El ti­mo de los vi­deo­jue­gos

« Loot bo­xes » , co­fres, lla­ves, DLC’s y otros in­ven­tos pa­ra sa­car di­ne­ro a los « ga­mers » .

La Voz de Galicia (A Coruña) - Internet y Redes Sociales - - Portada - TEX­TO: CARLOS PE­REI­RO

Su­pon­ga­mos que us­ted tie­ne dos eu­ros. Es el pre­cio apro­xi­ma­do de un co­fre de Do­ta 2, por ejem­plo, el po­pu­lar jue­go de Val­ve pa­ra PC. Lo com­pra. Lo abre. En él pue­de ob­te­ner atuen­dos cos­mé­ti­cos pa­ra sus per­so­na­jes fa­vo­ri­tos, uno por baúl. Tam­bién, con al­go de suer­te pue­de ad­qui­rir ade­más un cos­mé­ti­co ra­ro, con al­go más de for­tu­na uno muy ra­ro, y con una po­si­bi­li­dad ca­si ín­fi­ma de lo­grar­lo un ul­tra ra­ro. Per­fec­to. Una vez se abu­rre del atuen­do o lo que sea que le ha­ya to­ca­do, pue­de ven­der­lo en el mer­ca­do vir­tual. No es­pe­re re­cu­pe­rar su in­ver­sión si se tra­ta de un cos­mé­ti­co nor­mal, ha­bi­tual; pe­ro co­mo ten­ga una ca­te­go­ría su­pe­rior... ¡ay! Ahí co­mien­za la gra­cia.

Pro­ba­ble­men­te pien­se que pa­gar por un me­ro ele­men­to de­co­ra­ti­vo es una pér­di­da de di­ne­ro, pe­ro en es­ta so­cie­dad ca­pi­ta­lis­ta ¿quién es quién de juz­gar a otro por sus com­pras? La bro­ma ad­quie­re pro­por­cio­nes bí­bli­cas cuan­do des­cu­bre que por al­gu­nas pie­zas se pa­gan va­rias de­ce­nas de eu­ros. Ese co­fre de dos eu­ros que po­seía­mos, de to­car­nos un ul­tra ra­ro, po­dría­mos ven­der­lo por cer­ca de 40. Ha­bría­mos ga­na­do 38 eu­ros lim­pios. Eso sí, en el ca­so de Do­ta 2, se que­da­rían en su pro­pio mer­ca­do; en Steam son dis­po­ni­bles pa­ra can­jear por otros ob­je­tos (del mis­mo u otro tí­tu­lo) o vi­deo­jue­gos.

No es ra­ro que se ha­ya crea­do una de­ri­va es­pe­cu­la­ti­va en­torno a cier­tos tí­tu­los. Uno in­vier­te y, con al­go de suer­te, du­pli­ca lo gas­ta­do. Pu­ro azar. Co­mo una apues­ta a ca­ra o cruz pe­ro en la que la ta­sa de acier­to no es del 50%, cla­ro. Se com­pran va­rios co­fres y se es­pe­ra que to­que una pie­za dig­na de ven­der, cual tra­ga­pe­rras vir­tual. ¿Qué pa­sa si no to­ca? Ma­la suer­te. Ha­brá gas­ta­do el di­ne­ro en pie­zas que no va­len ca­si na­da en el mer­ca­do, ape­nas unos cén­ti­mos. Sí, si so­lo hu­bie­ra es­pe­ra­do un po­co, po­dría com­prar­las to­das por el mis­mo pre­cio que com­pró una.

¿Y si el que lo ha­ce es me­nor de edad? ¿Quién lo re­gu­la? Na­die. La reali­dad es que en el mo­men­to que in­tro­du­jo su tar­je­ta na­die ha co­te­ja­do que sus da­tos fue­ran reales, sim­ple­men­te que hay cré­di­to. Pu­do ha­ber men­ti­do, o sim­ple­men­te ha da­do su con­sen­ti­mien­to. En la ma­yo­ría de los ca­sos, los pa­dres de los me­no­res no se dan cuen­ta de que su hi­jo po­dría se­guir usan­do su tar­je­ta a pla­cer, y que no ha­bría ma­ne­ra po­si­ble de re­cu­pe­rar su di­ne­ro. Son com­pras le­ga­les y au­to­ri­za­das, tan­to co­mo si su hi­jo le co­ge 50 eu­ros de la car­te­ra y va a la tien­da más cer­ca­na a gas­tar­los en go­lo­si­nas.

Si no son co­fres, o lla­ves que los abren; son me­jo­ras pa­ra avan­zar en el jue­go o ar­mas pa­ra los per­so­na­jes. Mi­cro­pa­gos. La nue­va for­ma de ha­cer di­ne­ro en la in­dus­tria. Ado­ra­da por las com­pa­ñías, til­da­da de es­ta­fa y pe­li­gro­sa por la co­mu­ni­dad de ju­ga­do­res. ¿Pa­ra qué sa­car un jue­go com­ple­to si pue­do ven­der un 90% del mis­mo y lue­go, en fas­cícu­los, lo res­tan­te? Ahí ha­bla­ría­mos de DLC’s, que son ex­ten­sio­nes, y que no ne­ce­sa­ria­men­te se iden­ti­fi­can co­mo mi­cro­pa­gos; pe­ro to­do se en­glo­ba en una bur­bu­ja con for­ma de eu­ro que no pa­re­ce de­jar de in­flar­se.

El pa­sa­do di­ciem­bre un crío de ca­tor­ce años se gas­tó to­do el suel­do de su ma­dre, in­clu­yen­do lo ga­na­do gra­cias a las ho­ras ex­tra, en el

FI­FA 18 de PS4. El mu­cha­cho ha­bía com­pra­do bo­ni­fi­ca­cio­nes pa­ra avan­zar más rá­pi­do. Se­gún él pe­que­ño no es­ta­ba cla­ro que eran de pa­go (sí se avi­sa, cons­te). Al uti­li­zar la tien­da en lí­nea de Sony pa­ra ad­qui­rir el tí­tu­lo, los da­tos de la tar­je­ta fi­gu­ra­ban en el per­fil de la con­so­la. No hu­bo que in­tro­du­cir nin­gu­na cla­ve más. So­lo acep­tar.

Sony no de­vol­vió el di­ne­ro a la ma­dre. Las com­pras fue­ron to­tal­men­te le­ga­les, y no ha­bía ma­ne­ra de de­mos­trar que no fue­ra un adul­to el que las ha­bía he­cho. Por otra par­te, la ma­dre tam­po­co ha­bía qui­ta­do los da­tos de su tar­je­ta del per­fil pa­ra evi­tar nue­vas com­pras sin su co­no­ci­mien­to. Po­dría pa­sar­le a cual­quie­ra.

Los ju­ga­do­res es­tán cansados. En los úl­ti­mos me­ses va­rios tí­tu­los han vis­to la luz y su lan­za­mien­to se ha vis­to to­tal­men­te em­pa­ña­do por la in­clu­sión en sus có­di­gos de los mi­cro­pa­gos. No son obli­ga­to­rios, ni en

Som­bras de Gue­rra ni en Star Wars Battlefront 2, pe­ro la can­ti­dad de ho­ras que uno de­be in­ver­tir pa­ra des­ve­lar to­do el con­te­ni­do sin in­ver­tir di­ne­ro a ma­yo­res ro­za el ri­dícu­lo. Tan­to, que EA de­ci­dió en el ca­so de Star Wars ba­jar los re­qui­si­tos ini­cia­les. La in­dus­tria ape­la a su uso vo­lun­ta­rio, pe­ro la cuer­da co­mien­za a es­tar de­ma­sia­do ten­sa. ¿Cuán­to va­le un jue­go? ¿Se­sen­ta eu­ros? ¿O cien­to cin­cuen­ta si lo que­re­mos com­ple­to?

UN CRÍO DE 14 AÑOS GAS­TÓ EL SUEL­DO DE SU MA­DRE EN EL FI­FA 18

ILUS­TRA­CIÓN: MA­RÍA PE­DRE­DA

Di­ne­ro de uso vir­tual En el mer­ca­do de Steam uno pue­de com­prar ob­je­tos ya usa­dos por otros ju­ga­do­res (en ca­da transac­ción una par­te se la que­da la em­pre­sa). Una vez que en­tra el di­ne­ro no pue­de re­con­ver­tir­se en mo­ne­das reales, por lo que es­tá des­ti­na­do a uso vir­tual.

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