Los días ma­los

La Voz de Galicia (Barbanza) - Barbanza local - - BARBANZA-MUROS-NOIA - Emi­lio San­ma­med

Lle­vo una tem­po­ra­di­ta ma­la, no le­van­to ca­be­za des­de aque­lla tar­de de enero de 1984. Soy muy mío y lie una bue­na za­pa­ties­ta ese día. No se ima­gi­nan us­te­des lo que ti­ra­ba el mé­di­co de mí pa­ra que sa­lie­ra, ¡con lo bien que es­ta­ba yo en la ba­rri­ga de mi ma­dre! Co­mo les di­go, el ga­leno ti­ra que ti­ra y yo, que me veía pre­ma­tu­ro, in­ten­tan­do ra­zo­nar con él: «Cin­co mi­nu­ti­tos más, por fa­vor», «pe­ro ¿no ve us­ted que ten­go la glán­du­la pi­neal aún en de­sa­rro­llo?», «¡mi­re que co­mo se va­ya la luz en la in­cu­ba­do­ra y no me crez­ca la glán­du­la pi­neal!».

Na­da, ni ca­so, no aten­día a ra­zo­nes ni a glán­du­las pi­nea­les y a eso de las 18.00 me sa­có, creo re­cor­dar que gri­tan­do «¡sal ya, ca­brón!». Va­mos, que na­cí a la ho­ra de la me­rien­da, po­co gla­mur pa­ra un dan­di co­mo yo, que soy de ce­ni­tas en el Te­le­piz­za. Con­si­de­ran­do to­do es­to, mi­ré al mé­di­co a los ojos, desafian­te, con mi te­mi­ble mi­ra­da del ti­gre. Se lo to­mó fa­tal, ¡fa­tal!, tan mal que me dio un le­ña­zo en el cu­lo, sí, oi­gan. En tan es­tu­pe­fac­to si­len­cio me que­dé que me dio otro gra­tis. Ahí me de­rrum­bé, no pu­de man­te­ner la cal­ma y me eché a llo­rar con voz de con­tra­te­nor.

Pues no aca­bó ahí la co­sa, co­mo co­lo­fón y con po­ca de­li­ca­de­za, va y cor­ta el ne­xo fí­si­co que me unía a mi ma­dre, el cor­dón um­bi­li­cal. Y aun me­nos mal que no con­fun­dió aquel in­ter­mi­na­ble con­duc­to con mi miembro vi­ril. Ha­la, di­rec­to a la in­cu­ba­do­ra. Re­cuer­do es­tar allí, sa­bo­rean­do la amar­gu­ra de ser, pen­san­do mien­tras los hom­bres se des­me­nu­zan en­tre los he­rrum­bro­sos de­dos de la muer­te: «¿Por qué nos pa­san co­sas ma­las a la gen­te bue­na?». Y des­de ese día, to­do me fue a peor.

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