POR MI PAREJA YO HE HE­CHO

HAY SOR­PRE­SAS QUE ME­RE­CEN MU­CHO AMOR

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: SAN­DRA FAGINAS

Lau­ra

y Gus­ta­vo son de esas pa­re­jas en las que los dos es­tán pen­dien­tes uno del otro, se no­ta na­da más que­dar con am­bos a to­mar al­go. La pri­me­ra reac­ción de ella es ofre­cer­le su be­bi­da (que no la ha to­ca­do) pa­ra él. «De­ja, ya pi­do aho­ra», le res­pon­de Gus­ta­vo, que se afa­na en con­tar en­se­gui­da que ella lo ha cam­bia­do «pa­ra bien» des­de que co­men­za­ron a sa­lir cuan­do te­nían 25 años. Se co­no­cie­ron en el tra­ba­jo, y an­tes de los cua­tro años ya se ha­bían ca­sa­do. En ese tiem­po pa­sa­ron mu­chas co­sas, pe­ro lo fun­da­men­tal —apun­ta Gus­ta­vo— es que ella «le en­ri­que­ce la vi­da día a día». Lau­ra se par­te de ri­sa an­te la afir­ma­ción, pe­ro se no­ta que ado­ra esa me­ticu­losi­dad in­ge­nie­ra de él que le ha­ce te­ner to­do con­tro­la­do, so­bre to­do lo que tie­ne que ver con los pe­que­ños de­ta­lles. «A mí me gus­ta ver el la­do po­si­ti­vo de las co­sas, y tal vez eso me lle­ve a in­ten­tar sor­pren­der­la siem­pre que pue­do, me gus­ta te­ner to­do ba­jo con­trol cuan­do nos va­mos de via­je, por­que pa­ra mí tam­bién es una ma­ne­ra de dis­fru­tar­lo, no so­lo cuan­do nos va­mos, sino mu­cho an­tes, cuan­do voy vien­do adón­de ir, dónde co­mer, qué vi­si­tar...». «Di­ga­mos que via­ja por an­ti­ci­pa­do», se ríe ella, que va­lo­ra mu­cho to­do ese es­fuer­zo.

Gus­ta­vo tu­vo la pri­me­ra opor­tu­ni­dad de mos­trar su ca­pa­ci­dad de sor­pre­sa en el via­je de no­vios y ce­dió al gus­to de ella. «Soy una lo­ca de Lo que

el vien­to se lle­vó des­de que des­cu­brí la pe­lí­cu­la de pe­que­ña, me leí el li­bro de Mar­ga­ret Mit­chell no sé cuan­tas ve­ces, de mo­do que no po­día de­jar de vi­si­tar to­dos esos en­cla­ves del fil­me. Nos fui­mos a Nue­va Or­leans, Atlan­ta, Char­les­ton...; un via­je por el sur de Es­ta­dos Uni­dos ma­ra­vi­llo­so». Esa fue una pri­me­ra prue­ba de amor (él la sor­pren­dió con un pa­se es­pe­cial de la pe­lí­cu­la en el ho­tel), pe­ro des­pués ven­drían mu­chas más.

DE FI­LA­DEL­FIA A MINÉAPOLIS

Tras un año en Ma­drid co­mo re­cién ca­sa­dos, la vi­da les vol­vió a po­ner otra me­ta: la po­si­bi­li­dad de ir­se a Fi­la­del­fia a vi­vir por su tra­ba­jo. Y se lan­za­ron. En Fi­la­del­fia dis­fru­ta­ron de tres años «úni­cos, fe­li­ces y ma­ra­vi­llo­sos», en los que apro­ve­cha­ron pa­ra po­der via­jar por to­do el país. De Ha­wái —«lo re­co­men­da­mos»— a Nue­va York, que es­tá a tan so­lo una ho­ra y pico de Fi­la­del­fia. Allí se asen­ta­ron co­mo pareja, «fue nues­tro pri­mer ho­gar» y Lau­ra se plan­teó que a su re­gre­so a Es­pa­ña pre­fe­ri­ría vol­ver a su Co­ru­ña na­tal y no a Ma­drid. Fue en­ton­ces cuan­do Gus­ta­vo lo pa­só peor, por­que tu­vo que vi­vir seis me­ses se­pa­ra­do, «en un pi­so de sol­te­ro», en Ma­drid, de don­de él es, pe­ro sin la com­pa­ñía de Lau­ra. Ella es la di­rec­to­ra de Hércules de Edi­cio­nes, y él so­bre­vi­vió has­ta que en­con­tró un pues­to en A Co­ru­ña, en don­de se han ins­ta­la­do de­fi­ni­ti­va­men­te. «Esa fue en reali­dad su gran prue­ba de amor —apun­ta Lau­ra—, de­jó su ciu­dad, su fa­mi­lia y su en­torno por mí».

A su la­do, Gus­ta­vo quie­re con­cre­tar más y se lan­za a con­tar lo que a Lau­ra la hi­zo sal­tar de ale­gría ha­ce po­co. Ella es su­per­fán de Prin­ce des­de que a los 16 años es­cu­chó un te­ma de él por la ra­dio. «Le pe­dí a mi ma­dre que me fue­ra a com­prar la cin­ta», y de la cin­ta pa­só a los dis­cos, to­dos los li­bros que sa­lían so­bre él y mu­cho más.« Lo vi ac­tuar en tres oca­sio­nes en di­rec­to y no hay can­ción que no me se­pa. Es el más grande, no hay otro mú­si­co co­mo él, era un ge­nio, to­ca­ba ca­si to­dos los ins­tru­men­tos...», se apu­ra. Lo di­ce con una emo­ción en­vi­dia­ble. «Me en­te­ré de su muer­te en Ar­gen­ti­na, por un Whas­tApp de mi her­mano. Allí no reac­cio­né, pe­ro cuan­do pi­sé Co­ru­ña me vi­ne aba­jo. Vol­ví a es­cu­char to­do, a re­leer to­do, y has­ta me hi­ce un ta­tua­je con su ini­cial». An­te ese ba­jón, Gus­ta­vo le pre­pa­ró un via­je es­pe­cial a Mi­neá­po­lis, la ciu­dad de Prin­ce, du­ran­te cua­tro días pa­ra asis­tir a una con­ven­ción, «una es­pe­cie de fe­ria te­má­ti­ca», en la que du­ran­te cin­co ho­ras dia­rias la gen­te que tra­ba­jó con el ar­tis­ta, des­de fo­tó­gra­fos a in­ge­nie­ros de so­ni­do, re­la­ta­ban su re­la­ción con él y «el au­tén­ti­co pro­fe­sio­nal que era». Eso es pa­sión, le di­go. «So­bre to­do pa­ra mí que no soy su­per­fán», se ríe Gus­ta­vo, que por si aca­so ade­lan­ta que si pue­den re­pe­ti­rán en el 2018. Lau­ra, có­mo no, es­tá en­can­ta­dí­si­ma: «¿No es un amor?».

USTAVO LAU­RA

CO­RU­ÑA La pri­me­ra prue­ba de amor es que él ejó Ma­drid por ella. u úl­ti­ma sor­pre­sa: n via­je a Mi­neá­po­lis uran­te cin­co días a na con­ven­ción so­bre rin­ce de la que ella es uper­fán (él no)”

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