Pe­li­gro: tan de­li­ca­do que se pue­de rom­per

Por si ha­bía al­gu­na du­da aquí es­tá «Una her­ma­na» pa­ra co­lo­car a Bas­tien Vi­vés co­mo uno de los más so­bre­sa­lien­tes crea­do­res de to­do el te­beo eu­ro­peo

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - ILUSTRACIÓN . CÓMIC - TEX­TOS: RU­BÉN SANTAMARTA

Hay au­to­res que no ne­ce­si­tan gran­des ar­ti­fi­cios, ni pá­gi­nas es­tri­den­tes, ni com­ple­jas re­la­cio­nes pa­ra trascender. Bas­tien Vi­vés en­ca­ja ahí. El ga­lo es un di­bu­jan­te ex­ce­si­va­men­te pro­lí­fi­co, de tres o cua­tro obras al año, en­tre las que emerge siem­pre al­gu­na jo­ya. De esas con ma­yús­cu­las. Y es­te re­cien­te Una

her­ma­na es­tá en­tre ellas, co­mo Po­li­na o El gus­to del clo­ro. Acier­to de la edi­to­rial Diá­bo­lo, que lo mi­ma.

Vi­vés es muy ca­paz de sa­car una his­to­ria fa­bu­lo­sa en­tre lo co­ti­diano, con­ver­tir un epi­so­dio do­més­ti­co en una ex­plo­sión de sen­ti­mien­tos, de mi­ra­das, de gui­ños, de vi­da en de­fi­ni­ti­va. Con Po­li­na lo hi­zo des­de la hu­mil­de na­rra­ción de la en­se­ñan­za de ba­llet de un ve­te­rano profesor a una ni­ña; con El gus­to del clo­ro, a tra­vés de un ino­cuo cur­so pa­ra apren­der a na­dar, con un par de uni­ver­si­ta­rios. Con

Una her­ma­na se va­le de unas va­ca­cio­nes de ve­rano pa­ra tras­la­dar al lec­tor a la ado­les­cen­cia, a los pri­me­ros es­car­ceos amo­ro­sos, al des­cu­bri­mien­to del cuer­po ajeno, a los ci­ga­rri­llos y el al­cohol a es­con­di­das, al ca­lor y al he­do­nis­mo que los quin­cea­ñe­ros son in­ca­pa­ces de apre­ciar. Sin im­pos­tu­ras. Vi­vés no ne­ce­si­ta más. Su di­bu­jo es ape­nas un su­su­rro, sin gran­des pri­me­ros pla­nos ni de­ta­lles ex­tra­or­di­na­rios. Se ba­sa en tra­zos con los que se ad­vier­te la sor­pre­sa, la ad­mi­ra­ción, el re­cha­zo o el de­seo. Pe­ro es que el di­bu­jo va cre­cien­do co­mo lo ha­ce to­da la no­ve­la. Y to­do (es­ti­lo y fon­do) sin que el lec­tor ten­ga que dar­se cuen­ta ne­ce­sa­ria­men­te. To­do va flu­yen­do. To­do es na­tu­ral.

Ire­mos vien­do có­mo se trans­for­ma en ape­nas unas se­ma­nas un mu­cha­cho de re­pen­te des­co­lo­ca­do por la irrup­ción de una ex­tra­ña, una chi­ca unos años ma­yor, hi­ja de unos ami­gos de la fa­mi­lia, que lle­ga a com­par­tir las va­ca­cio­nes por pu­ro azar. La re­la­ción que se es­ta­ble­ce en­tre ellos em­pie­za li­ge­ra, y no con­vie­ne con­tar mu­cho más. Pa­ra com­ple­tar el tra­ba­jo, el fran­cés in­clu­ye al­gún epi­so­dio dra­má­ti­co y un ter­cer pro­ta­go­nis­ta, un ni­ño pe­que­ño, que apor­ta al­go más de sim­pa­tía a un tra­ba­jo ya de por sí cau­ti­va­dor. Y un úni­co es­ce­na­rio, uno de esos pueblos que en agos­to se con­vier­te en una fies­ta de te­rra­zas noc­tur­nas sin pri­sa al­gu­na.

Hay pla­ya, hay ami­gos, hay co­mi­das, hay bai­les. Pe­ro tam­bién hay si­len­cio don­de tie­ne que ha­ber­lo, hay mi­ra­das fur­ti­vas y hay al fi­nal una com­pli­ci­dad de la que so­mos úni­cos tes­ti­gos, lo que con­vier­te al lec­tor en un es­pec­ta­dor pri­vi­le­gia­do de ese es­tío de cre­ci­mien­to vi­tal ha­cia el amor, tras­la­da­do en al­gu­nos mo­men­tos al se­xo, y en otros man­te­ni­do por la ad­mi­ra­ción del mu­cha­cho.

De­ja un hue­co en el es­tó­ma­go. Y si no es uno de los me­jo­res te­beos que de­ja es­te 2017, es­tá cer­ca de ello.

«UNA HER­MA­NA» AU­TOR

BAS­TIEN VI­VÉS EDI­TO­RIAL

DIÁ­BO­LO

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