Un sec­tor que no pa­ra de cre­cer pe­ro que ne­ce­si­ta con­trol

La Voz de Galicia (A Coruña) - La Voz de Galicia (OneOff ALL) - - ESPECIAL -

Alberto Do­mín­guez de Cle­ce hi­zo una ra­dio­gra­fía de la si­tua­ción a ni­vel de con­tra­ta­ción en el sec­tor de la ayu­da a do­mi­ci­lio: «Un au­xi­liar atien­de a tres usua­rios de me­dia. Ha­bla­mos de mi­les de tra­ba­ja­do­res. Se tra­ta de un sec­tor de ri­que­za que ge­ne­ra mi­les de pues­tos de tra­ba­jo. Ca­da per­so­na que con­tra­tas tie­ne un re­torno del 40 %. Sa­cas a gen­te con una en­tra­da en el mun­do la­bo­ral muy di­fí­cil por­que ya es gen­te con una de­ter­mi­na­da edad. Ade­más, se tra­ta de em­pleo lo­cal. No em­pleas a gen­te des­pla­za­da. Por­que, por la na­tu­ra­le­za del ser­vi­cio, ne­ce­si­tas cer­ca­nía a las ca­sas de los usua­rios».

Es por es­te mo­ti­vo que, en los úl­ti­mos años, el tra­ba­jo en la ayu­da a do­mi­ci­lio se ha con­ver­ti­do en una de las sa­li­das la­bo­ra­les pa­ra mu­chos pa­ra­dos en Ga­li­cia. Lo co­rro­bo­ró Ja­vier Mar­tí­nez: «Es un ni­cho de tra­ba­jo gran­dí­si­mo. Aho­ra es­tán pi­dien­do gen­te y, bueno, no son sa­la­rios de 600 eu­ros. Una jor­na­da com­ple­ta es de mi­leu­ris­ta. No es mu­cho, pe­ro es más que en otras pro­fe­sio­nes. Hay que dar­se cuen­ta que ca­da con­ce­llo tie­ne su pro­pio ser­vi­cio».

Pron­to sa­lió a re­lu­cir la otra ca­ra de la mo­ne­da. Mar­tí­nez ha­bló de jor­na­das frac­cio­na­das «has­ta tres y cua­tro ve­ces». De em­plea­dos que «tie­nen que es­pe­rar en su co­che una ho­ra pa­ra ha­cer el ser­vi­cio por­que ya no les com­pen­sa vol­ver a ca­sa». Y de, en de­fi­ni­ti­va, «te­ner un con­tra­to de 15 ho­ras pe­ro es­tar a dis­po­si­ción de la em­pre­sa prác­ti­ca­men­te to­do el día por­que tie­nen ser­vi­cios por la ma­ña­na, por la no­che y al me­dio­día».

To­do ello ge­ne­ra un cua­dro de ines­ta­bi­li­dad, no so­lo de ho­ra­rios, sino de sa­la­rio. «¿Sa­be un tra­ba­ja­dor de ayu­da a do­mi­ci­lio cuán­do va a co­brar el mes? No ¿Pue­de pla­ni­fi­car su vi­da? No ¿Se ima­gi­nan al­guien con un tra­ba­jo es­ta­ble que le pue­da caer la re­tri­bu­ción más de un 50% en un mes? Pues esa es la reali­dad de no te­ner las jor­na­das a tiem­po com­ple­to y de ir asig­nan­do ho­ras», des­cri­bió. «Son tra­ba­ja­do­ras que mu­chas de ellas se en­cuen­tran en ca­sos de ca­si ex­clu­sión so­cial y que no tie­nen otra co­sa. Con una edad que no pue­den en­trar en otro si­tio. Tie­nen que acep­tar lo que le po­nen de­lan­te».

«Eso es in­to­le­ra­ble y es­tá pa­san­do. Na­die ha­ce na­da. El ob­je­ti­vo de la Xun­ta es pa­sar­le el pro­ble­ma al Con­ce­llo. El del Con­ce­llo, ex­ter­na­li­zar­lo a una em­pre­sa pri­va­da. Y la em­pre­sa, tra­ba­jar con lo que tie­ne. ¿Quien pier­de? El usua­rio y el tra­ba­ja­dor», ex­pli­có. Y Ana Gon­zá­lez re­fren­dó su idea: «Sin con­di­cio­nes dig­nas de tra­ba­jo no ha­brá nun­ca un ser­vi­cio de ca­li­dad»

Vo­ca­ción y sa­la­rio

«Es­to es un ser­vi­cio de tú a tú, muy vo­ca­cio­nal, pe­ro to­dos vi­vi­mos de un sa­la­rio y unas con­di­cio­nes», re­fle­xio­nó Alberto Do­mín­guez. «Des­de Cle­ce en Ga­li­cia te­ne­mos más de 2.000 usua­rios y da­mos la voz de alar­ma de la de­ri­va que es­ta­mos co­gien­do. Los tra­ba­ja­do­res que es­tán en­can­ta­do con los usua­rios, que los ven ca­si co­mo de la fa­mi­lia. Es­to tie­ne que re­gu­lar­se. Los tra­ba­ja­do­res se me­re­cen es­tar en em­pre­sas se­rias, don­de se pa­guen sus sa­la­rios y don­de se les de for­ma­ción. No­so­tros en el 2016 te­nía­mos die­ci­sie­te ser­vi­cios. En el 2017, ca­tor­ce Es­te año, nue­ve. Se­gui­mos sien­do lí­de­res por­que te­ne­mos una par­te muy im­por­tan­te, pe­ro que­re­mos se­guir es­tan­do ahí».

Pa­ra con­cluir, Fa­bio­la Gar­cía ex­pli­có que la ayu­da a do­mi­ci­lio se en­mar­ca den­tro de otros ser­vi­cios que per­si­guen la co­mo­di­dad del de­pen­dien­te. «La ayu­da a do­mi­ci­lio es el 34% de nues­tros ser­vi­cios. Hay que ser cons­cien­tes de lo que quie­ren los ga­lle­gos. En ge­ne­ral, la gen­te ma­yor en Ga­li­cia quie­ren se­guir vi­vien­do en sus ca­sa has­ta que no pue­de más. Cuan­do ya no pue­de más, de­ci­de ir a una re­si­den­cia. Des­de la Xun­ta de Ga­li­cia no que­re­mos im­po­ner na­da a nin­gu­na per­so­na. Te­ne­mos que ser ca­pa­ces de acer­car los re­cur­sos. Por eso apos­ta­mos por el ser­vi­cio de te­le­asis­ten­cia o el xan­tar na ca­sa».

«Aho­ra es­tán pi­dien­do gen­te y no son sa­la­rios de 600 eu­ros, pe­ro una jor­na­da com­ple­ta es de mi­leu­ris­ta»

«Es­to tie­ne que re­gu­lar­se. Los tra­ba­ja­do­res se me­re­cen es­tar en em­pre­sa­rias don­de se pa­guen sus sa­la­rios»

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