Te­ne­mos abue­la

Ma­ría Ga­lia­na ACTRIZ

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: SAN­DRA FA­GI­NAS

Es enér­gi­ca y ja­más se le ha pues­to na­da por de­lan­te. Con cin­co hi­jos y a pun­to de ju­bi­lar­se co­mo pro­fe­so­ra le lle­gó su oportunidad: «Fui­mos to­dos a una, mi ma­ri­do era mi primer fan». Se ins­pi­ró en su abue­la Ma­ría pa­ra ser Her­mi­nia y a este pa­pel le de­be «vi­vir es­ta úl­ti­ma dé­ca­da con ale­gría». «Aho­ra no pue­do pa­rar»

Es di­fí­cil lla­mar­le Ma­ría por­que ca­da dos por tres sa­le esa Her­mi­nia enor­me que ha con­se­gui­do con­ver­tir­la en la abue­la de to­da Es­pa­ña. Ha­ce ca­si vein­te años que la in­ter­pre­ta, y pa­re­ce que en lu­gar de su­mar­le tiempo la ha re­ju­ve­ne­ci­do: «Her­mi­nia me ha dado mucha fuer­za, seguridad en es­ta eta­pa que se su­po­ne la úl­ti­ma de la vi­da, ha si­do un re­to, ten­go bue­na na­tu­ra­le­za, me le­van­to a las 5.30 cuan­do rue­do y he re­co­rri­do Es­pa­ña con el teatro. A los 65 em­pie­za lo bueno», di­ce Ma­ría, ma­dre de cin­co hi­jos, que se ju­bi­ló co­mo pro­fe­so­ra de His­to­ria pa­ra ser actriz. En ma­yo cum­ple 83 años.

—Eres la abue­la de to­dos los es­pa­ño­les. ¿Tú lo sien­tes así?

—Es un ca­li­fi­ca­ti­vo que me han dado y yo me siento muy que­ri­da, la ver­dad. Es­toy en­can­ta­da.

—La gente te lla­ma Her­mi­nia, ¿no?

—Sí, in­clu­so hay per­so­nas que en un de­ter­mi­na­do mo­men­to no caen en quién soy, pe­ro me re­co­no­cen. En­ton­ces me sa­lu­dan co­mo di­cien­do: ‘De­be de ser una se­ño­ra que vie­ne a mi tien­da’ [ri­sas]. Eso me ha­ce mucha gra­cia, pe­ro la ma­yo­ría me co­no­cen y se di­ri­gen a mí muy ca­ri­ño­sa­men­te.

—To­dos te­ne­mos la sen­sa­ción de que tu pa­pel re­pre­sen­ta a cual­quie­ra de nues­tras abue­las. ¿Tú te has ba­sa­do en al­guien?

—A mí cuan­do me ofre­cie­ron el pa­pel ha­ce 17 años di­je: ‘Yo ha­ría un pa­pel co­mo mi abue­la pa­ter­na’. A mi abue­la ma­ter­na yo la co­no­cí, pe­ro era pe­que­ña cuan­do ella mu­rió. En cambio, mi abue­la pa­ter­na, Ma­ría, vi­vió mu­chos años, co­no­ció a mis hi­jos, a sus bis­nie­tos, y fue una ins­ti­tu­ción. Era una mu­jer se­ria, pru­den­te, que no con­ta­ba nun­ca co­ti­lleos, muy rec­ta pe­ro no en el sentido más adus­to de la pa­la­bra, sino que era in­ta­cha­ble des­de el pun­to de vista de su com­por­ta­mien­to mo­ral, de su con­duc­ta. Al mis­mo tiempo te­nía una ex­tra­or­di­na­ria com­pren­sión, te­nía diez hi­jos. A mí me pa­re­cía que era una abue­la per­fec­ta­men­te re­pre­sen­ta­ble. Y aun­que yo no soy igual que ella, creo que el he­cho de que las per­so­nas me con­si­de­ren muy pa­re­ci­da a sus abue­las es por­que pa­re­ce que lo he pes­cao.

—Son los va­lo­res de una abue­la uni­ver­sal.

—Sí, por­que de­bo de ha­ber con­se­gui­do el es­pí­ri­tu abue­la.

—¿Y tú co­mo abue­la có­mo eres?

—No ten­go na­da que ver. Soy una per­so­na bas­tan­te se­ca de ca­rác­ter, no soy ca­ri­ño­sa, no soy na­da tier­na, soy bas­tan­te se­ca, la ver­dad. Me cuesta mu­cho trabajo dar be­sos, tan­to a mis hi­jos co­mo a mis nie­tos. A lo me­jor lle­go a una ca­sa, sa­lu­do, y na­da más. Y me lo echan en ca­ra, pe­ro bueno, en eso me pa­rez­co a mi abue­la Ma­ría. Le ten­go mu­cho ca­ri­ño a mis nie­tos, pe­ro soy bas­tan­te dis­tan­te. No ten­go ab­so­lu­ta­men­te na­da que ver con el per­so­na­je.

—Her­mi­nia pro­te­ge mu­cho a su hi­ja Mer­che, pe­ro ti­ra por An­to­nio.

—Cla­ro, por­que es­ta mu­jer que ha vi­vi­do la gue­rra civil tie­ne ese es­pí­ri­tu de que él es el que man­da, el que tie­ne la au­to­ri­dad en la ca­sa. Sabe que su yerno se equi­vo­ca muchas ve­ces, pe­ro se lo per­do­na todo por­que pien­sa que, si el hom­bre es­tá con­ten­to y feliz, la ar­mo­nía fa­mi­liar se consigue [ri­sas].

—Qué di­fí­cil tuvo que ser ese tiempo pa­ra las mu­je­res. ¿Tú có­mo lo vi­vis­te? Y so­bre todo aho­ra que to­das es­ta­mos reivin­di­can­do nuestros de­re­chos.

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