¿Con qué en­dul­zo mi vi­da?

Azú­car blanco, ne­gro, miel, edul­co­ran­tes... no de­jes que te amar­guen la vi­da

La Voz de Galicia (A Coruña) - Salud - - Portada - TEX­TO: LO­RE­TO SILVOSO

LA AL­TER­NA­TI­VA MÁS SA­NA AL AZÚ­CAR ES.... no to­mar­lo. O bien, al me­nos, re­du­cir su con­su­mo. Ni el mo­reno, ni la es­te­via ni los edul­co­ran­tes son me­jo­res so­lu­cio­nes. Es más, mu­chos de ellos per­pe­túan el sa­bor dul­zón que te­ne­mos que qui­tar­nos de en­ci­ma de una vez. La op­ción me­nos ma­la es la miel y cuan­to más na­tu­ral, mejor.

Hay una es­ce­na que se re­pi­te a me­nu­do en los ho­ga­res ga­lle­gos a la ho­ra del desa­yuno. Una ma­dre le di­ce a su hi­ja: —Ne­na, a ver cuan­do te cam­bias al azú­car mo­reno, que es mu­cho más sano que el blanco. —Que no, ma­má, que aho­ra es mejor la es­te­via [cám­bie­se es­te­via por si­ro­pe de ar­ce, de ága­ve, azú­car can­di, etc...]. —Era boa! Don­de es­té la miel, que se qui­ten los de­más—, ter­cia la abue­la. La pregunta es ¿exis­ten al­ter­na­ti­vas sa­nas al azú­car? No, res­pon­de la quí­mi­ca y di­vul­ga­do­ra cien­tí­fi­ca De­bo­rah Gar­cía Be­llo. Para em­pe­zar, «no hay di­fe­ren­cias nu­tri­cio­na­les re­le­van­tes en­tre el azú­car blanco y el azú­car mo­reno. Am­bos son «azú­car li­bre» y su con­su­mo, se­gún la Or­ga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud (OMS), ha de mi­ni­mi­zar­se». La re­co­men­da­ción de la OMS es que el con­su­mo de azú­car se de­be­ría re­du­cir a me­nos del 10 % de la in­ges­ta ca­ló­ri­ca total, es de­cir, a un má­xi­mo de 25 gra­mos al día (el equi­va­len­te a seis te­rro­nes de azú­car). En­ton­ces, ¿cuál es la op­ción más sa­na para en­dul­zar el ca­fé con le­che? Pues no en­dul­zar­lo. Se­gún la nu­tri­cio­nis­ta Vi­ki Lo­ren­zo, «hay que re­du­cir su con­su­mo», que bas­tan­te azú­car es­tá pre­sen­te ya en nues­tra ali­men­ta­ción dia­ria a tra­vés de in­fi­ni­dad de pro­duc­tos: to­ma­te fri­to, con­ser­vas, ga­lle­tas, re­fres­cos, pan de mol­de.... «En re­la­ción a todas las op­cio­nes que se lla­man na­tu­ra­les (miel, azú­car mo­reno, etc...) al fi­nal son todos azú­ca­res. Ten­drán un por­cen­ta­je me­nor de sa­ca­ro­sa que el blanco, pe­ro son azú­ca­res, al fin y al ca­bo. Yo lo que re­co­mien­do es ir dis­mi­nu­yen­do po­co a po­co su con­su­mo. Se tra­ta de ir des­en­gan­chán­do­nos de ese sa­bor dul­ce aña­di­do, que no es el ver­da­de­ro sa­bor de los ali­men­tos», ex­po­ne la experta. «Nues­tro cuer­po ne­ce­si­ta glu­co­sa, pe­ro se pue­de ob­te­ner de la fru­ta, de las le­gum­bres, de los ce­rea­les, etc...».

An­tes fue la gra­sa

Los ele­men­tos se­ña­la­dos como enemi­gos de una die­ta sa­lu­da­ble han ido cam­bian­do con el pa­so del tiem­po. Para nues­tros abue­los fue la sal; para nues­tros pa­dres, la gra­sa; y, para no­so­tros, el azú­car. «De he­cho, cuan­do en los años ochen­ta y no­ven­ta la in­dus­tria ali­men­ta­ria em­pe­zó a ali­ge­rar gra­sa de los pro­duc­tos, es­tos de­ja­ron de te­ner un sa­bor tan ri­co al pa­la­dar, así que los fa­bri­can­tes em­pe­za­ron a agre­gar­le más azú­car a todo. Y aho­ra todo pro­duc­to ul­tra­pro­ce­sa­do sa­be a dul­ce», di­ce Lo­ren­zo. Su com­po­si­ción así lo co­rro­bo­ra. «Un yo­gur pue­de ser «0 %» en gra­sa, pe­ro mi­ras la eti­que­ta y ya te en­cuen­tras el azú­car», aña­de. Si tu ali­men­ta­ción es sa­lu­da­ble, con­su­mes a dia­rio fru­ta, ver­du­ra, ce­rea­les, po­cos ele­men­tos ar­ti­fi­cia­les y solo to­mas el azú­car del ca­fé con le­che, Vi­ki Lo­ren­zo te re­co­mien­da uti­li­zar «una miel cru­da de abe­ja, lo me­nos re­fi­na­da po­si­ble, y siem­pre en pe­que­ñas can­ti­da­des». Para De­bo­rah Gar­cía Be­llo, no hay so­lu­cio­nes má­gi­cas, por­que la «fruc­to­sa di­so­cia­da de la miel ha­rá que nues­tro hí­ga­do ten­ga que tra­ba­jar más y se irá una cosa por la otra. En los si­ro­pes, es­to es más acu­sa­do, por­que son prác­ti­ca­men­te fruc­to­sa. Tan­to la miel como los si­ro­pes de ar­ce y ága­pe —que es­tán tan de mo­da—, son azú­ca­res con nom­bres y pre­sen­ta­cio­nes atrac­ti­vas que evo­can salud y na­tu­ra­li­dad. Pe­ro son, en de­fi­ni­ti­va, azú­ca­res con un bo­ni­to dis­fraz». Por otra par­te, el pro­ble­ma con el azú­car mo­reno es que echa­mos más que del blanco. De­bi­do a su con­te­ni­do en me­la­za, que es amar­ga, el mo­reno «tie­ne un po­der edul­co­ran­te me­nor que el blanco, con lo que resulta ten­ta­dor uti­li­zar más can­ti­dad para lle­gar al mis­mo dul­zor. Si a es­to le su­ma­mos la erró­nea con­vic­ción de que es más sa­lu­da­ble, a mu­chos no les tem­bla­rá el pul­so y uti­li­za­rán más can­ti­dad», se­ña­la Gar­cía Be­llo, au­to­ra del ca­nal de Youtu­be lla­ma­do de­bo­rah­cien­cia.

En cuan­to al res­to de las op­cio­nes, am­bas ex­per­tas coin­ci­den en que las sa­ca­ri­nas son se­gu­ras, pe­ro per­pe­túan el sa­bor dul­zón de los ali­men­tos. Y al­go pa­re­ci­do ocu­rre con la es­te­via. Aun­que lle­ve la eti­que­ta de más na­tu­ral, lo que se co­mer­cia­li­za como tal es una mez­cla de edul­co­ran­tes.

Si tu­vie­ra que ele­gir uno, me que­da­ría con la miel. Es­co­ge la más na­tu­ral, no una miel pro­ce­sa­da y re­fi­na­da”

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