O Car­ba­lli­ño en el olfato

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - AL LORO -

JUAN CAR­LOS MAR­TÍ­NEZ | La memoria pro­fun­da, don­de se guar­dan imá­ge­nes que creía­mos bo­rra­das ha­ce años, se des­pier­ta so­bre to­do con el olfato. Lo ha­brán es­tu­dia­do los neu­ró­lo­gos, pe­ro en la li­te­ra­tu­ra, las lec­cio­nes so­bre es­ta re­la­ción en­tre la na­riz y la in­fan­cia le­ja­na las dio so­bra­da­men­te Mar­cel Proust. En la memoria pro­fun­da, O Car­ba­lli­ño hue­le a ra­mi­tas de pino cor­ta­das con na­va­ja pa­ra pin­char­las en tie­rra y cons­truir con ellas un fuer­te del Oes­te, en un cam­po que em­pe­za­ba a ama­ri­llear. Era agos­to y las pi­ñas es­ta­lla­ban en las ra­mas. Ha­rá de es­to más de me­dio si­glo. Aho­ra O Car­ba­lli­ño no hue­le así; ha­ce frío, y el Aren­tei­ro suel­ta un aro­ma a men­ta fres­ca que, si Col­ga­te fue­ra ca­paz de atra­par­lo, ha­ría el den­tí­fri­co del si­glo.

La ciu­dad pa­re­ce he­cha pa­ra el pa­seo; en po­cas par­tes se pal­pa un res­pe­to tan evi­den­te ha­cia el ar­bo­la­do, con­ta­gio, se­gu­ra­men­te, del ex­tra­or­di­na­rio par­que mu­ni­ci­pal, uno de los me­jo­res de Ga­li­cia. Hay que com­pro­bar­lo en­tran­do en los jar­di­nes del bal­nea­rio y con­ti­nuar des­pués por el mu­ni­ci­pal. Más de cien es­pe­cies de ár­bo­les, al­gu­nos exó­ti­cos y ra­ros, co­mo el eu­ca­lip­to de pan­tano que los su­pera a to­dos en al­tu­ra, te obli­gan a ca­mi­nar mi­ran­do pa­ra arri­ba; no hay que preo­cu­par­se por pa­re­cer un ton­to bus­can­do bios­bar­dos. Si el re­co­rri­do re­sul­ta cor­to, se si­gue río aba­jo por el pa­seo de los Pa­tos has­ta el mo­lino de As Lou­sas y el par­que et­no­grá­fi­co.

De vuel­ta a la vi­lla, a me­dio­día, no hue­le a men­ta ni a pino, sino a pul­po en ebu­lli­ción. Obe­dez­can a su na­riz y cá­ten­lo con un vino de ce­pa vie­ja de los que ha­cen aquí. Lue­go po­drán ha­blar de lo que es la ex­ce­len­cia.

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