Siem­pre he si­do muy de ha­cer ra­biar”

Con esa son­ri­sa per­ma­nen­te los zas­cas que lan­za due­len me­nos, aun así al­gu­na vez la ha lia­do “pardo” en­tre la cla­se po­lí­ti­ca. El pró­xi­mo ju­lio le can­ta­rán las 40, pe­ro a ella le gus­ta cum­plir.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - RESPONDE - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

Ase­gu­ra que su ma­ne­ra de­sen­fa­da­da de con­tar la po­lí­ti­ca no es­tá reñida con el ri­gor, y que so­lo bus­ca que los po­lí­ti­cos en­tren al tra­po con otro tono. Cris­ti­na Pardo (Pam­plo­na, 1977) que­ría ha­cer de­por­tes pe­ro la ac­tua­li­dad le mar­có, y le si­gue mar­can­do, la vi­da. Sien­te pa­sión por lo que ha­ce y por su je­fe, aun­que aho­ra se ha echa­do a vo­lar en so­li­ta­rio.

—«Ma­las com­pa­ñías», ¿es­to es co­mo de­jar de cui­dar a los so­bri­nos y te­ner tu pro­pio hi­jo?

—A ver, real­men­te sí que lo veo co­mo un hi­jo por­que es la pri­me­ra vez que voy a ha­cer al­go yo so­la, aun­que voy de la mano de Jor­di Évo­le, es al­go pun­tual y si­go con mis so­bri­nos, si es que son Ferreras y com­pa­ñía.

—Nos das un ca­ra­me­lo y nos lo qui­tas.

—Por al­gún si­tio ha­bía que em­pe­zar so­bre la Comunidad Va­len­cia­na, y ob­via­men­te el fu­tu­ro no es­tá es­cri­to, ma­te­ria pri­ma so­bre la co­rrup­ción en otros lu­ga­res hay, así que a ver qué pa­sa.

—¿Le es­tás po­nien­do los cuer­nos a Ferreras con Évo­le?

—Real­men­te no, por­que ca­si no he des­apa­re­ci­do de Al ro­jo vi­vo, aun­que no sé muy bien có­mo lo he he­cho, pe­ro pa­ra mí tra­ba­jar con Évo­le ha si­do una ma­ra­vi­lla, se me ha pa­sa­do ra­pi­dí­si­mo, y es­toy muy agra­de­ci­da por la opor­tu­ni­dad.

—Lo tu­yo con Ferreras es un amor de años, des­de la fa­cul­tad ¿no?

—Lo co­no­cí con 19 años, él me co­gió pa­ra ha­cer prác­ti­cas en la Ser, pe­ro en ese mo­men­to me ha­cían un con­tra­to en la Co­pe y me mar­ché, pe­ro lue­go la vi­da nos vol­vió a jun­tar en La Sex­ta. Es el me­jor je­fe que he te­ni­do y se tra­ba­ja muy a gus­to.

—¿Quién te me­tió el gu­sa­ni­llo de la po­lí­ti­ca?

—Fue una co­sa ca­sual co­mo ca­si to­do lo que ha pa­sa­do en mi vi­da la­bo­ral, por­que yo en­tré en la Co­pe por Jo­sé Ma­ría Gar­cía, y co­mo que­ría tra­ba­jar con él, que­ría ha­cer de­por­tes aun­que no en­tien­do ni pa­pa. Me co­gie­ron, pe­ro me pu­sie­ron en el pro­gra­ma de la ma­ña­na, y en mis pri­me­ros días de prác­ti­cas li­be­ra­ron a Or­te­ga La­ra y ma­ta­ron a Mi­guel Ángel Blanco, y di­je es­to es muy in­tere­san­te de con­tar y ya me me­tí en­se­gui­da.

—¿Cuán­tas ve­ces te han di­cho en el PP: «La que has lia­do, Pardo»?

—Al prin­ci­pio mu­cho por­que cuan­do em­pe­zó La Sex­ta ellos eran mu­cho más re­ti­cen­tes, pe­ro con el pa­so del tiem­po hay mu­cho res­pe­to por am­bas par­tes, me tra­tan muy bien, con mu­cha edu­ca­ción, yo a ellos tam­bién, y co­mo ya me van co­no­cien­do ya no se sor­pren­den tan­to.

—Tú con­si­gues ha­blar de po­lí­ti­ca con una son­ri­sa cons­tan­te en la bo­ca.

—Es que si no... Soy hu­ma­na y me da­ría un pa­ta­tús si no fue­ra así. A mí me gus­ta con­tar las co­sas de ma­ne­ra de­sen­fa­da­da, sea po­lí­ti­ca o sea lo que sea, y pa­ra mí es la ma­ne­ra de so­bre­vi­vir, soy bas­tan­te des­creí­da, no su­fro mu­cho por nin­gún par­ti­do po­lí­ti­co, y eso lo ha­ce más fá­cil.

—¿Te afec­ta po­co lo que te di­gan?

—Me afec­ta po­co sal­vo que me lo di­ga mi fa­mi­lia o los más cer­ca­nos, las per­so­nas a las que quie­ro, si me lo di­ce al­guien que no me co­no­ce o que sim­ple­men­te es­tá dan­do su opi­nión, me pa­re­ce bien.

—Así... los zas­cas de Cris­ti­na Pardo son me­nos zas­cas...

—En el fon­do es lo que intento, que la per­so­na a la que es­toy en­tre­vis­tan­do en­tre en un tono en el que se pue­da ser irre­ve­ren­te pe­ro no ge­ne­re un ma­les­tar, sal­vo que el con­te­ni­do lo jus­ti­fi­que, no es lo que quie­ro. Yo pre­fie­ro que la gen­te en­tre al tra­po en ese tono, más de­sen­fa­da­do si se quie­re.

—¿Tu es­ti­lo ha acer­ca­do la po­lí­ti­ca a los más jó­ve­nes?

—Sí, es ver­dad, por las re­des so­cia­les me di­cen que así se ha­ce la po­lí­ti­ca más en­tre­te­ni­da, si es así me pa­re­ce bien, so­bre to­do si no es­tá re­ñi­do con el ri­gor, hay gen­te que con­fun­de el de­sen­fa­do con la fal­ta de ri­gor, y yo no lo veo así.

—¿Ca­lle o pla­tó?

—A mí la ca­lle me gus­ta mu­chí­si­mo, creo que uno no ha ejer­ci­do el pe­rio­di mo de ver­dad si no ha es­ta­do en la cal por­que pue­des con­di­cio­nar la ac­tua­li­da pue­des con­tar lo que ves, y me pa­re­ce i te­re­san­tí­si­mo. Es ver­dad que es­tar en pla­tó tie­ne otras co­sas y tam­bién me pa­so muy bien.

—El pró­xi­mo mes de ju­lio te van a ca tar las 40.

—Síi, pe­ro bueno qué se le va a hac A mí me gus­ta cum­plir años, me par ce una alternativa mu­cho me­jor que cum­plir­los.

—¿Has sa­cri­fi­ca­do mu­cho tu vi­da pe so­nal por el tra­ba­jo?

—Mu­cho, pa­ra mí el tra­ba­jo es un mod de vi­da, así que en el fon­do lo ha­go po que quie­ro y me di­vier­te, de he­cho, ah ra mis­mo, los tra­ba­jos que ha­go los ha por­que me di­vier­ten mu­chí­si­mo. Y sí q es ver­dad que ahí se di­fu­mi­na un po la lí­nea de la vi­da la­bo­ral de la per­son por­que siem­pre es­tás dis­po­ni­ble, porq ade­más mi en­torno tie­ne mu­cho que v con el pe­rio­dis­mo, mis ami­gos. Al fin hay ve­ces que te vas a cu­brir co­sas y est con tus ami­gos, y no con com­pa­ñe­ros otros me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Por eje plo, mi pa­dre se ju­bi­ló en ve­rano y yo pu­de es­tar en la des­pe­di­da por­que est ba en la cam­pa­ña elec­to­ral en Ca­na­ria así que me he per­di­do co­sas y me ha d do mu­cha pe­na, pe­ro bueno, es­to es a

—¿No te arre­pien­tes?

—Arre­pen­tir­me no, si no hu­bie­ra hec lo po­si­ble por cam­biar las co­sas, lo q sí que sien­to y pa­dez­co.

—Ese te­són y esa ca­be­zo­ne­ría que le p nes al tra­ba­jo, ¿se tras­la­da a ca­sa?

—Sí, yo to­da mi vi­da he si­do muy enr da­do­ra, muy de ha­cer ra­biar, y siemp in­ten­tan­do ca­ri­ca­tu­ri­zar con mis herm nos, lo ha­cía y lo ha­go to­da­vía, con pa­dre, ade­más me si­gue mu­cho el roll en­se­gui­da se sube al bar­co, y en mi ca los te­ne­mos a to­dos lo­cos, y con mis am gos tam­bién. Yo me sien­to igual en un tio que en otro.

—Cuan­do sa­les del tra­ba­jo, ¿des­co­ne tas o es im­po­si­ble?

—No des­co­nec­to nun­ca por­que a mí m in­tere­sa la ac­tua­li­dad y lo que es­tá pa­sa do, ca­da vez lo ha­go un po­co más y mej pe­ro aún así sien­do po­co. A mí me han s ca­do a ve­ces de ca­sa o de es­tar un fin se­ma­na con mis ami­gos por­que ha­bía p sa­do al­go, así que en es­te sen­ti­do, desc nec­tar po­co. Me hablan mu­cho de po­lí ca, so­bre to­do cuan­do es­tá­ba­mos que si re­pe­tían las elec­cio­nes o no, mu­chí­sim

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