El po­lí­gra­fo de la His­to­ria. ¿Dón­de es­tá el pe­ne de Na­po­león?

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario - POR JOSÉ SE­GO­VIA

En 1821, un ci­ru­jano cer­ce­nó el miem­bro vi­ril y tro­zos del in­tes­tino del ca­dá­ver del em­pe­ra­dor

Na­die pa­re­ce sa­ber­lo. El miem­bro vi­ril 'no ha de­ja­do de dar tum­bos' des­de el día que le fue cer­ce­na­do al ca­dá­ver del in­sig­ne em­pe­ra­dor de Fran­cia. La his­to­ria co­men­zó en 1815, cuan­do Na­po­león Bo­na­par­te –ca­mino de su exi­lio– vi­si­tó por úl­ti­ma vez la Mal­mai­son, don­de pa­só con su mu­jer los dos años más fe­li­ces de su vi­da. Allí mu­rió Jo­se­fi­na, re­pu­dia­da y ais­la­da en 1814. «Nun­ca tu­vi­mos nin­gu­na pe­lea de ver­dad, ex­cep­to por sus deu­das», es­cri­bió Na­po­león, que de­bió de ol­vi­dar sus con­ti­nuas tri­ful­cas por los fre­cuen­tes es­car­ceos amo­ro­sos de am­bos. Una vez que se des­pi­dió de su que­ri­da man­sión, el hom­bre más po­de­ro­so y te­mi­do de su épo­ca fue atra­pa­do por los bri­tá­ni­cos y des­te­rra­do a la is­la de San­ta Ele­na, don­de mu­rió en 1821. Si­guien­do ins­truc­cio­nes del sa­cer­do­te Paul An­ges Vig­na­li, el ci­ru­jano Fran­ces­co An­tom­mar­chi hi­zo la au­top­sia al ven­ce­dor de Aus­ter­litz y le cer­ce­nó el pe­ne y dos tro­zos in­tes­ti­na­les que fue­ron ad­qui­ri­dos por el Mu­seo Real del Co­le­gio de Ci­ru­ja­nos de In­gla­te­rra. Pa­re­ce ser que las dos pie­zas in­tes­ti­na­les se per­die­ron en uno de los bom­bar­deos de Lon­dres du­ran­te la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial. No se sa­be el mo­ti­vo por el que el sa­cer­do­te or­de­nó al ci­ru­jano la mu­ti­la­ción del ca­dá­ver del em­pe­ra­dor. Pu­do ser una ven­gan­za per­so­nal, un ca­pri­cho o afán co­lec­cio­nis­ta de un fe­ti­chis­ta. El ca­so es que el pe­ne mo­mi­fi­ca­do pa­só a ser par­te del pa­tri­mo­nio de la fa­mi­lia Vig­na­li has­ta 1924, cuan­do lo com­pró el li­bre­ro es­ta­dou­ni­den­se A. S. W. Ro­sen­bach. ¿El pe­ne es au­tén­ti­co? Na­die lo sa­be. En 1999, es­te fe­ti­che ma­ca­bro fue ad­qui­ri­do en una subas­ta por John Lat­ti­mer, un uró­lo­go es­ta­dou­ni­den­se que des­em­bol­só unos tres mil dó­la­res por el tro­feo. Al fa­lle­cer Lat­ti­mer, en 2007, el pe­ne in­co­rrup­to de Na­po­león fue he­re­da­do por su hi­jo Evan, quien lo guar­da­ba en su ca­sa de Nue­va Jer­sey co­mo una pie­za de va­lor in­cal­cu­la­ble que so­lo mos­tra­ba a un re­du­ci­do nú­me­ro de ami­gos y co­no­ci­dos. En una en­tre­vis­ta en te­le­vi­sión, Evan afir­mó que el pe­ne ape­nas al­can­za­ba los cua­tro cen­tí­me­tros. La in­só­li­ta co­lec­ción de re­li­quias que he­re­dó de su pa­dre, la cual in­cluía el cue­llo en­san­gren­ta­do de la ca­mi­sa de Lin­coln y una am­po­lla de cia­nu­ro del na­zi Her­mann Gö­ring, fue su­bas­ta­da en 2016. No ha tras­cen­di­do si en ese lo­te se en­con­tra­ba el pe­ne del Gran Cor­so o si es­te si­gue en po­der del hi­jo de John Lat­ti­mer. Hay ru­mo­res que su­gie­ren que el ma­ca­bro tro­feo fue ad­qui­ri­do por un co­lec­cio­nis­ta ar­gen­tino.

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