«Las ópe­ras rock de los 70 hoy no sor­pren­de­rían a nadie»

ES DE LAR­GO EL MU­SI­CAL MÁS LON­GE­VO EN CAR­TEL EN ES­PA­ÑA. «MAM­MA MÍA!» SE ES­TRE­NÓ HA­CE 12 AÑOS EN MA­DRID Y DES­DE EN­TON­CES NI­NA, EN LA PIEL DE DON­NA, TRA­TA DE DES­TE­JER, EN­TRE CAN­CIÓN Y CAN­CIÓN DE AB­BA, UN EN­RE­DO SO­BRE QUIÉN ES EL PA­DRE DE SU HI­JA

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA -

CAR­LOS CRES­PO | Las ci­fras abru­man así que qui­zá na­da mejor que la aus­te­ra es­ta­dís­ti­ca pa­ra ex­pre­sar la di­men­sión de un fe­nó­meno que ha lle­ga­do a tras­cen­der más allá de lo mu­si­cal. Más de dos mi­llo­nes de per­so­nas han vis­to Mam­ma Mía! en Es­pa­ña des­de su es­treno en el año 2004. Si am­plia­mos el ám­bi­to de co­ber­tu­ra a las 440 ciu­da­des en las que se ha re­pre­sen­ta­do, la ci­fra as­cien­de a 54 mi­llo­nes de es­pec­ta­do­res. Lo que, en es­ti­ma­cio­nes de la pro­duc­to­ra, ha ge­ne­ra­do un vo­lu­men de ne­go­cio en ta­qui­lla de dos bi­llo­nes de dó­la­res.

Cier­to es que a es­ta lon­ge­vi­dad en es­ce­na del mu­si­cal no ha si­do aje­na la exi­to­sa pe­lí­cu­la que so­bre el mis­mo li­bre­to, con las mis­mas can- cio­nes y el mis­mo tí­tu­lo, se es­tre­nó en el 2008, con Meryl Streep en­ca­be­zan­do el re­par­to. Pe­ro no lo es me­nos que ya pa­ra en­ton­ces Mam­ma

Mía! ha­bía al­can­za­do la ca­te­go­ría de fe­nó­meno has­ta el pun­to de que en paí­ses co­mo Es­pa­ña es con­si­de­ra­do el mu­si­cal que reorien­tó un gé­ne­ro que Dis­ney y sus su­ce­dá­neos ha­bían bas­cu­la­do ha­cia un pú­bli­co de ca­rác­ter in­fan­til. O, co­mo gus­ta de lla­mar­se aho­ra, fa­mi­liar.

Tras re­pre­sen­tar­se inin­te­rrum­pi­da­men­te du­ran­te sie­te tem­po­ra­das, Mam­ma Mía! des­apa­re­ció de la car­te­le­ra es­pa­ño­la en el 2011. Has­ta el pa­sa­do no­viem­bre, en el que el teatro Tí­vo­li de Bar­ce­lo­na aco­gió el ini­cio de una se­gun­da eta­pa y de una nue­va gi­ra que el mu­si­cal asu­me con un elen­co re­no­va­do pe­ro, eso sí, de nue­vo con Ni­na en su pa­pel pro­ta­go­nis­ta.

La can­tan­te ca­ta­la­na re­co­no­ce que des­de el pri­mer mo­men­to tu­vo cla­ro que si

Mam­ma Mía! te­nía una se­gun­da vi­da, ella que­ría es­tar ahí. «Du­ran­te 34 años de ofi­cio he te­ni­do el pri­vi­le­gio de par­ti­ci­par en pro­gra­mas de te­le­vi­sión de gran éxi­to y en mu­si­ca­les de gran ca­li­dad, pe­ro Mam­ma Mía! es la ex­pe­rien­cia ar­tís­ti­ca más im­por­tan­te de mi ca­rre­ra». —¿Qué le lle­va a tan ro­tun­da ase­ve­ra­ción?

—Pri­me­ro, por­que no es fá­cil pa­ra un ac­tor es­pa­ñol es­tar en una pro­duc­ción in­ter­na­cio­nal y tra­ba­jar con un equi­po co­mo el de Mam­ma

Mía! Y se­gun­do, por­que lo que el pú­bli­co me ha he­cho lle­gar de su ex­pe­rien­cia con es­te mu­si­cal no tie­ne pre­cio. Y es­to no me ha pa­sa­do con nin­gún otro es­pec­tácu­lo.

—Do­ce años dan mu­cha pers­pec­ti­va. ¿Ha lle­ga­do a al­gu­na con­clu­sión res­pec­to a las ra­zo­nes del por qué del fe­nó­meno «Mam­ma Mía!»?

—Ha­ce do­ce años es cier­to que no te­nía res­pues­ta a esa pre­gun­ta. Aho­ra sí. Y es la que me dan los es­pec­ta­do­res que vie­nen a ver­nos: que

Mam­ma Mía! ge­ne­ra ilu­sión, buen ro­llo, que en­tras en el teatro con un es­ta­do de áni­mo y sa­les con otro. Tan sen­ci­llo co­mo eso.

—¿Has­ta qué pun­to el éxi­to de la pe­lí­cu­la ha con­di­cio­na­do la vi­da del mu­si­cal?

—Cuan­do se es­tre­nó la pe­lí­cu­la el mu­si­cal ya lle­va­ba nue­ve años de éxi­to en Lon-

dres y se ha­bía es­tre­na­do en una do­ce­na de paí­ses. Así que to­do ha­ce pen­sar que sin la pe­lí­cu­la Mam­ma Mía! ha­bría si­do igual­men­te un fe­nó­meno so­cial. Pe­ro es cier­to que la pe­lí­cu­la ayu­dó. Lo es­toy no­tan­do aho­ra. Mu­cha gen­te vie­ne por­que ha vis­to la pe­lí­cu­la. Y des­pués de ver am­bos, to­dos se que­dan con la obra de teatro.

—¿Y a us­ted có­mo le in­flu­yó ver en la pan­ta­lla al per­so­na­je de Don­na que hi­zo Meryl Streep?

—Co­mo yo hi­ce el mu­si­cal an­tes que ella la pe­lí­cu­la no me in­flu­yó. Pe­ro en otras oca­sio­nes, co­mo en Ca­ba­ret, sí hi­ce el mu­si­cal cuan­do ya exis­tía la pe­li y no, no he to­ma­do nun­ca co­mo re­fe­ren­cia el tra­ba­jo de otras ac­tri­ces.

—¿Có­mo han evo­lu­cio­na­do el es­pec­tácu­lo, el per­so­na­je y us­ted en es­tos do­ce años?

—He­mos evo­lu­cio­na­do de for­ma bas­tan­te pa­re­ja. Evi­den­te­men­te yo aho­ra, con 50 años, no pue­do ver el per­so­na­je de la mis­ma ma­ne­ra que cuan­do te­nía 38. Es­toy más tran­qui­la, he ma­du­ra­do mu­cho. Y eso se re­fle­ja en una Don­na me­nos his­trió­ni­ca, me­nos asus­ta­da, me­nos en- fa­da­da con la vi­da, con más sen­ti­do del hu­mor, más tier­na... Más de vuel­ta de to­do. Yo creo que es una Don­na más atrac­ti­va.

—Us­ted ha es­cri­to un li­bro, «Con voz pro­pia», en el que ha­bla de la fun­ción so­cial del ofi­cio de ac­triz y can­tan­te. ¿Cuál es, o cuál de­be­ría ser, esa fun­ción?

—La pri­me­ra es ha­cer re­fle­xio­nar. No en el sen­ti­do que a prio­ri po­dría­mos en­ten­der, sino en el de pro­vo­car una sa­cu­di­da, sea in­te­lec­tual o emo­cio­nal. Mam­ma Mía!, por ejem­plo, co­nec­ta con la par­te más vi­tal del ser hu­mano. Me he en­con­tra­do con per­so­nas que es­ta­ban pa­san­do por un mo­men­to com­pli­ca­do a ni­vel per­so­nal o pro­fe­sio­nal y des­pués de ver el mu­si­cal han pe­ga­do un pu­ñe­ta­zo en la me­sa y han di­cho «bas­ta, voy a cam­biar mi si­tua­ción». Y eso tan po­ten­te, que al­guien sea ca­paz de de­ter­mi­nar que al­go tie­ne que cam­biar den­tro de él pa­ra va­riar el rum­bo de su vi­da, for­ma par­te de esa fun­ción so­cial de nues­tro ofi­cio de la que ha­blo.

—¿Cree que quie­nes nos go­bier­nan son cons­cien­tes de esa fun­ción so­cial?

—De­be­rían ser­lo. Por­que cuan­do se pro­du­ce una ma­ni­fes­ta­ción cul­tu­ral, sea del ti­po que fue­re, uno co­nec­ta con la par­te más vi­tal y más esen­cial de su ser. Y eso le ha­ce cre­cer y to­mar de­ci­sio­nes que van a con­tri­buir a su me­jo­ra in­di­vi­dual y, por tan­to, a la me­jo­ra co­lec­ti­va. Y eso es fun­da­men­tal que lo en­ten­da­mos to­dos. Y los pri­me­ros, los po­lí­ti­cos.

—En el 2011 pro­ta­go­ni­zó un mu­si­cal que lle­va­ba el elo­cuen­te tí­tu­lo «De Broad­way al Pa­ra­le­lo». ¿Có­mo ha ido evo­lu­cio­nan­do el gé­ne­ro a lo lar­go de su his­to­ria?

—El pri­mer mu­si­cal se hi­zo en Broad­way en 1886. En Es­pa­ña lo más pa­re­ci­do que tu­vi­mos en nues­tros orí­ge­nes fue la zar­zue­la. El mu­si­cal, co­mo tal, nos lle­ga en los 70 con Je­su­cris­to

Su­pers­tar y con Evi­ta. Pe­ro fue a par­tir del 2000 cuan­do se em­pe­zó a con­so­li­dar gra­cias a la va­len­tía de una se­rie de pro­duc­to­ras que de­ci­die­ron aven­tu­rar­se en un gé­ne­ro muy, muy arries­ga­do en un país en el que no hay in­dus­tria cul­tu­ral. Hoy los mu­si­ca­les cuen­tan con un pú­bli­co muy fi­de­li­za­do y, no sé si ya po­de­mos ha­blar de tra­di­ción pro­pia, pe­ro sí de una tra­di­ción arrai­ga­da y muy con­so­li­da­da en es­te país.

—En los años do­ra­dos del gé­ne­ro mú­si­cos co­mo Co­le Por­ter, los her­ma­nos Gersh­win, Leo­nard Berns­tein, o di­rec­to­res co­mo Or­son We­lles ha­cían mu­si­ca­les. ¿No sien­te en­vi­dia de aque­lla épo­ca?

—¡Buah! Era im­pre­sio­nan­te. Ima­gi­na la ven­ta­ja que nos lle­van. No se pue­de com­pa- rar. Pe­ro aquí en muy po­cos lus­tros se ha he­cho un muy buen tra­ba­jo. En Ca­ta­lu­ña la pri­me­ra es­cue­la de teatro mu­si­cal na­ció en 1995. Y hoy ya hay unas hor­na­das de ac­to­res jó­ve­nes que can­tan, bai­lan e in­ter­pre­tan que son fan­tás­ti­cos. Eso era lo pri­me­ro que ne­ce­si­tá­ba­mos.

—Aque­llos pri­me­ros mu­si­ca­les de los 70 que ci­ta eran ra­di­cal­men­te trans­gre­so­res. ¿Cree que hoy, en es­te es­ta­do de apa­ren­te li­ber­tad en el ám­bi­to de la cul­tu­ra, se­ría po­si­ble ha­cer al­go pa­re­ci­do?

—Aque­llas ópe­ras rock fue­ron muy trans­gre­so­ras no so­lo aquí sino en to­do el mun­do. Lloyd Web­ber ahí rom­pió mu­chos es­que­mas. En Es­pa­ña fue más im­pac- tan­te por­que es­tá­ba­mos sa­lien­do del fran­quis­mo y es­tá­ba­mos acos­tum­bra­dos a ver so­lo lo que Te­le­vi­sión Es­pa­ño­la nos de­ja­ba ver. Hoy ya no ge­ne­ra­rían aque­lla sor­pre­sa en nadie por­que cul­tu­ral­men­te es­ta­mos a otro ni­vel y te­ne­mos el mun­do a un clic. Creo que es­tá bien que sur­jan otros con­cep­tos y que el gé­ne­ro va­ya evo­lu­cio­nan­do.

—¿Una evo­lu­ción en la que se im­po­ne lo es­cé­ni­co?

—Hay de to­do. Hay mu­si­ca­les co­mo El Rey León en los que lo es­cé­ni­co tie­ne más pe­so. Pe­ro hay otros co­mo

Billy Elliot en lo que lo que pri­ma es la his­to­ria y el ta­len­to de sus pro­ta­go­nis­tas.

—En Es­pa­ña se han he­cho mu­si­ca­les de Me­cano, Hom­bres G, Sa­bi­na... ¿De quién nos fal­ta un mu­si­cal?

—Un mu­si­cal con can­cio­nes de Se­rrat no es­ta­ría na­da mal. O tam­bién de mu­je­res in­tér­pre­tes, co­mo Ana Be­lén, Luz Ca­sal... His­to­rias pa­ra hil­va­nar un mu­si­cal hay mu­chas. Y no siem­pre hay por qué re­cu­rrir so­lo a las can­cio­nes.

—¿A qué mu­si­cal le di­ría aho­ra mis­mo que sí con los ojos ce­rra­dos?

—A Sun­set Bou­le­vard. Y ya voy te­nien­do la edad pa­ra ha­cer­lo. Así que si hay al­gún pro­duc­tor que se lan­ce que se­pa que la ac­triz ya la tie­ne.

—De un bre­ve re­pa­so por los hi­tos de su tra­yec­to­ria ar­tís­ti­ca, la pri­me­ra es­ca­la se­ría Xa­vier Cugat. ¿Qué sig­ni­fi­có pa­ra us­ted ese en­cuen­tro?

—Mi vi­da pro­fe­sio­nal no ha­bría si­do la que ha si­do sin ese pri­mer em­pu­jón.

—¿Cree que de vi­vir hoy Cugat fir­ma­ría mu­si­ca­les?

—Qui­zá sí. Él siem­pre tu­vo es­tre­chos víncu­los con la mú­si­ca co­mer­cial de Es­ta­dos Uni­dos. Así que ¿por qué no?... Por cier­to, me aca­bas de dar una idea. Se po­dría ha­cer un gran mu­si­cal so­bre su vi­da y su per­so­na. Da­ría pa­ra ello, sí.

— Si­guien­te es­ca­la: «Un, dos tres... res­pon­da otra vez»

—Otra pie­za im­por­tan­te del puz­le que con­fi­gu­ra mi ca­rre­ra. Y en ese sen­ti­do, mu­chí­si­mo agra­de­ci­mien­to. Aque­llos me­ses me pro­por­cio­na­ron un apren­di­za­je im­pre­sio­nan­te, un pa­tri­mo­nio que acu­mu­lé pa­ra lue­go ser ca­paz de apa­ñár­me­las en otros tra­ba­jos que más tar­de ven­drían en la te­le­vi­sión.

—Por ejem­plo, y se­gui­mos, «Ope­ra­ción Triun­fo».

—Pues mi­ra, jus­ta­men­te. Ahí sa­qué mi ca­ja de he­rra­mien­tas, en la que lle­va­ba to­dos esos apren­di­za­jes y que per­mi­tie­ron di­ri­gir aque­lla aca­dé­mi­ca y guiar a los con­cur­san­tes pa­ra que con­si­guie­ran sus ob­je­ti­vos ar­tís­ti­cos den­tro del pro­gra­ma.

—Otro hi­to: en el 2003 ce­le­bra sus 20 años de ca­rre­ra con un es­pec­tácu­lo di­ri­gi­do por An­dreu Bue­na­fuen­te.

—Sí, sen­tí la ne­ce­si­dad de ce­le­brar­lo. Y lo que iba a ser una fies­ta de aniver­sa­rio de un día ter­mi­nó por con­ver­tir­se en un mu­si­cal, del cual tam­bién fui pro­duc­to­ra. No re­co­mien­do la ex­pe­rien­cia de ha­cer de

pro­duc­triz, pe­ro es­toy or­gu­llo­sa de ha­ber­lo he­cho.

—Y ha­ce un par de años pu­bli­có «Con voz pro­pia»...

—Cuan­do se pro­du­jo el bum de OT Pla­ne­ta me en­car­gó es­cri­bir un li­bro so­bre el apren­di­za­je y los va­lo­res. Pe­ro no lo vi cla­ro y les di­je que no. Pen­sé que so­bre los va­lo­res no hay que ha­blar, hay que te­ner­los. Años más tar­de sen­tí que que­ría es­cri­bir so­bre la voz. Y em­pe­cé a des­gra­nar las ex­pe­rien­cias ar­tís­ti­cas más sig­ni­fi­ca­ti­vas de mi ca­rre­ra, lo que per­mi­tió ha­blar de la voz des­de un pun­to de vis­ta téc­ni­co y a la vez cer­cano. Y aho­ra me he da­do cuen­ta de que ha­blar así de la voz me ha lle­va­do a ha­blar de va­lo­res. De esos que me de­ja­ron en he­ren­cia mis pa­dres y abue­lo y que son los que fun­da­men­tal­men­te me han de­ter­mi­na­do a la ho­ra de ejer­cer mi ofi­cio.

DI­RÍA QUE SÍ CON LOS OJOS CE­RRA­DOS A LA VER­SIÓN DE «SUN­SET BOU­LE­VARD» ¿UN MU­SI­CAL QUE AÚN NOS FAL­TE EN ES­PA­ÑA? UNO CON CAN­CIO­NES DE SE­RRAT

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