So­lo 27 de las 1.289 de­nun­cias por mal­tra­to partieron de las víc­ti­mas

Los juz­ga­dos de la pro­vin­cia dic­ta­ron en lo que va de año 1.358 ór­de­nes de pro­tec­ción

La Voz de Galicia (Barbanza) - Barbanza local - - BARBANZA-MUROS-NOIA - AL­BER­TO MAHÍA

La ci­fra es tre­men­da. En la pro­vin­cia co­ru­ñe­sa, en lo que va de año, se re­gis­tra­ron un to­tal de 1.289 de­nun­cias por mal­tra­to. Lo peor es que la in­men­sa ma­yo­ría par­ten de un ates­ta­do po­li­cial y no di­rec­ta­men­te de las víc­ti­mas, pues so­lo 27 mujeres que han su­fri­do vio­len­cia se­xis­ta de­nun­cia­ron a sus pa­re­jas por ini­cia­ti­va pro­pia. Es de­cir, que se pre­sen­ta­ron en co­mi­sa­ría an­tes de que la po­li­cía, un fa­mi­liar o un ve­cino in­ter­vi­nie­ran.

Se­gún los da­tos apor­ta­dos por el Mi­nis­te­rio de Sa­ni­dad, Ser­vi­cios So­cia­les e Igual­dad, en la pro­vin­cia se pro­du­je­ron des­de enero 1.038 ca­sos de vio­len­cia con­tra la mu­jer sur­gi­dos a raíz de una in­ter­ven­ción po­li­cial. Son los pro­pios agen­tes quie­nes rea­li­zan el ates­ta­do y las víc­ti­mas lo ra­ti­fi­can. En 28 oca­sio­nes, fue la fa­mi­lia de la agre­di­da la que dio el primer pa­so.

Hoy se sa­be que el 016, el te- lé­fono de ayu­da a las víc­ti­mas de vio­len­cia en el ho­gar, re­ci­bió en el 2016 un to­tal de 1.310 lla­ma­das, cuan­do en el 2015 fue­ron 1.691. En cuan­to al nú­me­ro de ayu­das que se dis­pen­sa­ron a las víc­ti­mas, fue­ron 558 las otor­ga­das en Galicia (no hay da­tos pro­vin­cia­les).

Otro as­pec­to im­por­tan­te re­fle­ja­do en el por­tal es­ta­dís­ti­co del Mi­nis­te­rio de Sa­ni­dad es el re­fe­ren­te a los dis­po­si­ti­vos elec­tró­ni­cos de se­gui­mien­to. En la ac­tua­li­dad, 43 mujeres de la pro­vin­cia por­tan un te­lé­fono de emer­gen­cia con geo­lo­ca­li­za­ción.

Ade­más, el juz­ga­do de Vio­len­cia so­bre la Mu­jer de A Co­ru­ña tra­mi­tó el año pa­sa­do un to­tal de 905 de­nun­cias. En el 20 % de los ca­sos, las víc­ti­mas re­ti­ra­ron la acu­sa­ción o se aco­gie­ron a su derecho a no de­cla­rar con­tra sus ma­ri­dos. Es­te año las ci­fras son similares. Lo hi­cie­ron «por­que los han per­do­na­do, por mie­do o por pre­sio­nes fa­mi­lia­res», se­gún fuen­tes ju­di­cia­les. Eso no su­po­ne que los agre­so­res se li­bren de la pe­na, pues en esos ca­sos en los que la víc­ti­ma re­ti­ra la de­nun­cia, la Fis­ca­lía con­ti­núa igual­men­te con el pro­ce­so. Lo que se co­no­ce co­mo «ac­tuar de ofi­cio». En la ma­yo­ría de los ca­sos, cuan­do las prue­bas son no­to­rias, el mal­tra­ta­dor re­sul­ta con­de­na­do, aunque la víc­ti­ma mien­ta o ca­lle en el jui­cio para sal­var­lo, co­sa que es­te año ocu­rrió en me­dio cen­te­nar de mal­tra­tos.

En es­tos mo­men­tos hay vi­gen­tes 320 ór­de­nes de ale­ja­mien­to. A es­te res­pec­to, el Con­se­jo Ge­ne­ral del Po­der Ju­di­cial (CGPJ) mos­tró un in­for­me en el que se re­fle­ja que más de un ter­cio de las so­li­ci­ta­das por las víc­ti­mas son de­ne­ga­das.

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