La Mo­vi­da mo­la­ba mu­cho, pe­ro no ven­día dis­cos

NUN­CA HAN PA­SA­DO DE MO­DA. DES­PUÉS DE 30 AÑOS EN LA MÚ­SI­CA, LOS HOM­BRES G UNEN UNA GI­RA CON OTRA Y SI­GUEN LLE­NAN­DO. DEN­TRO DE PO­CO SA­CA­RÁN AL MER­CA­DO UN NUE­VO DIS­CO.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - ACTUALIDAD - POR J ABRIL FO­TOS: AL­BER­TO BER­NÁR­DEZ

Es­toy has­ta los hue­vos del te­ma de los pi­jos

He cre­ci­do con las can­cio­nes de Hom­bres G y la vi­da me ha lle­va­do a com­par­tir con ellos mu­chos mo­men­tos. Lo cu­rio­so es que mi ad­mi­ra­ción cre­ce cuan­to más ami­gos so­mos. Lle­van 30 años de es­ce­na­rio en es­ce­na­rio, han he­cho pe­lí­cu­las, un mu­si­cal, han enamo­ra­do a mi­les de chi­cas, han ven­di­do 15 mi­llo­nes de co­pias y son las per­so­nas más nor­ma­les que he co­no­ci­do. No de­be ser fá­cil, pe­ro ellos lo ha­cen. Da­vid Summers, Ra­fa Gu­tié­rrez, Da­ni Mezquita y Ja­vi Mo­li­na si­guen sien­do los ami­gos que re­vo­lu­cio­na­ron los es­ce­na­rios en los 80 y si­guen ha­cién­do­lo a día de hoy. Que­do con Da­vid cer­ca de su ca­sa. Tie­ne un hue­co en una gi­ra que no pa­ra des­de ha­ce años. Les re­co­mien­da es­cu­char Lo

no­to mien­tras leen la en­tre­vis­ta. Su pri­mer éxi­to en es­ta se­gun­da eta­pa que tan­to les es­tá dan­do. Hay G pa­ra ra­to.

50 con­cier­tos es­te año, ¿có­mo lle­váis eso de no pa­rar?

Nun­ca pa­ra­mos. Lo lle­va­mos bien por­que no po­de­mos pa­rar. Me di cuen­ta ha­ce tiem­po de que tra­ba­jar mu­cho no es ma­lo. So­bre to­do si te gus­ta tu tra­ba­jo. En mi ca­so, es que me ha­ce fe­liz. Sa­lir por ahí a can­tar, arras­trar ma­le­tas por el ae­ro­puer­to… yo no quie­ro pa­rar nun­ca. Y co­mo no quie­ro, no se pa­ra. (ri­sas)

Se­guís con los con­cier­tos y aho­ra, des­pués de sie­te años, sa­cáis nue­vo dis­co. ¿sa­be­mos el nom­bre?

Aun no. Te­ne­mos ocho can­cio­nes. Quie­ro com­ple­tar­lo con dos más. Lo que ten­go me gus­ta, pe­ro es de cor­te ro­mán­ti­co. Más tran­qui­lo, que es lo que me pi­de el cuer­po. Ne­ce­si­to un par de te­mas más cañeros. Ha sa­li­do un dis­co me­lan­có­li­co. Es­cri­bo se­gún mi es­ta­do de áni­mo. ¿Aho­ra es­tás en ese mo­men­to? Sí. Me ape­te­ce ha­cer can­cio­nes más in­ten­sas, más sen­ti­das. Más de es­cu­char. Com­po­nes tú, pe­ro ¿de­ci­dís to­do en­tre los cua­tro? Yo pre­sen­to las can­cio­nes y ellos me van di­cien­do si les gus­tan. Si una can­ción nos gus­ta a to­dos, va pa­ra ade­lan­te. Si a uno no le gus­ta tan­to, du­da­mos. So­mos muy exi­gen­tes. Nor­mal­men­te nos gus­tan a la pri­me­ra. Ten­go mu­cho ma­te­rial. Com­po­ner for­ma par­te de mi día a día. Si no ali­men­tas la crea­ti­vi­dad se duer­me.

Os he­mos vis­to con in­fi­ni­dad de ami­gos en co­la­bo­ra­cio­nes. Aho­ra to­ca una gi­ra de Hom­bres G y Ta­bu­re­te. ¿Có­mo sur­ge eso?

Los chi­cos de Ta­bu­re­te son muy fa­nes de Hom­bres G. Siem­pre han ha­bla­do de no­so­tros y al­guien nos lla­mó pa­ra ha­cer al­go jun­tos. Nos gus­tó la idea por­que su éxi­to vie­ne de una ma­ne­ra muy per­so­nal de ha­cer mú­si­ca. Tie­nen unas le­tras que no se pa­re­cen a na­die.

Es­toy de acuer­do, aun­que mu­chos di­cen que es­tán don­de es­tán por­que son fa­mi­lia de quie­nes son…

Eso se irá ol­vi­dan­do ha­cien­do can­cio­nes. Es­tán de­mos­tran­do que es­tán triun­fan­do por­que se lo me­re­cen. No tie­ne na­da que ver el ta­len­to de Willy con los pro­ble­mas de su pa­dre. Cuan­do yo

em­pe­cé tam­bién de­cían que mi pa­dre (Ma­nuel Summers) me ha­cía las can­cio­nes, que nos me­tía en la te­le­vi­sión. Ya nun­ca me pre­gun­tan por eso.

Cuan­do los ves aho­ra, ¿te re­cuer­da al co­mien­zo de los Hom­bres G?

La ver­dad es que sí. Mu­si­cal­men­te no, en na­da, pe­ro cuan­do no­so­tros em­pe­za­mos tam­po­co que­ría­mos ser co­mo los de­más. Era una épo­ca en la que to­dos los gru­pos iban con cru­ci­fi­jos en las ore­jas, muy si­nies­tros, muy os­cu­ros. Es­ta­ba de mo­da y a mí me es­pan­ta­ba. Que­ría­mos al­go fres­co, ca­chon­do, di­ver­ti­do y na­tu­ral.

Tam­bién coin­ci­dís en que las de­ci­sio­nes em­pie­zan y aca­ban en vo­so­tros.

Tam­bién. No­so­tros va­mos al mar­gen de la in­dus­tria. Ha­ce­mos las co­sas cuan­do que­re­mos y co­mo que­re­mos. No te­ne­mos dis­co­grá­fi­ca y ellos in­clu­so han crea­do la su­ya. Pe­ro ellos han te­ni­do más hue­vos, por­que cuan­do no­so­tros hi­ci­mos eso, ya éra­mos los Hom­bres G. Éra­mos gran­des y con una his­to­ria de­trás. Ta­bu­re­te lo han he­cho sien­do unos cha­va­les y lo han con­se­gui­do gra­cias a su mú­si­ca y a los me­dios que hay aho­ra.

¿Có­mo van a ser esos con­cier­tos con Ta­bu­re­te?

Muy di­ver­ti­dos. Po­drían ser nues­tros hi­jos. Ten­go ca­si 30 años más que Willy (ri­sas). Va­mos a ha­cer al­go es­pe­cial. No quie­ro des­ve­lar mu­cho, pe­ro sí que va­mos a in­ter­ac­tuar, ha­re­mos can­cio­nes unos de los otros. Ha­ce­mos es­to por­que que­re­mos. Nos ape­te­ce unir nues­tros pú­bli­cos. De diez a 50 años.

Pú­bli­co diferente… aun­que di­gan que to­dos pi­jos.

Es que es­toy has­ta los hue­vos del te­ma de los pi­jos. Lo pri­me­ro es ¿qué es un pi­jo? Pa­re­ce que se ha­bla de un gre­mio des­agra­da­ble. Pa­re­ce que ser pi­jo es ma­lo. Si fue­ra al­go, que creo que no, se­ría el que no es punky, roc­ke­ro o al­go así. Pe­ro es muy an­ti­guo eso. Nun­ca en­ten­dí por qué nos ca­ta­lo­ga­ban co­mo pi­jos. Nues­tro pú­bli­co es gen­te nor­mal. Y no­so­tros nun­ca lo fui­mos. En mi vi­da he lle­va­do ro­pa de mar­ca. Nun­ca he con­vi­vi­do con lo que se pue­de in­ter­pre­tar co­mo pi­jos. Mis ami­gos son gen­te nor­mal. Más bien ro­que­ri­llos. Si ha­blan de ha­ce 30 años, pues pue­de ser que nues­tro pú­bli­co fue­ra de ese es­ti­lo, pe­ro ha­ce mu­cho de eso.

Ha­blas de la Mo­vi­da de los 80. Ahí fuis­teis un fe­nó­meno diferente.

Sí. Es que no­so­tros no éra­mos co­mo ellos por­que no­so­tros ven­día­mos 700.000 dis­cos y ellos no ven­dían na­da. Los Hom­bres G rom­pi­mos con to­do. La Mo­vi­da mo­la­ba mu­cho, pe­ro no ven­día. Era un mo­vi­mien­to cul­tu­ral. Nun­ca fue in­dus­tria.

¿Ha­bía mal ro­llo?

Pa­ra na­da. Al con­tra­rio. Ten­go gran­des ami­gos de to­do ti­po en la mú­si­ca. Soy tan ami­go de Sa­bi­na co­mo de Ro­sen­do, de Mi­kel Erent­xun o de Ana To­rro­ja. No mi­do a la gen­te por sus pen­sa­mien­tos po­lí­ti­cos. Nun­ca. Creo que en es­te mo­men­to se nos res­pe­ta mu­cho. 30 años en el mun­do de la mú­si­ca no es un gol­pe de suer­te. He­mos he­cho dis­cos, gi­ras, pe­lí­cu­las…

Ne­ce­si­to que me ex­pli­ques la his­to­ria de Mar­ta tie­ne un mar­ca­pa­sos.

Es que, en el ca­so de Mar­ta tie­ne un mar­ca­pa­sos, no tie­ne ex­pli­ca­ción ló­gi­ca. La es­cri­bí con 17 años y en esas épo­ca es­ta­ba siem­pre ha­cien­do le­tras su­rrea­lis­tas. No ha­cía can­cio­nes de amor ni pro­fun­das. Re­cuer­do que en ese mo­men­to mi pa­dre es­ta­ba ha­cien­do chis­tes de la Pa­sio­na­ria. Que si te­nía un mar­ca­pa­sos o no sé qué. Y tam­bién es­ta­ba la pe­lí­cu­la de Alien de mo­da. Uní unos cuan­tos con­cep­tos de un mar­ca­pa­sos que sa­lía del pe­cho de una chi­ca (ri­sas) y sa­lió la can­ción. Muy punky to­do. Pe­ro ni la Mar­ta de la can­ción es mi mu­jer, ni de­jé em­ba­ra­za­da a una chi­ca y tu­vo que abor­tar, ni es una can­ción de una chi­ca con pro­ble­mas de dro­gas, ni mil ton­te­rías que he es­cu­cha­do mil ve­ces. La gen­te di­ce mu­chas gi­li­po­lle­ces.

So­mos cua­tro se­ño­res que tras el con­cier­to, se van a ca­sa

Ten­go que pre­gun­tar­te por una po­lé­mi­ca en la que al­gu­nos po­cos te ta­chan de ho­mó­fo­bo.

Mira, to­tal­men­te ri­dícu­lo. De­mues­tra el mo­men­to tan es­tú­pi­do que es­ta­mos vi­vien­do. Cuan­do me pre­gun­ta­ron por la Mo­vi­da, di­je que fue un mo­vi­mien­to de li­be­ra­ción des­pués de una dic­ta­du­ra en la que los gais ha­bían es­ta­do jo­di­dos. Y que en ese mo­vi­mien­to, el co­lec­ti­vo gay ló­gi­ca­men­te es­tu­vo pre­sen­te. La ma­yo­ría de los gru­pos lo eran y no­so­tros no nos sen­tía­mos iden­ti­fi­ca­dos con la Mo­vi­da por­que no lo éra­mos. De ahí a que me lla­men ho­mó­fo­bo, mira pues no. Ja­más lo he si­do ni he ofen­di­do a nin­gún gay. Pe­ro, te di­go más. La can­ción de

Sufre ma­món tie­ne 30 años. Pues en 30 años ja­más na­die se ha que­ja­do de que sea una can­ción ho­mo­fó­bi­ca por­que di­ga «voy a ven­gar­me de ese ma­ri­ca». Era un tío que me qui­ta­ba la no­via, jo­der. Y en esa épo­ca, ha­bía gais y no mo­les­tó a nin­guno. Era una can­ción di­ver­ti­da y ca­chon­da y ya es­tá. Nun­ca pa­só na­da. Has­ta aho­ra que es­ta­mos en un mo­men­to cul­men de má­xi­ma gi­li­po­llez en el que hay al­guno que di­ce que ex­pli­que esa ex­pre­sión en una can­ción.

Siem­pre has si­do cla­ro ha­blan­do. ¿Có­mo es­tás vi­vien­do es­te mo­men­to de lo po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­to?

Es re­pug­nan­te. No se pue­de de­cir na­da. In­clu­so no­so­tros mis­mos nos au­to­co­rre­gi­mos por si al­gún co­lec­ti­vo se te echa en­ci­ma en las re­des so­cia­les pa­ra ma­cha­car­te. Se ha crea­do una si­tua­ción de au­to­cen­su­ra psi­co­ló­gi­ca. An­tes los es­pa­ño­les nos reía­mos de to­do. To­dos veía­mos a Mar­tes y Tre­ce ha­cien­do mil bro­mas de cual­quier cosa. A ver quién tie­ne hue­vos aho­ra de ha­cer hu­mor ne­gro. Mi pa­dre siem­pre lo tra­ba­jó y aho­ra se­ría im­pen­sa­ble. Da la sen­sa­ción que hay gen­te desean­do ver el mal don­de no lo hay.

Va­mos con al­go más agra­da­ble. ¿En qué mo­men­to es­tán los Hom­bres G?

Creo que en el que más me gus­ta. An­tes éra­mos cua­tro co­le­gas que ha­cía­mos to­do jun­tos y siem­pre de ca­chon­deo. Aho­ra so­mos cua­tro se­ño­res (ri­sas) y sa­be­mos lo que ha­ce­mos. So­mos más tem­pla­dos en to­do y dis­fru­ta­mos mu­cho. To­ca­mos me- jor que nun­ca y los con­cier­tos son siem­pre tre­men­dos. Pe­ro des­pués, a ca­sa.

Si tu­vie­ras que po­ner un ad­je­ti­vo pa­ra ca­da uno de los G, ¿cuál se­ría?

Pues no sé. Qui­zá Ra­fa es el Fe­liz, Da­ni el Ra­ri­to, Ja­vi el Dor­mi­lón y yo el Tí­mi­do.

¿Y có­mo es la vi­da de Da­vid Summers, el Tí­mi­do?

Pues ade­más de los con­cier­tos, es­cri­bir can­cio­nes, mi fa­mi­lia y el bo­xeo.

La afi­ción al bo­xeo vie­ne de tu pa­dre, ¿ver­dad?

Sí. Mi pa­dre (Ma­no­lo Summers) era un fa­ná­ti­co del bo­xeo. Le gus­ta­ba más que el fút­bol, in­clu­so. Era muy ami­go de to­dos los gran­des de la épo­ca de los 70 y 80. Re­cuer­do ir al ves­tua­rio a ver có­mo se pre­pa­ra­ban. Prac­ti­qué de los 12 has­ta que em­pe­cé con la mú­si­ca. Aho­ra me he me­ti­do de nue­vo y en­treno tres ve­ces a la se­ma­na. Me da igual lo que ten­ga, lu­nes, miér­co­les y vier­nes: bo­xeo. Me da mu­chas co­sas po­si­ti­vas. Men­ta­les y fí­si­cas.

Un grande tu pa­dre.

No hay nin­gún día que no pien­se en él o ha­ble de él. No se ha ido de mi ca­be­za. Lo pa­sé fa­tal cuan­do mu­rió. Coin­ci­dió cuan­do los G nos se­pa­ra­mos y se­guí en so­li­ta­rio. Mi pa­dre era es­pe­cial. Cuan­do lo per­dí me que­dé sin mi me­jor con­se­je­ro.

Cuan­do los G em­pe­za­ron, ¿pen­sa­bas que a los 53 se­gui­rías lle­nan­do así?

En ese mo­men­to ni lo pen­sa­ba ni lo de­ja­ba de pen­sar. La gen­te quie­re que si­ga­mos y que si­ga­mos los cua­tro. No es un gru­po que so­bre­vi­ve con un com­po­nen­te. En el dis­co nue­vo ten­go una can­ción que se lla­ma Lle­gar a

la no­che, por­que mi pa­dre siem­pre de­cía que lo más im­por­tan­te es lle­gar a la no­che. Siem­pre lo he te­ni­do pre­sen­te. Lo que im­por­ta es vi­vir el día co­mo si fue­ra el úl­ti­mo. So­lo pen­sa­mos en el fu­tu­ro in­me­dia­to.

cla­ro y sin­ce­ro “Lo po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­to es re­pug­nan­te”, nos di­ce el can­tan­te.

So­bre es­tas lí­neas, Ra­fael Mu­ñoz Gu­tié­rrez, Da­niel Mezquita, Da­vid Summers y Ja­vier de Mo­li­na, los in­te­gran­tes de Hom­bres G. Arri­ba, en sus co­mien­zos.

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