HA­BLA­MOS CON EL AC­TOR, QUE VUEL­VE A LA TE­LE CON PAZ VEGA

Lo co­no­ci­mos co­mo «El ni­ño», pe­ro en po­cos años ha cre­ci­do con el éxi­to de «La is­la mí­ni­ma» o «El prín­ci­pe». Aho­ra es­tre­na «Per­dó­na­me, Se­ñor» con Paz Vega, una de las ac­tri­ces —apun­ta— que más le han ayu­da­do en su pro­fe­sión.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: SAN­DRA FA­GI­NAS

Je­sús Castro aún tie­ne so­lo 24 años, pe­ro des­de que ro­dó El ni­ño se ha con­ver­ti­do en un buen fi­cha­je. Y eso que él ase­gu­ra que em­pe­zar jun­to a Luís To­sar, Eduard Fer­nán­dez y Bár­ba­ra Len­nie su­pu­so arran­car ju­gan­do la Cham­pions. Su ca­ra es­tu­vo im­pre­sa en to­das las va­llas y mar­que­si­nas de Ma­drid, así que se ha he­cho a que lo re­co­noz­can por la ca­lle. Des­de ese mo­men­to no ha vuel­to a co­ger un me­tro y so­lo sue­ña con per­der­se en las pla­yas de El Pal­mar, en su Ve­jer de la Fron­te­ra na­tal, don­de tie­ne a sus ver­da­de­ros ami­gos. —Ha­bla­mos ha­ce tres años, ¿en qué has cam­bia­do? —No he cam­bia­do en na­da. He apren­di­do mu­cho, me he for­ma­do, pe­ro yo no he cam­bia­do. Cuando voy a mi pue­blo voy al mis­mo bar de siem­pre, ten­go los mis­mos ami­gos, va­mos al mis­mo par­que, jue­go al fút­bol, por­que me gus­ta mu­cho, tan­to ju­gar co­mo ver­lo. —Qué bo­ni­to es tu pue­blo, Ve­jer de la Fron­te­ra.

—Sí, ya te di­go. Lo echo tan­to de menos. —¿Ne­ce­si­tas se­guir vin­cu­la­do a lo que tú siem­pre has si­do, vol­ver? —Sí, por­que te das cuen­ta de que esa es tu au­tén­ti­ca vi­da: mis ami­gos, mi pue­blo. Lo otro vie­ne en el pack, pe­ro las co­sas prio­ri­ta­rias son esas. —¿Qué es lo que más te ha cos­ta­do en to­do es­te tiem­po? —El no po­der ha­cer vi­da nor­mal en Ma­drid, que te pa­ren, que te ha­gan fo­tos por­que yo no era de lla­mar mu­cho la aten­ción. Yo que­ría pa­sar de pun­ti­llas y me cos­tó mu­cho al prin­ci­pio no po­der ir, por ejem­plo, a la Feria de Abril.

—Ese cam­bio, ade­más, fue re­pen­tino. —Sí, cuando fue lo de El ni­ño es­ta­ba Ma­drid cu­bier­to con va­llas con mi ca­ra. De he­cho, Daniel Mon­zón me di­jo: ‘Va­mos a co­ger el me­tro por­que a lo me­jor no te pue­des mon­tar más’. Y eso me pa­re­cía una lo­cu­ra, pe­ro fue la pri­me­ra vez y la úl­ti­ma que co­gí el me­tro en Ma­drid. —¿Y có­mo es eso de en­con­trar­se uno con su ca­ra? —Pues muy ra­ro, la ver­dad. Yo to­da­vía no ter­mino de acos­tum­brar­me, pe­ro voy asi­mi­lán­do­lo por­que es par­te de mi tra­ba­jo. Ver­me en la te­le, es­cu­char­me… Pe­ro bueno. —Tu tra­yec­to­ria ha si­do im­pa­ra­ble: «El ni­ño», «La is­la mí­ni­ma», «El prín­ci­pe»… —Sí, no he pa­ra­do y ade­más he ido em­pal­man­do un tra­ba­jo con otro. Es­toy muy con­ten­to, muy fe­liz de te­ner la opor­tu­ni­dad de tra­ba­jar y se­guir apren­dien­do. Yo siem­pre de­cía que el pri­mer pro­yec­to pa­ra mí fue co­mo em­pe­zar a ju­gar al fút­bol y que te fi­che el Ma­drid. La pri­me­ra vez fue con Daniel Mon­zón di­ri­gien­do y con un re­par­to es­pec­ta­cu­lar: Eduard Fer­nán­dez, Bár­ba­ra Len­nie, Luís To­sar. Lue­go La is­la mí­ni­ma, con Ja­vier Gu­tié­rrez y Raúl Aré­va­lo. He em­pe­za­do ju­gan­do la Cham­pions. —¿Eso no te da vér­ti­go? —No, pe­ro creo que en El ni­ño y en La

la mí­ni­ma no me dio por ig­no­ran­cia. Po que no te­nía la pre­sión de «voy a rod con An­to­nio de la To­rre»… [Ri­sas] Yo ll ga­ba y él me de­cía: ‘Ho­la, soy An­to­ni Ho­la, yo Je­sús, un pla­cer’. No sa­bía aú dón­de es­ta­ba. Don­de ya me dio un po de co­sa fue en El Prín­ci­pe, cuando ten que com­par­tir se­cuen­cia con Jo­sé Cor na­do, ahí ya di­je: ‘bueno’… Pe­ro Jose ha­ce sen­tir muy bien, es otro de los act res más cam­pe­cha­nos que co­noz­co.

—¿Y no te po­nes ner­vio­so? —Me pon­go ner­vio­so en los mo­ment pre­vios… Pe­ro cuando ya es­toy ves­tid del per­so­na­je y em­pe­za­mos a en­sa­yar, m ol­vi­do. Aun­que en los mo­men­tos pre­vi me pon­go ner­vio­so; el pri­mer día de rod je las pri­me­ras to­mas no va­len, me po go co­mo un flan.

—Por­que a ti to­do te pa­só de ca­sua­li­da —Sí, mi pa­dre te­nía una em­pre­sa de con truc­ción, y lue­go tra­ba­jé de elec­tri­cis­ta, lo que me iba sa­lien­do, pe­ro hay que ada tar­se a lo que ven­ga y ya es­tá.

—Y aho­ra es­tás con Paz Vega. —Sí, he te­ni­do la suer­te de es­tar en es su­per­pro­yec­to con ella, la ver­dad es q Paz Vega ha si­do to­do un des­cu­bri­mie to pa­ra mí. No co­mo ac­triz, que su no bre lo di­ce to­do, sino co­mo per­so­na. El es de las ac­tri­ces, por no de­cir la ac­triz q más me ha ayu­da­do en un ro­da­je.

—Vuel­ves a ha­cer de chi­co del sur. —Soy Ra­fa, un chi­co de Bar­ba­te que no te­ni­do nun­ca un ca­ri­ño pa­terno ni ma­te no. Se re­fu­gia en la ca­lle, le gus­ta el m es­tá en el pa­ro y an­te esa si­tua­ción em­pi za a me­ter la pa­ta. —Re­fle­jo de una reali­dad que co­no­ce gen­te en pa­ro en el sur. —Sí, yo ten­go mu­chos ami­gos en esa tua­ción, que so­lo pue­den tra­ba­jar tres m ses de ve­rano, mu­chos sin ase­gu­rar. O via­men­te eso es com­pli­ca­do. —Has he­cho de gua­po gua­pí­si­mo, ¿e si­gue pe­san­do? —No lo sé. Su­pon­go que en El ni­ño tu que ver, pe­ro lue­go lo que sé es que gu pos das una pa­ta­da y te sa­len vein­te. fi­nal eso es re­la­ti­vo, hay mu­chos ac­tor gua­pos, pe­ro hay que dar el per­fil físic men­te y des­pués a la ho­ra de ha­cer u prue­ba que val­gas a ni­vel in­ter­pre­ta­tiv

—¿Te sien­tes un pri­vi­le­gia­do? —Sí, no so­lo por el he­cho de es­tar trab jan­do en los tiem­pos que co­rren, sino po

que ha­go lo que me gus­ta. Una pro­fe­sión que he des­cu­bier­to ha­ce po­co y en la que es­pe­ro es­tar mu­cho tiem­po. En ese sen­ti­do, soy el más afor­tu­na­do del mun­do.

—¿Te pre­sen­tas­te de ca­sua­li­dad? —Sí, ese día mi pa­dre me le­van­tó pa­ra ir al co­le­gio por­que me ha­bía que­da­do dor­mi­do. Y cuando fui vi que mu­cha gen­te es­ta­ba fir­man­do un pa­pel y mi com­pa­ñe­ro de pu­pi­tre es­ta­ba su­per­gua­po, le pre­gun­té y me di­jo que su sue­ño era ser ac­tor y que ha­bía un cás­ting del di­rec­tor de Cel­da y que se iba a presentar. Yo ha­blé con la cla­se y co­mo vi que so­lo iban cua­tro y que éra­mos 25 pen­sé: va a ha­ber co­le igual. Así que la lie pa­ra sal­tar­nos la cla­se y que nos fué­ra­mos to­dos al cás­ting. Cuando vi que me iba a to­car co­gí la mo­chi­la pa­ra pi­rar­me, por­que yo so­lo lo ha­cía pa­ra va­ci­lar, y la di­rec­to­ra del cás­ting me lla­mó: ‘eh, ¿adón­de vas?’ Y yo: ‘Es que ten­go unas ta­reas pen­dien­tes...’. Y ella me di­jo ‘ni ta­reas ni le­ches, pa­sa pa­ra den­tro’. [Ri­sas] Y así has­ta hoy.

—No te pue­do pre­gun­tar si crees en la suer­te. —Cla­ro. Por su­pues­to que creo. Co­mo pa­ra no.

—¿Qué cam­bia­rías tras es­te bum? —In­ten­tar em­pa­par­me más de Luís To­sar, de Eduard Fer­nán­dez, en­ton­ces no era cons­cien­te; hoy les pre­gun­ta­ría mu­chí­si­mo más, es­ta­ría más con ellos, apro­ve­cha­ría to­do más. Es­tar con ellos fue co­mo ha­cer un más­ter.

—¿Tus pa­dres qué te di­cen? —Lo tie­nen nor­ma­li­za­do ya. Mi ma­dre se emo­cio­na mu­chí­si­mo cuando me ve por la te­le: «Qué gua­po sa­les, ca­ri­ño». Me di­ce esas co­sas. Ellos me lo han da­do to­do, han con­fia­do en mí en las bue­nas y en las ma­las, ja­más po­dré agra­de­cer­les to­do lo que ha­cen. —¿Pien­sas en có­mo ha­bría si­do tu vi­da si no se hu­bie­ra cru­za­do ese cás­ting? —La ver­dad no sé si es­ta­ría es­tu­dian­do o no, pro­ba­ble­men­te hu­bie­ra tra­ba­ja­do de lo que me sa­lie­se, en el ca­so de que aca­ba­ra el co­le­gio. No lo sé. Pa­ra mí lo bueno aho­ra es es­to, es ver­dad que la gen­te ve es­ta pro­fe­sión con una reali­dad dis­tor­sio­na­da, so­lo la al­fom­bra ro­ja, los trajes ca­ros, pe­ro es mu­cho más du­ra. El ho­ra­rio de ro­da­je es muy ajus­ta­do, tie­nes que te­ner el tex­to mas­ca­di­to... —Tú que que­rías per­der­te el co­le y mi­ra lo que es­tu­dias... —¡Yo es­toy es­tu­dian­do lo que no he es­tu­dia­do en vein­te años! A es­te pa­so po­día ha­ber he­cho ya De­re­cho.

—¿Sue­ñas con vol­ver a tu pue­blo? —Me en­can­ta ir de vi­si­ta cuando hay to­do el mo­go­llón del ve­rano, pe­ro me cos­ta­ría mu­cho ha­cer una vi­da se­den­ta­ria en Ve­jer. Pe­ro yo voy con el pre­sen­te, soy co­mo los vi­deo­jue­gos, de ir pa­san­do pan­ta­lla por pan­ta­lla, y avan­zar. Me gus­ta apren­der, for­mar­me, soy muy cu­rio­so y dis­fru­to tra­ba­jan­do.

—Ya no eres El Ni­ño. —No, ha si­do muy fre­né­ti­co, pe­ro creo que he ido apren­dien­do mu­cho de ca­da pro­yec­to con res­pon­sa­bi­li­dad.

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