REPARTIMOS LA PRO­PI­NA

LOS CA­MA­RE­ROS NOS CUEN­TAN CUÁN­TO LES DEJAN AL MES

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: SAN­DRA FA­GI­NAS

Alo me­jor no se ima­gi­na­ban que ten­drían su co­fre, su cajita fuer­te y to­do un sis­te­ma mon­ta­do a la per­fec­ción —a lo Ocean’s Ele­ven— pa­ra que na­da les fa­lle. Los ca­ma­re­ros tie­nen su pro­pia «for­tu­na» y cén­ti­mo a cén­ti­mo, eu­ro a eu­ro con­si­guen un pe­que­ño te­so­ro a fi­nal de mes. O ca­da quin­ce días, de­pen­de de có­mo lo ten­gan es­ta­ble­ci­do. Así lo ha­cen en La Bo­de­gui­lla de la ca­lle Fei­joo, en A Co­ru­ña, don­de los días 1 y 15 de ca­da mes se reúnen cuan­do abren el lo­cal pa­ra re­par­tir­se lo que ha­yan ido su­man­do. To­dos a una. Los chi­cos de la co­ci­na, los que sir­ven en el res­tau­ran­te o los que es­tán en la ba­rra no ha­cen di­fe­ren­cias. To­do su­ma y se di­vi­de a es­co­te. Aquí tra­ba­jan do­ce per­so­nas y su bo­tín, siem­pre re­don­dea­do en un bi­lle­te, es el mis­mo. «La me­dia sue­le ser —di­ce Va­nes­sa, a la de­re­cha de la ima­gen— una me­dia de 60 o 65 pa­ra ca­da uno ca­da quin­ce­na». Así que al mes ga­nan unos 130 eu­ros, que ellos siem­pre re­par­ten del mis­mo mo­do. Ha­cen un cu­cu­ru­cho con una ser­vi­lle­ta (co­mo la que es­tá en­ci­ma de la caja fuer­te) y le po­nen den­tro un bi­lle­te con el nom­bre. Si que­dan unos mo­ne­das suel­tas que­dan pa­ra la pró­xi­ma caja. A dia­rio ellos van co­lo­can­do en un cuen­co blan­co lo que los clien­tes les dejan y esas pro­pi­nas se cam­bian a bi­lle­tes en cuan­to se pue­de.

TRES O CUA­TRO EU­ROS

¿Hay al­guien que os ha­ya sor­pren­di­do por es­plén­di­do?, les pre­gun­to. «Al­gu­na vez al­gún clien­te en Na­vi­dad nos ha de­ja­do un agui­nal­do de 50 eu­ros, o nos ha re­ga­la­do un dé­ci­mo de lo­te­ría, pe­ro lo que más me sor­pren­de a mí es la cons­tan­cia de al­gu­nos, con­su­man lo que con­su­man, nos dejan tres o cua­tro eu­ros y a lo me­jor vie­nen tres ve­ces por se­ma­na», di­ce Jor­ge (a la iz­quier­da). Por­que lo que tie­nen cla­ro to­dos es que eso de «qué­da­te con el cam­bio» es una cues­tión de cos­tum­bre. La gen­te «ma­yor» sue­le ten­der más a de­jar, so­bre to­do en el res­tau­ran­te, pe­ro en ge­ne­ral quien tie­ne el há­bi­to de dar pro­pi­na la da siem­pre. Sea más o me­nos. «No­so­tros te­ne­mos bue­ní­si­mos clien­tes que ja­más dejan na­da, y otros que afor­tu­na­da­men­te pa­ra no­so­tros sí», «¡que es­tas mi­ni­ex­tras a me­dia­dos de mes nos vie­nen muy bien!», se lan­za Va­nes­sa. Por si aca­so, Ja­vier (que no sa­le en la fo­to) se po­ne poé­ti­co y ase­gu­ra que la me­jor pro­pi­na es una son­ri­sa. Que el clien­te se sien­ta a gus­to y re­pi­ta es el ver­da­de­ro bo­tín. Pe­ro a Va­nes­sa, que to­dos los me­ses tie­ne la res­pon­sa­bi­li­dad de ha­cer el re­par­to, no se le ol­vi­da el mes que ga­na­ron más: «Fue­ron 250 eu­ros por ca­be­za». Ven­ga, Charlie, que no te­ne­mos tiem­po, abre la caja ya... A ver cuán­to os to­ca es­te mes.

FO­TO: MAR­COS MÍGUEZ

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