Leo­nor Watling

Es muy des­pis­ta­da, pe­ro va­lo­ra la im­por­tan­cia de las co­mas. Leo­nor Watling, que ac­túa con Mar­lan­go en Pon­te­ve­dra, cree en la cien­cia y en el «su­per­po­der» de la poe­sía pa­ra ha­cer­nos vo­lar. «¿Cri­sis de los 40? ¡Es­toy vi­va!, la otra op­ción me pa­re­ce peor»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - RESPONDE - TEX­TO: ANA ABE­LEN­DA

A ve­ces me veo en al­gu­nas fotos y pien­so: Ya me gus­ta­ría ser así”

Tras 17 años, Leo­nor Watling (Ma­drid, 28 de ju­lio de 1975) ha vuel­to a la te­le con Pul­sa­cio­nes. A ace­le­rar latidos. ¿Qué tal el re­gre­so?, pre­gun­to a la ac­triz y voz de Mar­lan­go, que ac­túa hoy en Pon­te­ve­dra. «¡Bien! Cuan­do me lle­gó el guion de Pul­sa­cio­nes y vi quién es­ta­ba in­vo­lu­cra­do me en­can­tó. En reali­dad —cuen­ta— uno va tra­ba­jan­do en las co­sas que tie­ne la opor­tu­ni­dad de ha­cer; el for­ma­to es se­cun­da­rio. Lo que a uno le gus­tan son los pro­yec­tos». Es in­ten­sa, mor­daz, «po­co li­neal» y va cur­ti­da en cri­sis. «¿La de los 40? En prin­ci­pio no hay na­da que cam­bie al cum­plir­los, pe­ro lo has oí­do des­de pe­que­ña: ¡los 40! Yo ten­go to­das las cri­sis del mun­do. La de los 30, la de los 40, la de los lu­nes, la de enero, la de sep­tiem­bre... Pe­ro tien­do a re­la­ti­vi­zar. Es­toy con­ten­ta de ha­ber cum­pli­do 40, es que si no es­ta­ría muer­ta. Y esa op­ción me pa­re­ce mu­cho peor». Ha­bla y se ríe con fuer­za, sin mie­do a rom­per­lo to­do. Lee Frac­tu­ra de Phi­lipp Blom («Es de­pri­men­te... no, ¡lo si­guien­te!, pe­ro in­vi­ta a pen­sar que he­mos ido a me­jor») y re­pa­ra en la im­por­tan­cia de los pro­nom­bres y las co­mas. ¿Se ha sen­ti­do mu­chas ve­ces mal en­ten­di­da? «Sí. Pe­ro es al­go que nos pa­sa a to­dos. Hay que te­ner cuidado al co­mu­ni­car. Una vez di­je que me gus­ta­ría que me re­cor­da­sen co­mo bue­na ma­dre y bue­na ami­ga, que no lo soy mu­cho... Y lo que se en­ten­dió fue: “Me gus­ta­ría que me re­cor­da­sen co­mo bue­na ma­dre y bue­na ami­ga, que es po­co».

—«Los pa­pe­les de vein­ti­po­cos ya no me los dan», leo que di­ces.

—Hom­bre, es que ya no ten­go vein­ti­po­cos, ¡ten­go 40! El ac­tor en ge­ne­ral es­tá mar­ca­do por su fí­si­co. Es par­te de lo que uno ofre­ce en es­ta pro­fe­sión.

—¿Es igual pa­ra ac­to­res y ac­tri­ces? Meryl Streep o Pa­tri­cia Ar­quet­te han he­cho hin­ca­pié en la di­fe­ren­cia, sub­ra­yan­do que hay una dé­ca­da du­ra pa­ra las ac­tri­ces, la de los 40 a los 50.

—Es­toy de acuer­do, pe­ro es al­go que tie­ne que ver con lo que la gen­te con­su­me, no so­lo con los pa­pe­les que nos dan. No se pue­de exi­gir a un pro­duc­tor que ha­ga una apues­ta so­cial.

—¿No hay ero­tis­mo en la mu­jer a par­tir de los 40, no ven­de­ría?

—Si, pe­ro hay que es­cu­char lo que la gen­te pi­de, lo que com­pra. Hay que mi­rar las mar­cas... gran­des mar­cas di­ri­gi­das a mujeres de más de 40 que sue­len po­ner a mo­de­los de vein­ti­tan­tos. Lo pri­me­ro, creo, es que te­ne­mos que ha­cér­nos­lo mi­rar... no­so­tras [ri­sas].

—En «Pul­sa­cio­nes» eres Blan­ca, una mu­jer que a prio­ri sa­cri­fi­ca to­do, su vi­da, su ca­rre­ra, por se­guir a su pa­re­ja.

—El per­so­na­je de Blan­ca es­tá muy bien es­cri­to, se va des­gra­nan­do po­co a po­co. Pe­ro na­da es lo que pa­re­ce. Al prin­ci­pio es ver­dad que re­sul­ta bas­tan­te evi­den­te que ella va si­guien­do a su pa­re­ja, pe­ro en la vi­da las co­sas no son así de fáciles. Y lo bo­ni­to es me­ter­se en ese lío...

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