“Una vez nos de­ja­ron 600 eu­ros”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DE GEN TE - TEX­TO: TA­NIA TA­BOA­DA

Enel ca­fé Cen­tro, ubi­ca­do en la pla­za Ma­yor de Lu­go, las pro­pi­nas se re­par­ten de di­fe­ren­te for­ma en­tre sus 11 em­plea­dos. En la ba­rra tra­ba­jan cua­tro ca­ma­re­ros que van guar­dan­do en un bo­te las do­na­cio­nes que ca­da clien­te les de­ja. Al fi­nal de mes se las re­par­ten. «En to­tal ca­da uno sa­ca de me­dia al mes unos 100 eu­ros», ex­pli­ca An­to­nio Blan­co, en­car­ga­do del es­ta­ble­ci­mien­to hos­te­le­ro des­de 1988. Otras cua­tro per­so­nas desem­pe­ñan sus la­bo­res en el co­me­dor y otras tres en co­ci­na.

«Aquí, en el res­tau­ran­te, ca­da uno se lle­va lo su­yo. Ca­da ca­ma­re­ro sa­ca de me­dia unos 300 eu­ros al mes. No sor­pren­de por­que la clien­te­la es de cla­se me­dia- al­ta», cuen­ta An­to­nio, que si tie­ne que re­cor­dar al­gún clien­te es­plén­di­do re­me­mo­ra a un gru­po de ir­lan­de­ses que ve­nían ca­da año (du­ran­te 25) a pa­sar dos días en su lo­cal. «Es ver­dad que era un gru­po am­plio, de una aso­cia­ción de es­cle­ro­sis con 30 per­so­nas. Les dá­ba­mos de ce­nar y ce­rrá­ba­mos muy tar­de, los acom­pa­ñá­ba­mos has­ta las cin­co de la ma­ña­na más o me­nos. Eso sí, apar­te de lo que con­su­mían pa­sa­ban el som­bre­ro e iban de­jan­do una pro­pi­na en­tre to­dos. Ca­da no­che re­cau­dá­ba­mos 600 eu­ros. Aho­ra ya no vie­nen, pe­ro cla­ro que los echa­mos de me­nos, en dos días eran 1.200 eu­ros», in­di­ca.

Es­te cén­tri­co lo­cal abrió sus puer­tas en el año 1903, y sir­ve al día una me­dia de 600 ca­fés; por aquí pa­san cien­tos de lu­cen­ses y, co­mo cuen­ta An­to­nio, mu­chos ex­tran­je­ros. Si el ca­fé en ba­rra cues­ta 1,30, en sa­la 1,70 y en te­rra­za 2 eu­ros, echen cuen­tas de cuan­to pue­den sa­car sus em­plea­dos de do­na­ción. «El clien­te nos di­ce: co­bren lo su­yo», en re­fe­ren­cia a la pro­pi­na. En cuan­to a los clien­tes de otros paí­ses, los que más dejan son los ame­ri­ca­nos y la­ti­noa­me­ri­ca­nos, acos­tum­bra­dos a dar el vein­te por ciento de la con­su­mi­ción» , ex­pli­ca. Años atrás, el lo­cal dis­po­nía de una cam­pa­na pa­ra in­for­mar cuán­do un clien­te ha­bía de­ja­do pro­pi­na. De­pen­dien­do de la can­ti­dad eco­nó­mi­ca que de­ja­sen, ahí es­ta­ba la in­ten­si­dad del so­ni­do. Aho­ra, sin se­ñal de alar­ma, si­guen ob­te­nien­do do­na­cio­nes, lo que de­mues­tra que el clien­te es­tá bien aten­di­do y se sien­te a gus­to, aun­que en es­tos años An­to­nio con­fir­ma que la pro­pi­na es una cos­tum­bre más arrai­ga­da en la gen­te de más edad: «Los jó­ve­nes pa­san, han per­di­do el há­bi­to». Con to­do, en­tre los cén­ti­mos so­bran­tes del ca­fé y uno o dos eu­ros que sa­can por con­su­mi­ción en la ba­rra, el bo­te con­ti­núa lle­nán­do­se. Eso sí, las bue­nas pro­pi­nas se dejan en el res­tau­ran­te.

FO­TO: CAR­LOS CAS­TRO

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