mu­chos pro­ble­mas, por­que la mi­tad de las ve­ces es­tá llo­vien­do», afir­ma. Ofre­cen snacks, co­mi­da de la mano de Luis Vei­ra y unos cóc­te­les pa­ra mo­rir­se. «El mo­ji­to es un éxi­to ase­gu­ra­do, es lo que más se ven­de, y de las co­pas, los gin to­nics —in­di­ca Da­niel— aun­que siem­pre es­ta­mos in­no­van­do y crean­do co­sas nue­vas. Qui­que, el bar­man del

sky­bar co­ru­ñés, lo ha­ce en vivo y en di­rec­to pa­ra los asis­ten­tes».

La te­rra­za es­tá abier­ta a to­do el pú­bli­co, so­lo tie­nes que su­bir a la no­ve­na plan­ta de sie­te a do­ce y em­pe­zar a dis­fru­tar. Si le quie­res po­ner el pun­to li­te­ra­rio a la ex­pe­rien­cia, en­ton­ces no te pier­das el cóc­tel de le­tras el úl­ti­mo jue­ves de ca­da mes, un even­to en el que in­vi­tan a un es­cri­tor pa­ra con­ver­sar con él so­bre su li­bro. «El me­jor ambiente es el de las 9 de la no­che», con­fie­sa Da­niel. La at­mós­fe­ra que se crea a esa ho­ra es muy re­la­ja­da, te in­vi­ta a to­mar una co­pa y ol­vi­dar­te de to­do. Y la luz tam­bién acom­pa­ña, mien­tras va ba­jan­do tu va­so, el sol de­ja pa­so a la lu­na pa­ra ter­mi­nar el día de la me­jor ma­ne­ra. Pe­ro re­cuer­da, has­ta que no co­jas el as­cen­sor, tú se­gui­rás en las nu­bes.

FO­TO: ANA GAR­CÍA

FO­TO: ÁN­GEL MAN­SO

FO­TO: ÁN­GEL MAN­SO

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