“Me cues­ta más su­bir al es­ce­na­rio que una se­sión de fo­tos de In­ter­viú”

A Llu­via le llue­ven los tra­ba­jos des­de que de­jó «Cuén­ta­me». Tras ro­dar su úl­ti­ma pe­lí­cu­la, «Con­duc­ta ani­mal», lle­ga hoy a Ga­li­cia pa­ra es­tre­nar en el tea­tro «El prín­ci­pe y la co­ris­ta». Pe­ro si hay al­go que le pier­de es una bue­na se­rie

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - ESCENA . UNA MUJER CON TABLAS - TEX­TO: NOE­LIA SILVOSA

La pe­lu­que­ra di­cha­ra­che­ra de Cuén­ta­me aban­do­nó la se­rie «pa­ra cre­cer», di­ce. Y tan­to cre­ció que arran­ca hoy mis­mo su gi­ra en tea­tros ga­lle­gos con El Prín­ci­pe y la co­ris­ta. Mien­tras tan­to, ro­dó la pe­lí­cu­la Con­duc­ta ani­mal. Pre­ci­sa­men­te fue su fa­ce­ta co­mo ac­ti­vis­ta en fa­vor de los ani­ma­les la que la lle­vó a po­sar pa­ra In­ter­viú el año pa­sa­do, pe­ro la actriz tie­ne mu­chas más ca­ras. Tra­duc­to­ra de va­rios li­bros pa­ra Al­fa­gua­ra, es can­tan­te en su pro­pia ban­da de rock al­ter­na­ti­vo, No Band For Llu­via. Si el plan va de su­bir­se al es­ce­na­rio, ella ni se lo pien­sa.

—Hoy ya te te­ne­mos aquí.

—Sí, te­nía mu­chas ga­nas de ve­nir a Ga­li­cia, por­que ade­más es nues­tro arran­que de la gi­ra. Va a ser un mo­men­to es­pe­cial pa­ra no­so­tros que no va­mos a ol­vi­dar.

—Y con un clá­si­co.

—Sí, con un clá­si­co que ade­más ya se ha vis­to en el tea­tro y en el ci­ne, que es un po­co la re­fe­ren­cia que te­ne­mos, pe­ro con la ver­sión y la vi­sión de Pi­lar Cas­tro, y es co­me­dia.

—¿Im­po­ne co­ger el tes­ti­go de Ma­rilyn Mon­roe?

—Bueno, la ver­dad es que im­po­ner .... To­do el mun­do, ob­via­men­te, tie­ne la re­fe­ren­cia de Ma­rilyn, ¿pe­ro te pue­des creer que no he vis­to la pe­lí­cu­la? No la he vis­to, no quie­ro con­ta­mi­nar­me, en­tre co­mi­llas, por­que Ma­rilyn no con­ta­mi­na, pe­ro no quie­ro que mi per­so­na­je se con­ta­mi­ne con el su­yo. Pre­fe­ría ha­cer al­go so­bre lo que se crea en los en­sa­yos con Pi­lar, con los com­pa­ñe­ros y con­mi­go mis­ma.

—¿Te des­in­hi­bes en las dis­tan­cias cor­tas? Creo que eres al­go tí­mi­da.

—La ver­dad es que el tea­tro im­po­ne mu­cho más. Cuan­do tie­nes una cá­ma­ra, co­mo en la se­rie en la que he es­ta­do tan­tos años, sa­bes que tie­nes eso, una cá­ma­ra, y que tres o cua­tro mi­llo­nes de per­so­nas van a ver­te. Eso im­po­ne en cuan­to a nú­me­ro, pe­ro hay co­mo una ba­rre­ra. En el tea­tro es­tá el mie­do es­cé­ni­co. Pe­ro se va pa­san­do, aun­que siem­pre ten­gas las ma­ri­po­si­llas en el es­tó­ma­go en to­das las fun­cio­nes. Sí que me pongo bas­tan­te ner­vio­sa, y sí que creo que soy un po­co tí­mi­da.

—Pe­ro tú es­tás acos­tum­bra­da al es­ce­na­rio. Eres can­tan­te.

—Cla­ro, y ade­más me gus­ta mu­cho el es­ce­na­rio. Pe­ro tam­bién me gus­ta mu­cho la te­le­vi­sión, y el ci­ne. Pe­ro to­do es tan dis­tin­to que es co­mo te­ner el mis­mo tra­ba­jo, pe­ro a la vez tres dis­tin­tos.

—¿De qué te gus­ta­ría vi­vir real­men­te?

—Lo que me gus­ta más es la te­le, si la se­rie es bue­na. Pe­ro mi suer­te es que no ten­go que ele­gir, de mo­men­to.

—Es­tás tam­bién con la pe­lí­cu­la «Con­duc­ta ani­mal».

—Sí, no sé cuán­do se es­tre­na­rá, por­que el ci­ne no es al­go del mo­men­to.

—La pro­ta­go­nis­ta po­drías ser tú.

—Es co­mo una ven­gan­za de la pro­ta­go­nis­ta y su trans­for­ma­ción, una vez que es tes­ti­go de un mal­tra­to ani­mal sal­va­je. Yo no ha­ría esas co­sas, por­que es un po­co go­re, pe­ro a ve­ces se te pue­de pa­sar por la ca­be­za al ver lo que les ha­cen al­gu­nos a los ani­ma­les.

—Fuis­te por­ta­da de «In­ter­viú» pa­ra reivin­di­car los de­re­chos de los ani­ma­les, ¿no?

—Sí, pa­ra reivin­di­car­los. Me lo ofre­cie­ron y di­je sí, lo ha­go si pue­do ha­blar so­lo de es­to y si la do­na­ción es pa­ra ellos.

—¿Te ha cos­ta­do más esa se­sión de fo­tos o su­bir al es­ce­na­rio?

—Hom­bre, sa­lir al es­ce­na­rio es mu­chí­si­mo más du­ro, por­que en esa se­sión no se ve ab­so­lu­ta­men­te na­da. Son fo­tos co­mo en una edi­to­rial de mo­da, que hi­ce bas­tan­tes. ¿Por qué va a cos­tar al­go así?

—Bueno, hay gen­te pu­do­ro­sa, ¿no?

—Al que le cues­ta ya no lo ha­ce. No cues­ta, cues­ta más su­bir al es­ce­na­rio.

—¿Tie­nes mas­co­tas?

—Sí, tres ga­tos y un pe­rri­to adop­ta­dos. Es­toy ab­so­lu­ta­men­te en con­tra de la com­pra de ani­ma­les, es una de las ra­zo­nes por las que hay tan­tos aban­do­na­dos y es­tá es­to co­mo es­tá.

—«Cuén­ta­me», nun­ca me­jor di­cho, có­mo con­vi­vis­te tan­tos años con Pi­li.

—Pues se con­vi­ve muy bien, por­que es un per­so­na­je muy que­ri­do, la gen­te es muy ama­ble. Uno es­tá muy a gus­to, por­que es en­tra­ña­ble, ama­ble, di­ver­ti­da... Es una piel muy bo­ni­ta en la que me­ter­te tan­tos años. Si fue­se un per­so­na­je de una bru­ja, se su­fre más, pe­ro en el per­so­na­je de Pi­li ha si­do una ma­ra­vi­lla es­tar.

—¿Qué sen­tis­te al ro­dar esa úl­ti­ma se­cuen­cia?

—Pues llo­ré, y ade­más coin­ci­dió que en ese mo­men­to mi per­so­na­je tam­bién llo­ra­ba, así que me vino fe­no­me­nal. Y bueno, pensé que se ce­rra­ba una eta­pa y em­pe­za­ba otra, ni más ni me­nos. Lle­gó ya el mo­men­to de ir­me. Yo me fui su­per­bién, y man­da­ron a mi per­so­na­je al pue­blo. Pue­de ve­nir del pue­blo, cla­ro, pe­ro de mo­men­to es­toy muy bien allí, ja, ja.

En mi úl­ti­ma se­cuen­cia de ‘Cuén­ta­me’, llo­ré

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