Ni­co­lás se co­ro­na

Es mi­tad Co­ro­na­do mi­tad Do­min­guín. Una com­bi­na­ción no so­lo ge­né­ti­ca, sino tam­bién per­so­nal y pro­fe­sio­nal. La última ge­ne­ra­ción de los Bo­sé, que ha he­re­da­do la sen­si­bi­li­dad de su ma­dre, Pao­la Do­min­guín, y la se­gu­ri­dad de su pa­dre, Jo­sé Co­ro­na­do, se lan­za a

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

Quie­rea­brir­se su pro­pio ca­mino, y no hay du­da que lo es­tá con­si­guien­do. Ni­co­lás Co­ro­na­do (Ma­drid, 1988) no se con­for­ma con una so­la pro­fe­sión, y aun­que ha­ce tiem­po que com­pa­gi­na su fa­ce­ta de mo­de­lo con el ci­ne o la pu­bli­ci­dad, aho­ra ate­rri­za en la gran pan­ta­lla con un pa­pel prin­ci­pal en «Pa­sa­je al ama­ne­cer». Y qué pa­pel.

—Pa­pe­lón, ¿qué ha sig­ni­fi­ca­do?

—To­da­vía no lo sé, tengo que com­par­tir­lo con la gen­te para ver qué su­po­ne, pe­ro para mí sig­ni­fi­ca un gran agra­de­ci­mien­to por­que han de­po­si­ta­do en mí es­ta con­fian­za y yo he hecho el trabajo lo me­jor que he po­di­do, para de­vol­ver ese agra­de­ci­mien­to y de­jar muy con­ten­to al di­rec­tor, que es el que ha con­fia­do en mí. Era un re­to es­tar a la al­tu­ra o acer­car­me un po­co a es­tos ac­to­ra­zos, lue­go me he en­con­tra­do con la sor­pre­sa de que cuan­do te dan tan­ta ver­dad, si tú lle­vas el trabajo bien hecho y co­nec­tas con ellos, es más fá­cil de lo que pa­re­ce po­ner­te en esa cla­ve de au­ten­ti­ci­dad. Yo que soy bas­tan­te crí­ti­co con­mi­go mis­mo y bas­tan­te ma­cha­cón, la ver­dad es que en es­te trabajo, aun­que veo co­si­tas a pu­lir y a me­jo­rar, me he que­da­do bas­tan­te sa­tis­fe­cho.

—Co­mo es­pí­ri­tu li­bre, no tengo du­da de dón­de te po­si­cio­nas en los te­mas que plan­tea la pe­lí­cu­la...

—Des­de mi pun­to de vis­ta yo creo que todos so­mos per­so­nas e in­di­vi­duos, y des­de esa in­di­vi­dua­li­dad hay que po­ner por de­lan­te to­do, ya sea a ni­vel rea­li­za­ción, de­seo o in­quie­tud, pe­ro tie­ne que man­dar. Por­que si de­jas de ha­cer eso por otra gen­te, al fi­nal no es por otra gen­te por quien lo de­jas de ha­cer, es por los mie­dos, o por las in­se­gu­ri­da­des de otra gen­te. Si te guías en tu vi­da por esas co­sas, vas a ha­cer un ca­mino muy ale­ja­do del que ten­drías que ha­cer para que al fi­nal de tu vi­da con­si­de­res que lo has hecho bien.

—Tu per­so­na­je me re­cuer­da mu­cho a ti.

—Sí, yo tam­bién he vis­to mu­chas co­sas en co­mún con el per­so­na­je. Com­par­to una gran sen­si­bi­li­dad, y tam­bién ese pun­to de es­cu­char­se a uno mis­mo y sa­ber por dón­de tie­nes que an­dar en la vi­da, y al mis­mo tiem­po si eres egoís­ta y quie­res mu­cho a tu gen­te, es­tás con los di­le­mas de lo que yo tengo que ha­cer, cómo les ha­ce sen­tir a los de­más. Es­tos di­le­mas son na­tu­ra­les, tie­nen que es­tar, pe­ro no tie­nen que lle­gar a más, co­mo a di­ri­gir tus pa­sos o in­ter­fe­rir en tus de­ci­sio­nes, tie­nes que es­tar ahí, ha­blar con ellos, para que te en­tien­dan, pe­ro no fiar­te por sus mie­dos.

—Lo te­nías muy di­fí­cil para no ser ar­tis­ta, lo di­fí­cil hu­bie­ra si­do ser mé­di­co. ¿Te mar­có mu­cho tu familia?

—La pa­la­bra ar­tis­ta se me es­ca­pa. A mí to­da­vía me cues­ta de­cir: ‘Soy ac­tor’. Soy ser hu­mano. Lo po­drá de­cir otra gen­te, se­rá fan­tás­ti­co, me en­can­ta­rá, pe­ro ser ar­tis­ta... In­di­rec­ta­men­te sí, pe­ro yo de mi familia he re­ci­bi­do to­da la li­ber­tad, has­ta de­ma­sia­da in­clu­so. Li­ber­tad para que ca­da uno eli­ja su ca­mino, pe­ro con­tan­do con el apo­yo de la gen­te que te quiere y con esa in­con­di­cio­na­li­dad es­tu­pen­da, pe­ro me hu­bie­ra gus­ta­do un po­co más de lí­mi­tes, a lo me­jor.

De mi familia he re­ci­bi­do mu­cha li­ber­tad, de­ma­sia­da in­clu­so”

—Pe­ro nun­ca se te pa­só por la ca­be­za ser ve­te­ri­na­rio...

—He es­ta­do a pun­to de ha­cer­me guar­da fo­res­tal, al fi­nal vi que no era tan fá­cil, hay mu­cha gen­te aman­te de la na­tu­ra­le­za, de los ani­ma­les y es un sector que es­tá muy de­man­da­do.

—En tu ca­so no hay du­da de que eres de tu pa­dre y de tu ma­dre, mez­clas to­das las ra­mas (moda, in­ter­pre­ta­ción, pin­tu­ra), no se pue­den ce­lar.

—Hay que abrir va­rios ca­mi­nos, nun­ca sa­bes el que te va per­mi­tir vi­vir de ello o el que te enamo­re de re­pen­te, no es­tá de más abrir mu­chas puer­tas, si ha­ces to­da tu vi­da man­te­nién­do­las abiertas pues ge­nial, y a lo me­jor es una la que te de­man­da to­da tu ener­gía y tie­nes que de­jar to­das de la­do...

—¿A quién te pa­re­ces más de ca­rác­ter?

—Creo que es bas­tan­te mío, aun­que tengo co­si­tas de las dos par­tes, por su­pues­to. De mi ma­dre tengo ter­nu­ra, sen­si­bi­li­dad, una par­te fe­me­ni­na muy des­pier­ta, y por par­te de mi pa­dre, una se­gu­ri­dad, una con­fian­za y una fuer­za...

—Tu familia es de las que dan ga­nas de ir a comer un día, sois muy bien ave­ni­dos...

—La ver­dad es que cuan­do nos jun­ta­mos hay una ener­gía fan­tás­ti­ca, te­ne­mos un buen rollo todos...

—In­clu­so en los mo­men­tos ma­los.

—In­clu­so en los mo­men­tos ma­los, y con to­do el re­la­ja­mien­to del mun­do, de com­par­tir ca­da mo­men­to que va­ya sur­gien­do.

—Fí­si­ca­men­te ni a tu pa­dre ni a tu ma­dre, a tu tío Mi­guel Bo­sé... ¿te lo di­cen mu­cho?

—Sí, y ade­más fui yo el pri­me­ro que cuan­do vi un vi­deo­clip de sus pri­me­ras eta­pas, la pri­me­ra vez que lo vi fli­pé, sí que me veo mu­chos ras­gos, los ojos, la son­ri­sa...

—¿Has pro­ba­do a can­tar?

—No, eso ya lo tengo com­pro­ba­do. Me lo pa­so muy bien, pe­ro me di­cen que no.

—¿Y es­cri­bir?

—Sí, es­cri­bir me gus­ta mu­cho, de hecho he es­ta­do ha­cien­do aho­ra unos cur­sos de guion. Tengo un pro­yec­to, me gus­ta­ría es­cri­bir un lar­go, ya tengo ahí el te­ma, pe­ro aho­ra en es­te mo­men­to de mi vi­da no pue­do, tengo que es­pe­rar a te­ner un ve­rano más re­la­ja­do.

—¿La moda es un capítulo ce­rra­do?

—No, es una co­sa que que­da abier­ta, que po­dré ha­cer co­si­tas de vez en cuan­do, pe­ro en la moda no es­tás más que al ser­vi­cio de la ro­pa, y por eso di­go que po­co pue­des po­ner más que tu mi­ra­da y tu pre­sen­cia, y creo que tan­to en la pin­tu­ra, que es pu­ra ex­pre­sión, co­mo en la in­ter­pre­ta­ción, que eres tú y to­do lo que sur­ge ahí en ese mo­men­to, mu­cho más car­ga­do y mu­cho más ri­co de to­do, te que­das mu­cho más sa­tis­fe­cho con el re­sul­ta­do.

—¿Cuán­do di­bu­jas?

—Tengo que es­tar des­co­nec­ta­do del to­do, que no de­be­ría ser así. Lo que me gus­ta­ría, aun­que no lo he con­se­gui­do, es te­ner un ho­ra­rio de pin­tor...

—¡Qué exi­gen­te!

—Co­mo de­cía Pi­cas­so, que la ins­pi­ra­ción te pi­lle pin­tan­do, no es­pe­res... por­que mal. Yo aho­ra ne­ce­si­to ver que tengo un mes li­bre para po­ner­me a pin­tar un cua­dro, así sé que no me vie­nen a mo­les­tar por nin­gún la­do y no tengo que pa­rar.

—Lan­do, la fir­ma que uti­li­zas en los cua­dros, ¿po­dría ser au­to­bio­grá­fi­co?

—Real­men­te es una his­to­ria que es­cri­bí yo don­de el per­so­na­je prin­ci­pal se lla­ma­ba Lan­do, con una aven­tu­ra fan­tás­ti­ca. De­ci­dí co­ger ese nom­bre y ha­cer­lo mío para el mun­do ar­tís­ti­co, pe­ro la ver­dad es que to­do el mun­do me re­co­mien­da que fir­me con mi nom­bre que para eso lo tengo. Los úl­ti­mos cua­dros es­toy fir­man­do con mi nom­bre y Lan­do se es­tá que­dan­do co­mo una pri­me­ra se­rie...

—Ha­blan­do de nom­bres y ape­lli­dos, de al­gu­na ma­ne­ra te quie­res des­mar­car de los tu­yos y abrir tu pro­pio ca­mino, quie­res que la gen­te te co­noz­ca por lo que eres y no de dón­de vie­nes, pe­ro al fi­nal, ¿de don­de ve­ni­mos no es lo que so­mos, no? —Hay una mez­cla de mu­chas co­sas, pe­ro yo no hu­yo de mi ape­lli­do, me en­can­ta y es­toy sú­per agra­de­ci­do de dón­de ven­go, pe­ro a ve­ces con es­tos tí­tu­los de ape­lli­dos co­mo que ya po­ne­mos un pre­jui­cio sobre la per­so­na. Que no tie­ne que ser ne­ga­ti­vo ni po­si­ti­vo, so­lo que lo po­ne­mos antes de co­no­cer a la per­so­na, de sa­ber lo que ha­ce, cómo res­pi­ra, nos ha­ce­mos una idea por­que viene de dón­de viene o de quién viene, que es lo que no me gus­ta mu­cho, me gus­ta que la gen­te entre de ce­ro a co­no­cer­me.

—Va­mos a ello. Eres re­fle­xi­vo, se­reno, re­la­ja­do...

—Soy una mez­cla de dos co­sas, soy sú­per tranquilo y me gus­ta tra­ba­jar para ello.Mi me­ta en la vi­da es cul­ti­var la paz in­te­rior, pe­ro es ver­dad que por otro la­do tengo una men­te muy des­pier­ta, y a ve­ces me gus­ta­ría que la men­te se que­da­ra más de la­do y de­ja­ra más sen­tir el co­ra­zón, el es­tó­ma­go... Es­toy muy con­ten­to con la men­te, por­que me ayu­da a te­ner to­do en su si­tio, pe­ro a ve­ces...

—¿Te gus­ta­ría de­jar­te lle­var?

—Me gus­ta­ría ser ca­paz de de­jar la ca­be­za un po­co más de la­do, que se que­da­ra ob­ser­van­do, más que ana­li­zan­do o que­rien­do ser la pro­ta­go­nis­ta. Un po­co la ba­se de la meditación es esa.

—¿Crees mu­cho en la ener­gías?

—Sí, des­de siem­pre tengo un po­co des­pier­ta la in­quie­tud enér­gi­ca, es­pi­ri­tual para abrir un po­co mi pers­pec­ti­va a la reali­dad en la que vi­vi­mos, no so­lo a esa par­te fi­si­ca, te­rre­nal que per­ci­bi­mos, sino a lo que se nos es­ca­pa.

—Ma­ña­na es tu cum­plea­ños, ¿te re­co­no­ces co­mo muy Aries?

—Es un signo de fue­go, di­cen que son las al­mas más an­ti­guas... pe­ro no es­toy muy pues­to. Mira que el mun­do es­pi­ri­tual lo tengo muy pre­sen­te y muy tra­ba­ja­di­to, pe­ro en el mun­do ho­rós­co­po­sig­nos no me he pa­ra­do mu­cho, pe­ro sí veo que la gen­te es­tá pues­ta. Creo que la men­te man­da mu­cho en los con­di­cio­na­mien­tos de ca­da uno, más que cuan­do na­cis­te o dón­de es­tán los pla­ne­tas ese día, que por su­pues­to tam­bién es­tá ahí.

—Suer­te con el es­treno de la pe­lí­cu­la, que se­gu­ro da­rá que ha­blar...

—Es un via­je emo­cio­nal por los aden­tros de es­ta familia, tra­ta mu­cho la ver­dad y la men­ti­ra y cómo nos re­la­cio­na­mos con ella en nues­tra vi­da, lo cuenta tan­to en un en­torno más fa­mi­liar co­mo pro­fe­sio­nal. En am­bas si­tua­cio­nes, Ja­vi, mi per­so­na­je, bus­ca la transparencia y quiere tra­ba­jar para ello.

FO­TO: JA­VIER SA­LA

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