LAS ME­JO­RES CA­FE­TE­RÍAS

Por­que en es­tos lo­ca­les, ade­más del ca­fé, te dan un buen me­nú. Recorremos esos ba­res en los que la cocina es de res­tau­ran­te. De pla­to y has­ta con recetas in­ter­na­cio­na­les, sal­drás de aquí con ga­nas de re­pe­tir

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: ALE­XAN­DRA N. S. / S. F., CAR­LOS CRES­PO, MARTA VÁZ­QUEZ, MA­RÍA GA­RRI­DO

RECORREMOS LAS QUE TIE­NEN

COCINA DE RES­TAU­RAN­TE

Que no te lle­ven al huer­to. Es­tos lo­ca­les se­rán ca­fe­te­rías, pe­ro den­tro se co­me igual que en un res­tau­ran­te. Apún­ta­te a es­ta ru­ta en la que la cocina co­bra pro­ta­go­nis­mo y el po­ci­llo pa­sa a for­mar par­te del pos­tre.

DE ITA­LIANO EN A CO­RU­ÑA

Raúl Váz­quez iba en bus­ca de un es­ta­ble­ci­mien­to an­ti­guo a la vez que co­no­ci­do pa­ra mon­tar una ca­fe­te­ría. Tras mu­cho es­fuer­zo, con­si­guió el si­tio que tan­to tiem­po lle­va­ba bus­can­do, el Gran Cru Ca­fé La Can­te­ra. «Nos cos­tó mu­cho con­se­guir es­te lo­cal, nos lo qui­ta­ron por­que otros die­ron una ofer­ta me­jor que la nues­tra. Pe­ro lue­go Pe­pín, el due­ño, vio có­mo tra­ba­já­ba­mos y de­ci­dió que nos lo de­bía­mos que­dar», de­fien­de. Es­te lu­gar tie­ne mu­cha his­to­ria, ya que des­de el año 1953 es­tu­vo re­gen­ta­do por Adolfo y Pe­pín, pa­dre e hi­jo que cui­da­ron siem­pre la aten­ción del lo­cal y lo con­vir­tie­ron en un re­fe­ren­te co­ru­ñés. Raúl ha­ce so­lo tres años que em­pe­zó su an­da­du­ra en él. «En es­te tiem­po he he­cho mo­go­llón de ami­gos nue­vos, lo que más me gus­ta de tra­ba­jar aquí es que me di­vier­to mu­cho con la gen­te», re­la­ta. Los pri­me­ros clien­tes lle­gan a las 8 de la ma­ña­na, «al­gu­nos es­tán aquí an­tes que yo, me ayu­dan has­ta a mon­tar la te­rra­za», ase­gu­ra rién­do­se. Los úl­ti­mos aban­do­nan la ca­fe­te­ría a las do­ce de la no­che, es un no pa­rar.

Es­te má­gi­co lu­gar em­pe­zó co­mo una ca­fe­te­ría, pe­ro su so­cia, de fa­mi­lia uru­gua­ya, te­nía en el país gau­cho un res­tau­ran­te ita­liano. «Fue así co­mo em­pe­za­mos tam­bién a in­cor­po­rar la co­mi­da en nues­tra car­ta», sos­tie­ne. La gen­te vie­ne a es­ta ca­fe­te­ría pa­ra co­mer unos pla­tos es­pe­cí­fi­cos. Los ca­ne­lo­nes con es­pi­na­cas y lan­gos­ti­nos y la pas­ta con tu­co se lle­van la pal­ma. «Es­te ti­po de recetas so­lo las en­cuen­tran aquí», se­ña­la. Apar­te de la co­mi­da, el desayuno es pa­ra pro­bar­lo. Su se­cre­to del éxi­to es tos­tar el ca­fé ca­da ma­ña­na, y acom­pa­ñar esa be­bi­da con un buen crua­sán no tie­ne pre­cio. Las tar­tas tam­bién son su es­pe­cia­li­dad. Si con to­do es­to to­da­vía no te han con­ven­ci­do, cuen­tan que tam­bién rea­li­zan ca­tas de vino y ex­po­nen las obras de ar­tis­tas emer­gen­tes. El si­tio lo va­le.

WOK EN VILAGARCÍA

Con ape­nas un mes de vi­da, ubi­ca­do el nue­vo trián­gu­lo co­ol de Vilagarcía (rúa Va­len­tín Vi­quei­ra), ya ha te­ni­do El Tras­te­ro que re­de­fi­nir en par­te su pro­pues­ta. Con­ci­bie­ron Da­vid Ji­mé­nez y Je­sús Lind­ner —dos hos­te­le­ros cur­ti­dos en la es­ce­na noc­tám­bu­la lo­cal— El Tras­te­ro co­mo un es­pa­cio de lar­go re­co­rri­do en el que tu­vie­ra ca­bi­da el desayuno, el ca­fé, las cer­ve­zas y la pri­me­ra co­pa, con la cocina co­mo com­ple­men­to. Hoy reconocen que lo que ellos pre­su­mían com­ple­men­to se ha con­ver­ti­do en el eje cen­tral de su ofer­ta. «Es la car­ta la que nos es­tá mar­can­do el ca­mino del lo­cal», ad­mi­ten, no sin cier­ta sa­tis­fac­ción. Y lo de la sa­tis­fac­ción es­tá jus­ti­fi­ca­do, por­que su pro­pues­ta culinaria, sin lle­gar a ser rompe­dora, sí que to­ma el ries­go de ale­jar­se del tan re­cu­rren­te so­ta, ca­ba­llo y rey.

Sus­ten­ta­da siem­pre que pue­de en el pro­duc­to fres­co y de pro­xi­mi­dad, la car­ta ha­ce alar­de de con­cre­ción y tino. Muy pre­sen­tes las ver­du­ras —siem­pre del día—, que se con­sa­gran en el wok o en reconfortantes en­sa­la­das. Los hue­vos es­tre­lla­dos me­re­cen sec­ción pro­pia. Al igual que las pa­pas, el pro­duc­to más de­man­da­do en es­tas pri­me­ras se­ma­nas jun­to a las cre­pes de ma­ris­co y de pul­po y las tres va­rie­da­des de ham­bur­gue­sas, pura de­li­ca­te­sen. Añá­dan­le la cro­ca a la bra­sa, el tar­tar de agua­ca­te con sal­món o la fon­due de par­me­sano y ya se pue­den ir ha­cien­do a la idea. Pa­ra com­ple­tar­la, en un par de se­ma­nas arran­can tam­bién con un me­nú del día se­ma­nal con­ver­ti­ble en pla­to úni­co.

«Por mu­cho pe­so que ten­ga la cocina no so­mos ni va­mos a ser un res­tau­ran­te», pun­tua­li­za Da­vid Ji­mé­nez. Ni fal­ta que ha­ce. Ex­qui­si­ta­men­te de­co­ra­do, El Tras­te­ro na­ció con otra vo­ca­ción a la que no tie­ne in­ten­ción de re­nun­ciar. Qui­zá ahí ra­di­ca uno de sus gran­des atrac­ti­vos. El de lu­cir con ele­gan­te dis­cre­ción a cual­quier ho­ra del día y ador­nar­se al me­dio­día y por la no­che con la fan­ta­sía de su cocina. Fan­ta­sía que pue­de cul­mi­nar, por su­pues­to, con un ex­qui­si­to ca­fé.

EN OU­REN­SE, AL TRI­BU­NAL

Tri­bu­nal es mu­cho más que una ca­fe­te­ría. El es­ta­ble­ci­mien­to, que se pu­so en mar­cha en el 2017, po­co des­pués de que a po­cos me­tros se inau­gu­ra­sen los nue­vos juz­ga­dos de la ca­pi­tal de As Bur­gas —eso ex­pli­ca su nom­bre— arran­có con la in­ten­ción de ser

FO­TO: VITOR MEJUTO

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