IKER JI­MÉ­NEZ

«MI PRO­GRA­MA NO DA MIE­DO, LO DAN LOS IN­FOR­MA­TI­VOS»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: SAN­DRA FA­GI­NAS

Es muy di­fí­cil en­con­trar­le a Iker Ji­mé­nez (Vi­to­ria, 1973) un la­do ocul­to, mis­te­rio­so, por­que en­se­gui­da se mues­tra con la na­tu­ra­li­dad de un pa­dre que le es­tá dan­do un Nes­quik a su hi­ja. «No quie­ro per­der­me ni un se­gun­do de ella», con­fie­sa. Con esa fi­lo­so­fía de apun­tar a lo esen­cial ha re­co­rri­do un lar­go ca­mino de éxi­tos, tan­to en la ra­dio, en la que fue lí­der du­ran­te 15 años, co­mo aho­ra con su pro­gra­ma Cuar­to Mi­le­nio, que lle­va en te­le­vi­sión 12 tem­po­ra­das. Un triun­fo que él acha­ca al éxi­to de un equi­po en­tu­sias­ta, so­lo ca­paz de ha­cer el tra­ba­jo con el co­ra­zón. «Eso el pú­bli­co lo no­ta», con­clu­ye.

—¿Có­mo se pue­de es­tar en te­le­vi­sión con un pro­gra­ma de es­te ti­po du­ran­te 12 tem­po­ra­das y que ten­ga tan­ta au­dien­cia?

—Esa es una gran pre­gun­ta, me gus­ta­ría sa­ber res­pon­der­la. Ha­ce po­co me en­te­ré de que ha­bía cua­tro te­sis doc­to­ra­les so­bre esa cues­tión, cosa que me pa­re­ció sor­pren­den­te. Yo creo que hay va­rios fac­to­res, el mis­te­rio in­tere­sa y se­gui­mos te­nien­do las mis­mas in­cer­ti­dum­bres que el hom­bre de Al­ta­mi­ra cuan­do mo­ría un com­pa­ñe­ro. Evi­den­te­men­te es una for­ma de in­te­rés uni­ver­sal. Pe­ro yo creo que es­te pro­gra­ma lo ha­go por­que me gus­ta y de co­ra­zón, y eso que ten­dría que ser ob­vio a lo me­jor no es tan co­mún.

—Tie­ne que ver más con la pa­sión.

—Sí, con el en­tu­sias­mo, que se con­ta­gia. Cuan­do tú es­tás con una gen­te que es de­pre­si­va, hay mu­cho vam­pi­ro psí­qui­co, eso se con­ta­gia, te chu­pa ener­gía, no quie­res es­tar. Cuan­do hay gen­te op­ti­mis­ta, que te apo­ya, que quie­re es­tar, eso es lo im­por­tan­te. Y a mí eso me pa­sa con mi equi­po. Y el pú­bli­co no es tonto, eso lo cap­ta en­se­gui­da, sa­be cuán­do hay máscara y cuán­do no. Eso lo di­jo una vez un crí­ti­co de mí: «Iker Ji­mé­nez, ese ti­po que se lo pa­sa me­jor que los in­vi­ta­dos» [ri­sas].

—Pe­ro tú tie­nes un es­ti­lo muy de­ter­mi­na­do. ¿Có­mo lo de­fi­ni­rías, en esa lí­nea que es­tás di­cien­do?

—Sí, en­tu­sias­ta. Eso es lo que soy. Yo fui pe­rio­dis­ta por­que era un ni­ño en­tu­sias­ta, me gus­ta­ba con­tar. Pe­ro si ma­ña­na qui­tan Cuar­to Mi­le­nio iba a ser exac­ta­men­te igual. Es­ta pro­fe­sión no es so­lo un tra­ba­jo, im­preg­na tu vi­da, tu for­ma de ser. Y el en­tu­sias­mo se con­ta­gia, ese apa­sio­na­mien­to con las co­sas.

—Y cu­rio­sa­men­te ha­blan­do de te­mas que nos dan pánico, tú te con­si­de­ras una per­so­na op­ti­mis­ta.

—Sí. To­tal­men­te. Fí­ja­te, a mí lo que me da te­rror es un in­for­ma­ti­vo, cuan­do veo lo que cuen­tan en los te­le­dia­rios, la reali­dad ma­te­rial. Gen­te que ma­ta, se­cues­tra... Yo po­día se­guir ins­ta­la­do en los te­mas de siem­pre, pe­ro me abro a mu­chos con­te­ni­dos, aho­ra por ejem­plo, es­toy pre­pa­ran­do un pro­gra­ma so­bre el te­jo, un ár­bol que abun­da en Ga­li­cia, y que tie­ne mu­chas pro­pie­da­des cu­ra­ti­vas, que ya uti­li­za­ban nues­tros an­te­pa­sa­dos pa­ra ha­cer fle­chas... Abri­mos los con­te­ni­dos. Y no te creas, la ma­yor au­dien­cia la he­mos te­ni­do con te­mas his­tó­ri­cos, po­lé­mi­cos, que no dan na­da de mie­do. Te­mas co­mo el dia­blo si­guen ge­ne­ran­do mu­cho re­cha­zo, son ta­búes.

—¿Qué es lo que te da más mie­do?

—To­do eso que te con­ta­ba, y aho­ra que soy pa­dre más to­da­vía. Me da mie­do la frial­dad de la so­cie­dad, la sed de san­gre; y mu­chas con­duc­tas en la so­cie­dad que veo, cier­tas ac­ti­tu­des de re­ba­ño.

—De to­das for­mas, tú cuan­do sa­lis­te can­tan­do rum­ba en ese ví­deo vi­ral con tu mu­jer nos tras­tor­nas­te a to­dos. ¿Eres muy rum­be­ro?

—[Ri­sas]. Sí, tu­vo 35 mi­llo­nes de vi­si­tas. Car­men lo hi­zo por ha­cer, y yo creo que mu­cha gen­te se sin­tió iden­ti­fi­ca­da con eso de can­tar en el co­che. El día an­te­rior ha­bía­mos vis­to en la te­le Ochén­ta­me con Pe­ret, Rum­ba 3 y to­dos esos can­tan­tes de en­ton­ces. Yo ni sabía que Car­men es­ta­ba gra­ban­do. Mi­ra, te voy a con­tar una anéc­do­ta pa­ra que veas un po­co có­mo soy. Yo si­go ju­gan­do al fút­bol con un equi­po des­de ha­ce mu­chos años. Y cuan­do me lla­ma­ron pa­ra ha­cer el pri­mer pro­gra­ma en Cua­tro y el di­rec­tor de Te­le­cin­co me lla­mó pa­ra con­ti­nuar, yo le di­je: «No, no voy a se­guir, por­que sa­béis que gra­ba­mos los lu­nes, y yo los lu­nes jue­go al fút­bol» [ri­sas] Y mi je­fe, cla­ro, me res­pon­dió: «Lle­vo trein­ta años en la te­le y es­to no lo ha­bía vis­to nunca. Es­to es fa­ma, di­ne­ro...». Pe­ro yo le con­tes­té que lle­va­ba vein­te años ju­gan­do al fút­bol e iba a se­guir ha­cién­do­lo. Las co­sas más nor­ma­les son las que me in­tere­san, las más tri­via­les. Pe­ro des­de ese mo­men­to salimos los do­min­gos.

—¿Tú tie­nes un la­do ocul­to?

—Yo creo que na­die se co­no­ce a sí mis­mo lo su­fi­cien­te. Yo creo que soy un tío muy ale­gre, muy sim­pá­ti­co. Y muy apa­sio­na­do. Soy tam­bién muy in­sis­ten­te, soy capricornio, y cuan­do se me cru­za al­go no pa­ro. Mi mu­jer lo su­fre mu­cho. Pa­ra mí no es tra­ba­jo, pe­ro soy un po­co ob­se­si­vo. Soy un yon­qui de la cu­rio­si­dad y del asom­bro. Co­mo el que lee.

—¿Y con Car­men fuis­te tan ob­se­sio­na­do? ¿Dis­te tú el pri­mer pa­so?

—No lo sé. Nos co­no­ci­mos en la fa­cul­tad y ella es en es­te tán­dem la per­so­na que po­ne los pies en la tie­rra. Que tie­ne más res­pon­sa­bi­li­dad en el pro­gra­ma de lo que la gen­te se cree, tie­ne mu­cha in­tui­ción. Se an­ti­ci­pa, sa­be muy bien có­mo va a cap­tar la gen­te las co­sas. Tie­ne una gran ca­pa­ci­dad.

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