«No veo los há­bi­tats co­mo si fue­sen un es­ce­na­rio»

SUE HUBBELL VI­VIÓ EN SO­LE­DAD EN LOS MON­TES OZARKS EN EL ME­DIO OES­TE DE EE.UU. SU EX­PE­RIEN­CIA ES­TÁ RE­CO­GI­DA EN EL CLÁ­SI­CO «UN AÑO EN LOS BOSQUES»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - LETRAS -

X. FRA­GA | Sue Hubbell (Ka­la­ma­zoo, Mí­chi­gan, 1935), es au­to­ra de Un año en los bosques, un clá­si­co que pu­bli­ca el día 9 de ma­yo Erra­ta Na­tu­rae, con pró­lo­go del pre­mio No­bel Jean-Ma­rie Le Clé­zio.

—Le Clé­zio di­ce que es­te es un li­bro de apren­di­za­je: que nos re­la­cio­na­mos con la na­tu­ra­le­za a tra­vés de nues­tros co­no­ci­mien­tos pe­ro que ella nos en­se­ña mu­cho más. ¿Có­mo fue pa­ra us­ted?

—Ten­go cier­ta for­ma­ción académica en bio­lo­gía, pe­ro más im­por­tan­te fue que mi pa­dre de­di­ca­se mu­chas ho­ras de fin de se­ma­na a lle­var­me a lu­ga­res sal­va­jes e in­tere­san­tes; no so­lo me in­di­ca­ba los nom­bres bo­tá­ni­cos de las plan­tas, sino que me en­se­ña­ba có­mo las co­mu­ni­da­des na­tu­ra­les en­ca­jan en­tre sí, com­pi­tien­do y apo­yán­do­se. Así que no veo los há­bi­tats co­mo si fue­sen un es­ce­na­rio, sino que he tra­ta­do de en­ten­der qué es lo que es­ta­ba pa­san­do. Mu­chas en­tre­vis­tas a bió­lo­gos en mis li­bros pos­te­rio­res, mu­cha in­ves­ti­ga­ción, mu­chas lec­tu­ras. Ha si­do di­ver­ti­do. He cons­trui­do una ca­rre­ra li­te­ra­ria a par­tir de in­ten­tar pa­liar mi ig­no­ran­cia, he tra­ba­do amis­tad con cien­tí­fi­cos dis­pues­tos a com­par­tir su co­no­ci­mien­to. Han si­do ge­ne­ro­sos con­mi­go.

—LeC­le­zio tam­bién afir­ma ha­ber leí­do su li­bro con el mis­mo pla­cer con el que de jo­ven leía a Vir­gi­lio ba­jo los oli­vos, so­lo que aho­ra esos oli­vos ya no exis­ten.

—Es muy ha­la­ga­dor que te com­pa­ren con Vir­gi­lio. La­men­to que ya no es­tén los oli­vos. Las úl­ti­mas dé­ca­das, con la cre­cien­te ne­ce­si­dad de es­pa­cio y re­cur­sos de la po­bla­ción hu­ma­na en au­men­to, ha des­trui­do mu­cho de lo que lla­ma­mos el mun­do na­tu­ral. Y es muy po­si­ble que desem­bo­que en un fi­nal in­fe­liz.

—«Un año en los bosques» exu­da so­le­dad. ¿Ha­bría si­do un li­bro muy di­fe­ren­te en otras cir­cuns­tan­cias?

—Sí, por su­pues­to que es­tar a so­las mol­deó el li­bro. Sa­lir ade­lan­te so­la me obli­gó a te­ner siem­pre en men­te una vi­sión ge­ne­ral: las abe­jas y sus ne­ce­si­da­des, ven­der la miel, arre­glar la fur­go­ne­ta, apun- ta­lar las vi­vien­das. Pe­ro de al­gu­na for­ma fue es­ti­mu­lan­te. Y allí hi­ce bue­nos ami­gos y ve­ci­nos, gen­te con la que aún si­go en con­tac­to.

—El li­bro se pu­bli­có ha­ce trein­ta años y creo que ya no vi­ve en los Ozarks. ¿Qué re­cuer­dos tie­ne aho­ra?

—Los re­cuer­dos del lu­gar son in­ten­sos. Cuan­do me mar­ché sa­bía que ten­dría que ven­der, pe­ro gra­cias a una fan­tás­ti­ca ca­sua­li­dad, el De­par­ta­men­to de Con­ser­va­ción de Mi­su­ri se pu­so en con­tac­to con­mi­go y me pre­gun­tó si po­dían com­prar des­de la lí­nea di­vi­so­ria de aguas ha­cia una ca­ra del va­lle y el arro­yo. Les di­je si les gus­ta­ría com­prar la to­ta­li­dad de los cien acres, por­que en la otra ca­ra es­ta­ba el pri­mer sen­de­ro flu­vial pai­sa­jís­ti­co de los Es­ta­dos Uni­dos. Lo com­pra­ron y se hi­cie­ron car­go, de­cla­ran­do sus es­ta­tus le­gal co­mo «Siem­pre Sal­va­je» (de­mo­lie­ron las vi­vien­das, cla­ro). «Siem­pre», co­mo me ha co­men­ta­do un ami­go abo­ga­do, ha re­sul­ta­do ser 37 años. Pe­ro me sen­tí fe­liz de po­der de­vol­ver la tie­rra a su há­bi­tat. Lo vi­si­té ha­ce po­co y es todo bos­que otra vez.

—Creo que mu­dar­se a los Ozarks fue una for­ma de pro­tes­ta con­tra lo que ocu­rría en esos años, es­pe­cial­men­te la gue­rra de Viet­nam. ¿Con­tra qué de­be­mos pro­tes­tar aho-

—¿Pro­tes­tar? Sí, de­be­mos pro­tes­tar. Pe­ro tam­bién con­tri­buir de for­ma po­si­ti­va allí don­de nos sea po­si­ble. Lo que no de­be­ría­mos es ser cóm­pli­ces. Aún si­go in­vo­lu­cra­da en cues­tio­nes po­lí­ti­cas y el go­bierno del pe­que­ño pue­blo en el que vi­vo en Mai­ne. Es­toy or­gu­llo­sa de mi hi­jo, que for­ma par­te de la asam­blea le­gis­la­ti­va de Mai­ne y tra­ba­ja du­ro pa­ra me­jo­rar la edu­ca­ción. —Sí, creo que hay más es­cri­tu­ra des­de ese pun­to de vis­ta. Al­go bueno, pro­ba­ble­men­te. Leo mu­chos tex­tos aca­dé­mi­cos, pe­ro que tie­nen una re­cep­ción muy li­mi­ta­da. Un pú­bli­co lec­tor más am­plio pue­de ayu­dar a que se ten­ga una pers­pec­ti­va más am­plia.

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