Ja­pón

Un re­co­rri­do por To­kio, Osa­ka y otros pa­raí­sos de la tec­no­lo­gía del país del sol na­cien­te.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Internet y Redes Sociales - - Portada - TEX­TO: MI­LA MÉN­DEZ

El pri­mer cho­que en Ja­pón se pro­du­ce na­da más pi­sar su ca­pi­tal. En reali­dad, an­tes, en el tra­yec­to del tren que co­nec­ta el ae­ro­puer­to con la me­ga ur­be. To­do es si­len­cio allí. Ese res­pe­to por lo co­lec­ti­vo y el ci­vis­mo del que tan­to lees y te ha­blan se vuel­ve de gol­pe lo nor­mal. Na­die le­van­ta la voz pa­ra ha­blar por el mó­vil, ya que na­die ha­bla por el mó­vil du­ran­te el via­je, y la per­so­na que tie­nes al la­do es un ni­ño de unos diez años que se di­ri­ge, so­lo, al co­le­gio.

Vien­do lo ren­ta­ble que es­tá sien­do el tu­ris­mo, el Go­bierno ni­pón se ha vol­ca­do en la pro­mo­ción del país, y es­pe­cial­men­te de la ca­pi­tal. Los vue­los han ex­pe­ri­men­ta­do un con­si­de­ra­ble des­cen­so en sus pre­cios y los car­te­les del tren o del me­tro tie­nen, de unos años a es­ta par­te, su ver­sión en in­glés. Cuan­do, aún así, es ne­ce­sa­rio pre­gun­tar, la ama­bi­li­dad de los tra­ba­ja­do­res de la es­ta­ción vuel­ve a fas­ci­nar. En To­kio, la cor­te­sía es­tá ase­gu­ra­da y no te can­sas de re­pe­tir la pa­la­bra má­gi­ca, ari­ga­to. Lu­ces, pan­ta­llas, edi­fi­cios al­tí­si­mos con más pan­ta­llas, neo­nes, anun­cios con imá­ge­nes en mo­vi­mien­to en to­das las es­qui­nas, fi­las es­pon­tá­neas pa­ra en­trar en una tien­da, pa­ra com­prar al­go de co­mer o pa­ra cru­zar el pa­so de ce­bra. Se for­man de un mo­do na­tu­ral.

El paraíso: Akiha­ba­ra

El ba­rrio por an­to­no­ma­sia de la tec­no­lo­gía en Ja­pón es la zo­na co­mer­cial de Akiha­ba­ra, tam­bién co­no­ci­da co­mo la Tok­yo’s Elec

tric Town. Un mi­cro­cos­mos den­tro del uni­ver­so de la ciu­dad. Hay tan­tos gran­des al­ma­ce­nes de elec­tró­ni­ca que es una opor­tu­ni­dad úni­ca pa­ra los que dis­fru­tan de to­que­tear, com­pa­rar y mi­rar las úl­ti­mas novedades, so­bre to­do de las mar­cas ja­po­ne­sas. Des­ta­ca el enor­me Yo­do­bas­hi Ca­me­ra. Un cen­tro co­mer­cial de nue­ve plan­tas de­di­ca­das a la in­for­má­ti­ca, fo­to­gra­fía, ví- deo, elec­tro­do­més­ti­cos... Ade­más, los em­plea­dos sue­len ser al­go de in­glés.

El man­ga y los vi­deo­jue­gos han ga­na­do te­rreno en el ba­rrio, cu­ya ca­lle prin­ci­pal per­ma­ne­ce cor­ta­da al trá­fi­co du­ran­te las ho­ras cen­tra­les del día. El Tok­yo Ani­me Cen­ter, en el cuarto pi­so del edi­fi­cio de UDX, es la me­ca de los que se que­dan ab­sor­tos con­tem­plan­do es­tas ra­re­zas del mo­vi­mien­to ani­me que tan­to arra­sa allí en­tre los jó­ve­nes. Es la cul­tu­ra ota­ku. Su­per Po­ta­to, con la fa­cha­da de­co­ra­da con Su­per Ma­rio y Pac­man, es vi­si­ta in­elu­di­ble pa­ra los fans de las con­so­las. Tam­bién tie­ne el Pop Li­fe De­part­ment M’S, uno de los ma­yo­res sex shops del mun­do. Pa­ra to­mar un ca­fé di­fe­ren­te, y ca­ro, es­tán los fa­mo­sos maid ca­fe, don­de las ca­ma­re­ras van ca­rac­te­ri­za­das de sir­vien­tas.

Gan­gas elec­tró­ni­cas

Si se lle­van su­fi­cien­tes ye­nes en el bol­si­llo, en las gran­des su­per­fi­cies sue­len ofre­cer

duty free a los tu­ris­tas. Eso sí, en com­pras de más de 10.000 ye­nes, unos 73 eu­ros. Sin em­bar­go, con tan­ta glo­ba­li­za­ción, el ba­rrio ya no es lo que era. «Akiha­ba­ra ha cam­bia­do mu­cho. Ha­ce 20 años en­con­tra­bas aquí pie­zas de elec­tró­ni­ca que era im­po­si­ble en­con­trar en otra par­te. Hoy las con­si­gues de for­ma más fá­cil y ba­ra­ta por In­ter­net. Aún si­guen que­dan­do, en las ca­lles tra­se­ras, al­gu­nas tien­das don­de po­der com­prar co­sas cu­rio­sas de se­gun­da mano, so­bre to­do de te­mas in­for­má­ti­cos o fo­to­grá­fi­cos», apun­ta Laura Tomás, coau­to­ra de uno de los blogs más leí­dos en cas­te­llano so­bre el país, Ja­po­nis­mo.com. Lo cier­to es que pun­tos neu­rál­gi­cos co­mo Si­bu­ya o Shin­ju­ku le han ro­ba­do par­te del bri­llo a Aki­ba y ofre­cen gran­des al­ma­ce­nes si­mi­la­res.

Co­sas del pa­sa­do

Ja­pón es un país de con­tra­tes. El de la pun­tua­li­dad mi­li­mé­tri­ca y la ve­lo­ci­dad de los Shin­kan­sen que co­nec­tan en tres ho­ras ur­bes co­mo To­kio y Osa­ka se­pa­ra­das por más de 500 ki­ló­me­tros. La apli­ca­ción Hy­pe­rDia es muy re­co­men­da­ble pa­ra con­sul­tar ho­ra­rios, y el JR Pass, el bono pa­ra cir-

CON CA­SI 40 MI­LLO­NES DE HA­BI­TAN­TES, LO QUE MÁS IM­PRE­SIO­NA ES EL SI­LEN­CIO

cu­lar por la ma­yo­ría de las lí­neas de tren, es más que acon­se­ja­ble. Pe­ro, el país pun­te­ro de Orien­te tam­bién pre­fie­re los pa­gos en efec­ti­vo. La ma­yo­ría de los ca­je­ros au­to­má­ti­cos no acep­tan tar­je­tas ex­tran­je­ras. Sí, los hay en la ca­de­na de su­per­mer­ca­dos 7-Ele­ven. Las re­des wi­fi tam­po­co son lo me­jor. Cues­ta en­con­trar una fue­ra del ho­tel o del Airbnb. Una al­ter­na­ti­va a Goo­gle Maps son apli­ca­cio­nes co­mo Maps.me que fun­cio­nan sin da­tos. «Es un país muy abier­to a las nue­vas tec­no­lo­gías, pe­ro man­tie­ne un ca­rác­ter a ve- ces al­go rús­ti­co. Por ejem­plo, ha­bía te­lé­fo­nos con co­ne­xión a una es­pe­cie de In­ter­net mu­cho an­tes que en Eu­ro­pa y lle­va­ban años pu­dien­do usar el mó­vil pa­ra ac­ce­der al trans­por­te pú­bli­co pe­ro no se po­día pa­gar con tar­je­ta en ape­nas nin­gún lu­gar», ex­pli­ca Laura Tomás.

¡Esos re­tre­tes!

Son uno de los me­jo­res in­ven­tos de Ja­pón. Tan so­fis­ti­ca­dos que ne­ce­si­tan li­bro de ins­truc­cio­nes. Da igual que ha­ya que re­cu­rrir a un ba­ño pú­bli­co del me­tro o al de un pueblo re­mo­to en una ex­cu­sión, pue­de te­ner la se­gu­ri­dad de que es­ta­rán im­pe­ca­bles y ten­drán la op­ción de ac­ti­var el so­ni­do de agua de mar pa­ra ais­lar­se.

Ciu­dad a la car­ta

Hay mu­chos To­kios di­fe­ren­tes. El de los par­ques que pa­re­cen bos­ques; el de las iza

ka­yas es­con­di­das en sór­di­dos ca­lle­jo­nes; el de los do­min­gos don­de los más tra­di­cio­na­les sa­can del ar­ma­rio sus ki­mo­nos; el de la mo­da de Ha­ra­ju­ku; el de los adic­tos a los ar­ca­des; el de la ex­cen­tri­ci­dad de los ro­bots hu­ma­noi­des co­mo com­pa­ñe­ros de pi­so, los ga­tos que co­ti­zan a lo al­to en un cat ca­fe o los ho­te­les cáp­su­la. Pe­ro tam­bién es la ca­pi­tal don­de no en­con­tra­rá una pa­pe­le­ra en la ca­lle ni tam­po­co un pa­pel ti­ra­do. En el área me­tro­po­li­ta­na vi­ven 37 mi­llo­nes de per­so­nas, la ma­yor aglo­me­ra­ción ur­ba­na del mun­do. Cues­ta creer­lo con tan­to or­den. Es­tar ro­dea­da de gen­te en to­do mo­men­to pe­ro que nun­ca re­sul­te mo­les­to. Es en­ton­ces, em­be­le­sa­da por tan­to neón y tan­ta cal­ma, cuan­do pien­sas: no es una ciu­dad de es­te mun­do.

1. Neo­nes de la ciu­dad En To­kio es­tás obli­ga­do a mi­rar arri­ba. Los ba­jos co­mer­cia­les no exis­ten, se ex­tien­den a lo al­to de sus ras­ca­cie­los.

2. Tec­no­lo­gía y mo­da El Gucci de Gin­za, una de las zo­nas más ex­clu­si­vas, re­su­me el es­pí­ri­tu de la ur­be.

5 5. La sor­pre­sa de Osa­ka Hay vi­da más allá de To­kio. Las ca­lles que ins­pi­ra­ron a Rid­ley Scott es­tán aquí.

3. El mun­do de Akiha­ba­ra El mi­cro­cos­mos del ba­rrio de la elec­tró­ni­ca atrae a fans de las con­so­las, la tec­no­lo­gía, el man­ga o el ani­me. 3

6. Asi­mo, el guía del Mi­rai­kan El ro­bot del Mu­seo Na­cio­nal de Cien­cias Emer­gen­tes siem­pre sa­le a saludar a los vi­si­tan­tes. 6

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.