LA FA­MI­LIA QUE COSE UNI­DA

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine Entrevista -

Su ma­dre y su her­ma­na rea­li­zan los ta­pi­ces que Oku­da di­bu­ja. «Mi ma­dre ha­ce ta­pi­ces cuan­do le ape­te­ce. Yo le doy a mis pa­dres to­do lo que ne­ce­si­tan. Fue muy bo­ni­to po­der com­prar­les una bue­na ca­sa con jar­dín. Se me­re­cían eso y más. Mis pa­dres me dan mu­cha ener­gía». ha­go es dar co­lor a lu­ga­res gri­ses. No re­cuer­do es­cu­char co­sas ne­ga­ti­vas. Pue­de ser, pe­ro no lo he he­cho por­que sean ac­to­res o can­tan­tes fa­mo­sos. En el ca­so de Ali­cia Keys se da la cir­cuns­tan­cia de que su ma­ri­do, Swizz Beatz (pro­duc­tor mu­si­cal, DJ y ra­pe­ro), es uno de los ma­yo­res co­lec­cio­nis­tas de ar­te de Es­ta­dos Uni­dos, con más de tres mil obras. Me in­tere­sa­ba más per­te­ne­cer a esa co­lec­ción que el he­cho de pin­tar la ca­sa de una can­tan­te tan co­no­ci­da. per­so­nas que quie­res van a es­tar bien.

Yo no. Me gus­ta man­te­ner el equi­li­brio en­tre ir a Las Ve­gas a ha­cer una es­cul­tu­ra de gran for­ma­to e ir a la In­dia sin co­brar na­da y ha­cer co­sas allí, sim­ple­men­te por ver la son­ri­sa de la gen­te. Ha­go en ca­da mo­men­to lo que quie­ro y, si me po­nen con­di­cio­nes que no van con­mi­go, no acep­to el pro­yec­to. No ne­ce­si­to na­da más de lo que ten­go.

Na­da, na­da; sim­ple­men­te, me ro­deo de gen­te bue­na que me quie­re. ¡Y ya es­tá! [son­ríe]. Y eso trae co­sas muy po­si­ti­vas, te lo ase­gu­ro.

La úni­ca res­pon­sa­bi­li­dad que sien­to es la de man­te­ner­me al mis­mo ni­vel que ten­go aho­ra, o ma­yor, y cen­trar­me en mi obra. Vi­vo en mi nu­be y me man­ten­go li­bre, aun­que a ni­vel eco­nó­mi­co es­té den­tro del sis­te­ma. Yo no es­toy con­tra el sis­te­ma siem­pre que pue­da se­guir ha­cien­do lo que me ape­te­ce.

No es una crí­ti­ca, yo plan­teo re­fle­xio­nes acer­ca de las co­sas que pa­san: de có­mo el ca­pi­ta­lis­mo se es­tá car­gan­do la na­tu­ra­le­za; de có­mo, a su vez, no­so­tros nos es­ta­mos car­gan­do a no­so­tros mis­mos por cul­pa del ca­pi­ta­lis­mo…

No lo es, por­que lo ha­go de una for­ma me­ta­fó­ri­ca e in­vi­to a la re­fle­xión. Lo plan­teo sim­ple­men­te pa­ra que la gen­te pien­se en ello. Tam­bién pue­den que­dar­se so­lo con el men­sa­je po­si­ti­vo de mi tra­ba­jo a tra­vés del co­lor y no en­trar en esas re­fle­xio­nes. Ya has vis­to que no me mue­vo por di­ne­ro, aun­que ló­gi­ca­men­te no soy una ONG. Pe­ro hay obras que va­len mu­cho y no son tan bue­nas, por­que el mer­ca­do del ar­te tie­ne unas es­tra­te­gias de ne­go­cio que ha­ce que se dis­pa­ren las co­ti­za­cio­nes. No to­do lo ca­ro es bueno, y al re­vés. Una co­sa es el mer­ca­do del ar­te –que lo pue­do lle­gar a odiar– y otra co­sa es el ar­te.

Va­mos a ver: pien­so que al fi­nal es una bur­bu­ja ex­tra­ña, un mons­truo ra­ro con nor­mas ra­ras… El ar­te es una co­sa más pu­ra, don­de yo me sien­to bien y don­de creo que es­toy; y otra co­sa es el mer­ca­do del ar­te, en don­de tam­bién es­toy, pe­ro

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