El mal en­car­na­do en do­ce can­cio­nes

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . CRÍTICA - TEX­TO: CAR­LOS PE­REI­RO

Des­pués de trein­ta años ofre­cien­do can­cio­nes, lo en­tra­ña­ble de Josele San­tia­go es que to­do lo que sa­ca co­mo no­ve­dad tie­ne tam­bién cier­to ai­re no­ve­do­so. No es fá­cil, pe­ro esa rup­tu­ra es­pa­cio-tiem­po que traen sus dis­cos pro­du­ce una be­lla sen­sa­ción. La sor­pre­sa, en un mun­do con es­ca­le­ta en el cual des­per­ta­mos con una alar­ma que ya nos avi­sa lo que va­mos a dor­mir, es uno de los en­tes que me­jor tra­ba­ja el ma­dri­le­ño, afin­ca­do en Ca­ta­lu­ña, cuan­do aga­rra la gui­ta­rra. Así, en Tran­sil­va­nia sor­pren­den los nue­vos re­gis­tros mu­si­ca­les que se han tra­ta­do, fru­to de la sim­bio­sis que pa­re­ce ha­ber­se desa­rro­lla­do en­tre Josele y Raül Fer­nán­dez Re­free, pro­duc­tor y tam­bién mú­si­co en las do­ce can­cio­nes del ál­bum.

Hay elec­tri­ci­dad y efec­tos; pe­ro tam­bién hay na­tu­ra­li­dad, ma­de­ra y el rui­do de la res­pi­ra­ción que uno ha­ce an­te el mi­cró­fono an­tes de asal­tar la gra­ba­ción. To­do ello se ha re­co­gi­do en un tra­ba­jo que rom­pe el si­len­cio (al me­nos en so­li­ta­rio, pues la Re­vuel­ta Ene­mi­ga aún con­ti­núa en mar­cha) del ma­dri­le­ño en seis años. La lí­ri­ca de Tran­sil­va­nia apa­re­ce amar­ga, ca­brea­da, har­ta y has­ta de­ses­pe­ra­da. Josele asal­ta el mun­do que ve de una ma­ne­ra sa­gaz, con su ha­bi­tual iro­nía, gra­cias a un ojo clí­ni­co más que de­mos­tra­do con el tiem­po. No en vano, con so­lo vein­ti­cin­co años, fue el res­pon­sa­ble de crear uno de los dis­cos más os­cu­ros y be­llos del rock es­pa­ñol, co­mo es La vi­da ma­ta. Des­de aque­llas, le­tris­ta y mú­si­cos no han he­cho más que cre­cer, por eso hay pin­ce­la­das cul­tu­ra­les por do­quier.

Re­fe­ren­cias al ci­ne, co­mo a la pe­de­ras­tia mos­tra­da en la ga­na­do­ra del Ós­car, Spotlight, o a la li­te­ra­tu­ra, a tra­vés de Ju­lio Ver­ne o Fran­cis­co Ca­sa­ve­lla. Tam­bién es­tá Dios, eterno se­cun­da­rio de lu­jo en las his­to­rias de Josele San­tia­go; o el pro­pio mal, las for­mas que to­ma; co­mo la del in­tere­sa­do que le ríe las gra­cias al je­fe, o la de un fa­tí­di­co cam­bio cli­má­ti­co, o la del ofre­ci­mien­to de la yu­gu­lar al ban­co cuan­do to­ca pe­dir la hi­po­te­ca. De ahí sa­le Tran­sil­va­nia, de sus Cár­pa­tos mi­to­ló­gi­cos y en­som­bre­ci­dos, de una es­pe­ran­za que di­fí­cil­men­te cues­ta en­con­trar, aun­que al­gu­na siem­pre que­da.

«TRAN­SIL­VA­NIA»

JOSELE SAN­TIA­GO POP-ROCK 14,55 EU­ROS

De­pre­da­ción, fa­na­tis­mo y con­fu­sión en un con­tex­to so­cial, po­lí­ti­co y eco­nó­mi­co do­mi­na­do por el mal.

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