MENUDAS VA­CA­CIO­NES

TO­DO UN VE­RANO AZUL CON LOS YAYOS Son im­pres­cin­di­bles hoy en día tan­to co­mo el mó­vil. Gra­cias a los abue­los, mu­chos ni­ños han dis­fru­ta­do de los me­jo­res cui­da­dos y de un ve­rano de diez. Aquí la me­jor re­mu­ne­ra­ción les lle­ga en for­ma de mu­cho ca­ri­ño

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: YO­LAN­DA GAR­CÍA

ABUE­LOS Y NIE­TOS RE­CUER­DAN UN VE­RANO LLENO DE ALE­GRÍA

El ve­rano vuela con los abue­los, so­bre to­do cuan­do hay cam­po pa­ra co­rrer sin pa­rar y otros ni­ños pa­ra ju­gar. En Vi­la­de­su­so (Cervo), en la Ca­sa de Os Ca­xo­tos, las va­ca­cio­nes son co­mo un par­que de aven­tu­ras ru­ral-ru­ral. Lau­ra, Aro­la, Sa­ra, Lu­cía y Da­vid, de en­tre 6 y 13 años, son los pri­mos que se jun­tan ca­da ve­rano en ca­sa de los abue­los. Las dos pri­me­ras re­si­den en A Co­ru­ña y los otros tres en Na­rón (Fe­rrol). Los vi­si­ta­mos cuan­do pre­pa­ran con sus pa­dres el re­gre­so a ca­sa. Mu­chos be­sos y un abra­zo de oso a Jo­se­fa Va­lle Cos­ta y a An­to­nio Díaz Gon­zá­lez, sus abue­los. Se me­re­cen es­ta despedida tan cá­li­da, y mu­cho más, tras un ve­rano cui­dán­do­los, mi­mán­do­los en es­te pa­raí­so es­ti­val. ¡Ay! ¡Qué ha­ría­mos sin los abue­los de Vi­la­de­su­so!, pien­san los pro­ge­ni­to­res. «Es­tar sin los pa­pás mo­la mu­cho. A ver, por­que los abue­los te per­mi­ten mu­chas más co­sas que los pa­dres», son­ríe la ma­yor del gru­po, Lau­ra. «Lo que más nos gus­ta es que es­ta­mos to­do el día en el cam­po con los ani­ma­les», ex­pli­ca Sa­ra. De he­cho, ca­da uno tie­ne aquí su pro­pio ga­to y el ben­ja­mín, Da­vid, un pe­rro. Jue­gan al es­con­di­te, al ba­lon­ces­to o quedan con otros ni­ños de la al­dea. «En­cón­tran­se cos ne­nos do lu­gar e xo­gan to­dos xun­tos. Pa­re­ce­mos os de Ve­rano azul... Coma os de Ve­rano

azul!», ex­cla­ma la abue­la. Sin de­jar de men­cio­nar el cur­so de agri­cul­tu­ra ace­le­ra­do que re­ci­ben ca­da ve­rano, ayu­dan­do en las ta­reas de la huerta fa­mi­liar. No es tra­ba­jo. Pa­ra ellos es aven­tu­ra es­pe­cial.

«COBRAMOS EN CA­RI­ÑO»

Jo­se­fa tie­ne ma­ña en la cocina. Y los nie­tos, a la me­jor chef. Lau­ra no se de­ci­de por su pla­to fa­vo­ri­to: «Es que ha­ce tan­tas co­mi­das bien...». Lu­cía, Aro­la y Sa­ra coin­ci­den: «Gui­so de merluza». Pe­ro lo que más sor­pren­de es el gus­to de Da­vid: «¡El bró­co­li!». «Eu fá­go­lles de co­mer pe­ro o de­mais fano eles. Non dan que fa­cer». De he­cho, los abue­los creen que sa­len ga­nan­do más ellos con es­te in­ter­cam­bio va­ca­cio­nal. «Es­ta­mos máis con­ten­tos con eles ca sen eles. Es­ta­mos moi­to me­llor e máis ac­ti­vos», di­ce Jo­se­fa. «Can­do mar­chan es­ta­mos co­mo atro­fia­dos», re­pli­ca An­to­nio. La re­mu­ne­ra­ción por ser­vi­cios de «guar­de­ría» en es­te ca­so to­ca al co­ra­zón. «Cobramos en ca­ri­ño», se­ña­la la abue­la, quien re­co­no­ce lo di­fe­ren­te que es criar hi­jos y criar nie­tos: «Ago­ra só tes a preo­cu­pa­ción de aten­de­los e go­zar de­les». «Eu que­ro que ve­ñan to­dos xun­tos por­que pá­sano me­llor», fi­na­li­za ella.

Tras es­te día de despedida, no pa­sa­rá mu­cho sin que los ni­ños les pre­gun­ten a sus pa­dres, con esa in­sis­ten­cia in­fan­til tan ha­bi­tual: «¿Cuán­do va­mos a ir a Cervo?, ¿Cuán­do va­mos a ir a Cervo?...». Ele­men­tal.

Aho­ra le to­ca el turno de pa­la­bra a Ra­quel de Arri­ba Pas­tor, ma­dre de Lau­ra y Aro­la: «Ellas son afor­tu­na­das por­que, cla­ro, no to­dos los ni­ños tie­nen al­dea. Cuan­do vie­nen aquí sa­ben que tie­nen una ca­li­dad de vi­da dis­tin­ta. ¡Y no to­dos los abue­los aguan­tan a cin­co nie­tos... así de gol­pe!», re­co­no­ce.

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