Na­ce en Di­na­mar­ca el tu­ris­mo 2.0

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD - Cris­tó­bal Ra­mí­rez

En Di­na­mar­ca los ciu­da­da­nos sa­lie­ron a la ca­lle el úl­ti­mo día del año. Lo hi­cie­ron des­pués de ver a su rei­na en te­le­vi­sión, dis­pues­tos a en­cen­der ho­gue­ras pa­ra char­lar al­re­de­dor de ellas y be­ber más de lo ha­bi­tual. Una tra­di­ción. Lo que en ese mis­mo mo­men­to de­ja­ba de ser tra­di­ción era pa­gar con mo­ne­das o bi­lle­tes, al­go que en la vi­da dia­ria ha­bía des­apa­re­ci­do me­ses atrás (ver Mer­ca­dos del 7 y 28 de ju­nio del año pa­sa­do).

Por­que, des­de el 1 de es­te mes, ni los ne­go­cios ni los co­mer­cios da­ne­ses es­tán obli­ga­dos a acep­tar pa­gos en efec­ti­vo. Has­ta el 2030 pue­den ha­cer­lo si quie­ren, pla­zo tem­po­ral que se fi­jó pen­san­do en las per­so­nas ma­yo­res con es­ca­sas ha­bi­li­da­des en el ma­ne­jo de los te­lé­fo­nos mó­vi­les, me­dio de pa­go que ca­da vez se im­plan­ta más en­tre los nór­di­cos. Y, por su­pues­to, se ad­mi­ten tar­je­tas de cré­di­to.

¿Y EL TU­RIS­MO?

Pues des­de el pun­to de vis­ta tu­rís­ti­co hay dos as­pec­tos a con­si­de­rar. Por una par­te, los pro­pios da­ne­ses que sa­len al ex­tran­je­ro, y por otra los ciu­da­da­nos del res­to del mundo que se lle­gan a ese país.

Pa­ra los pri­me­ros se ofre­cen dos so­lu­cio­nes, y una de ellas la pro­mo­cio­nan con ahín­co las en­ti­da­des ban­ca­rias es­pa­ño­las: que abran una cuen­ta. Pien­san en los re­si­den­tes en Es­pa­ña o en los que pasan de ma­ne­ra re­pe­ti­ti­va aquí sus va­ca­cio­nes. Pe­ro aquel que va es­po­rá­di­ca­men­te a un lu­gar don­de no es­té muy ex­ten­di­do el uso de tar­je­tas o de pa­go por mó­vil ten­drá que em­plear la so­lu­ción dos: ha­cer fren­te al cos­to de re­ti­ra­da en efec­ti­vo con su di­ne­ro de plás­ti­co. Y es que a pe­sar de que en el 2014 se lle­va­ron a ca­bo 417 bi­llo­nes de pa­gos elec­tró­ni­cos, y en au­men­to, el abono por ta­les mé­to­dos es­tá muy li­mi­ta­do en la ma­yo­ría del pla­ne­ta.

¿Y pa­ra quien va a Di­na­mar­ca? Pues a ar­mar­se de tar­je­tas, com­pro­bar an­tes el lí­mi­te de cré­di­to y, si es po­si­ble, lle­var­se una apli­ca­ción en el mó­vil que al me­nos per­mi­ta sa­lir del apu­ro en ca­so de ex­tra­vío o ro­bo. Uno de esos ro­bos —su hi­jo fue atra­ca­do en ple­na ca­lle— con­vir­tió al sue­co Björn Ul­vaeus en el icono de la pro­mo­ción del pa­go elec­tró­ni­co. Y así, en Es­to­col­mo el Mu­seo de Ab­ba, gru­po al que per­te­ne­ció Ul­vaeus, fue de los pri­me­ros en re­cha­zar mo­ne­das y bi­lle­tes en una na­ción don­de más del 80 % de los do­na­ti­vos en las igle­sias se ha­cen por me­dios elec­tró­ni­cos.

No se ha de­tec­ta­do reac­ción to­da­vía en el con­su­mi­dor es­pa­ñol, por lo ge­ne­ral po­co acos­tum­bra­do a no lle­var di­ne­ro en efec­ti­vo. Tam­po­co exis­te —o no se ha pu­bli­ca­do— un per­fil del via­je­ro a los nór­di­cos, aunque, por el cos­te por lo ge­ne­ral ele­va­do en lle­gar­se has­ta allí, así como de las be­bi­das y los ho­te­les, to­do apun­ta a que el tu­ris­ta es como mí­ni­mo de me­dia­na edad, con fuer­te pre­sen­cia de ju­bi­la­dos o per­so­nas a pun­to de ser­lo con al­to po­der ad­qui­si­ti­vo. En el otro la­do de la ba­lan­za, tan­to la co­mi­da como los al­qui­le­res se­ma­na­les de una vi­vien­da son igua­les o más ba­jos que en Es­pa­ña. De­pen­dien­do de dón­de es­té, un bun­ga­ló en la pri­me­ra quin­ce­na de ju­lio es más ba­ra­to que en As­tu­rias y ya no di­ga­mos que en Ca­na­rias. Pe­ro pa­gue por ade­lan­ta­do… por In­ter­net.

| C.R.

Los da­ne­ses pa­gan to­do con tar­je­ta o a tra­vés del mó­vil

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